Mientras se espera el informe de la Auditoría de la Provincia sobre los manejos de la Fundación Trabajo y Solidaridad, la patota de Eduardo Abel Ramos amenaza y agrede demostrando que los nervios están ganando al entorno del diputado. (Gonzalo Teruel)

Hace casi 3 meses Cuarto Poder iniciaba una nota con un dicho popular: A todo chancho le llega su San Martín. La ocurrencia era la mejor forma de contar que después de 2 décadas de incuestionable influencia en el sistema de salud, Eduardo Abel Ramos enfrentaba su hora más difícil por la salida a superficie de oscuros manejos políticos y económicos.

Pasaron los días y ahora, según parece, San Martín está llegando y el chancho está nervioso. El conflicto con los empleados de la Fundación Trabajo y Solidaridad ganó intensidad y obligó al poder político a exigir respuestas a Ramos. Fiel a su estilo, el diputado/sindicalista/empresario intentó ningunear el reclamo y amedrentar a los revoltosos. No lo consiguió. La protesta lleva más de un mes y ganó espacio en la consideración de las autoridades del Hospital San Bernardo, el mismísimo Ministerio de Salud y de la Legislatura.

Esta semana, además, se confirmó que el próximo 17 de noviembre se conocerá un informe elaborado por la Auditoría General de la Provincia en Trabajo y Solidaridad. Se espera que el documento revele inexplicables movimientos de dinero e irregularidades varias con los contratos de los empleados de la fundación. Si bien la Auditoría notificó a Trabajo y Solidaridad del informe preliminar para que pueda ser respondido a modo de defensa, Ramos está nervioso. Sus adláteres también y, por eso, intentaron mostrar todo su poder en los últimos días dificultando las actividades del San Bernardo y amenazando con volver inviable la gestión de Hugo Sarmiento Villa al frente del nosocomio.

En efecto, en una reunión en la que el médico advirtió que de no levantarse la huelga en Trabajo y Solidaridad tendría que rescindirle el contrato para garantizar la limpieza y el mantenimiento del hospital, Sergio Dazzi y Raúl Torres, miembros del directorio de ATSa y principales alcahuetes de Ramos, verbalizaron la amenaza. Sarmiento Villa intentó bajar el tenor del escándalo y dijo que “no fue personal” pero ya había conformado las amenazas en diálogo con la prensa.

Las advertencias de Dazzi y Torres no sirvieron para amilanar a los trabajadores en protesta y, entonces, la “Patota de Ramos” -como la llaman por lo bajo en los pasillos de los hospitales salteños- pasó a los hechos. La víctima: Jorge Puca, un empleado de Trabajo y Solidaridad que participa de la huelga.

El miércoles, cerca del mediodía, Puca abandonó la puerta del San Bernardo para comprar en un almacén vecino alguna cosa que le estaba faltando a la olla popular. Antes que pudiera volver fue interceptado por Sebastián Ramos, hijo de Eduardo Abel, que le propinó una tremenda paliza. El malogrado Puca debió ser hospitalizado con traumatismo encéfalocraneano, hematomas y escoriaciones múltiples y estuvo varias horas internado, vaya paradoja, en el propio San Bernardo.

No es la primera vez que Sebastián “el Cuchi” Ramos es protagonista de una brutal agresión: en agosto se encargó de darle palazos en la espalda a Oscar Maidana, empleado hoy expulsado de Trabajo y Solidaridad. Peor aún, horas después de la agresión a Puca, Arnaldo, otro de los hijos de Ramos, llamó telefónicamente al periodista Martín Grande para “advertirle” que su hermano está fuera de sí. Según reveló el periodista, la intención de “el Cuchi” es “cortarle la lengua”.

Las amenazas y agresiones que sufrieron Sarmiento Villa, los que se animaron a protestar contra las condiciones laborales en Trabajo y Solidaridad, y la prensa, revelan que Ramos está nervioso. Según parece, su San Martín está llegando…