En la Asamblea del 1 de abril, el primer mandatario salteño hará la presentación oficial de su proyecto de Reforma de la Constitución. Sáenz tiene como costumbre utilizar el discurso de apertura de sesiones para lanzar allí sus intenciones, tanto electorales como gubernamentales.

Uno de sus slogans de campaña que más aceptación tuvo en la gente fue el acortamiento de los mandatos de los funcionarios públicos. Un cambio rotulado como necesario para eliminar los vicios que el poder en exceso otorga a quienes les toque ejercerlo.
A respecto, el senador y exgobernador Romero tuvo expresiones de beneplácito en redes sociales, considerándolo “una buena noticia”.
“Muy buena noticia que @GustavoSaenzOK envíe el proyecto de reforma Constitucional. El límite a los mandatos, a la reelección indefinida y más independencia de la Justicia son parte de una propuesta que compartimos desde 2014. Un gran paso del Gobernador por mejor institucionalidad”, se animó a mandar por Twitter el ex gobernador que, paradójicamente, estuviera al frente de la Provincia entre 1995 y 2007, gracias a la Reforma que un homónimo suyo –JCR- impulsara para lograr un tercer mandato.
Las candidaturas de siempre, los mandatos interminables y las dobles candidaturas para asegurarse algún puesto dentro de los poderes del Estado, son temas que se incluirán en el proyecto. En el de Sáenz.

La última será la primera

La última reforma constitucional que vivió Salta fue allá por 2003. Pedida por el entonces gobernador Juan Carlos Romero para cambiar el artículo 140, dejando habilitado al primer mandatario a un tercer período consecutivo al frente de la Provincia.
El 22 de mayo de 2003 el Poder legislativo declaró “la necesidad” de modificar el artículo 140. La oposición rechazó de plano esta iniciativa por considerarla «actitud patoteril» por el método empleado para introducir el tema en la Cámara de Diputados. Con quórum propio el PJ aprobó la ley 7232 sin la presencia de los partidos Renovador y Obrero.
El Partido Renovador de Salta se opuso desde el inicio a la reforma de la Constitución. Su titular, el entonces diputado nacional Julio César Loutaif, rechazó que «este intento de poder hegemónico en la provincia” se intentara consumar. “Estos liderazgos mesiánicos que piensan que uno y solo uno es capaz de gobernar una provincia», resumió hace 17 años. Loutaif cuestionó la intención de «reforma entre gallos y medianoche» y explicó que el retiro del bloque fue porque no se quiso convalidar «esta actitud de algunos trasnochados que creen que la Constitución puede ser un traje a medida de alguien».
Por aquellos meses, otro tocayo de Juan Carlos Romero se había presentado como vicepresidente de Carlos Menem. En ese momento no sólo negaba cualquier atisbo de una posible re reelección, sino que lo gritaba a viva voz en los medios. «De eso (la posibilidad de su reelección en Salta) ni se habla», se lo escuchó decir en todo el país a través del programa Hora Clave de Mariano Grondona.
Sin embargo, al merituar esta recontra re presentación para el Ejecutivo provincial llevó al primero de los Juan Carlos Romero´s mencionados a adoptar un ánimo más reflexivo. Y, en efecto, fundamentó que “concluida la campaña electoral (por la Presidencia de la nación) se hizo un análisis y senadores, diputados y muchos intendentes me hacen esta propuesta y yo la acepté con la única condición de que sea la gente la que decida».
Este santiguado ante el altar de la voluntad popular tuvo como epílogo el ulterior llamado a elección de convencionales constituyentes con un solo objetivo: la reforma del artículo 140, único escollo para un nuevo encuentro entre aquel dirigente y las masas ansiosas por sufragar.

Cuestión formal en medio

Lo que sucedía era que el 140 de la Carta Magna provincial, aprobado en la convención de 1998, autorizaba un segundo mandato diciendo que «el gobernador y el vicegobernador duran en sus funciones cuatro años y no pueden ser elegidos más de dos veces consecutivas para desempeñarse como gobernador y vicegobernador de la provincia respectivamente. Con el intervalo de un período pueden ser elegidos nuevamente».
En la Constitución de 1986 quedaba prohibida cualquier reelección, se llamase como fuere. Aunque aquellos convencionales ochentistas no contaban con su émulos de 2003, quienes aprobaron la reforma del artículo 140, y habilitaron otra “untadita” de Juan Carlos Romero a un tercer mandato. La votación se llevó adelante sin la presencia de los convencionales de la oposición -19 del Frente Unidos por Salta y tres del Partido Obrero- quienes se retiraron del recinto. «Es bueno que la minoría acepte su condición y si quiere ser mayoría que convenzan a la gente de que tienen un programa y que tienen una propuesta. Cuando fueron gobierno, fueron un desastre», dijo exultante Romero.
En noviembre de ese mismo año, Salta confirmó a un Juan Carlos Romero algo más cano que los dos anteriores, en un tercer período. Esto llevó a la conjetura fácil que la provincia es casi propiedad de la familia Romero que, de 20 años de democracia, tuvo 16 abriles en manos de contertulios de la misma mesa familiar (si se contabilizan los 4 de Roberto Romero).
Juan Carlos Romero fue elegido gobernador en 1995. Obtuvo su reelección en 1999. Y luego de una reforma casi forzada logró su tercer mandato en 2003, con la reforma del controvertido artículo 140, sujeto a dos posturas: el oficialismo entendió que eran tres los períodos y que Romero estaba habilitado a uno más. El resto de las fuerzas entendía que se trataba de dos mandatos seguidos y siempre se opusieron a la siguiente reelección de Juan Carlos Romero.
Así lo indica la reseña de la décima reforma de la Constitución provincial, redactada por primera vez el 9 de agosto de 1821 y modificada en 1855, 1875, 1882, 1888, 1906, 1929, 1949, 1986, 1998 y finalmente en 2003. Lo que continuará en un par de meses más. (N.J.)