Aunque las estadísticas mundiales describen que el contagio afecta más a hombres que mujeres, ellas son señaladas como las “primeras respondientes” en la lucha contra el brote pues siguen siendo las principales encargadas del trabajo de cuidados no remunerado, un fenómeno que se profundiza en tiempos de crisis. (Por Andrea Sztychmasjter)  

Las estadísticas mundiales describen que es mayor el porcentaje de contagiados hombres que de mujeres y en países de todo el mundo las cifras se asimilan. El 52% de las personas que se infectan son hombres y la medida de edad de todos los afectados se sitúa en torno a los 51 años.

Un estudio elaborado por tres investigadoras británicas y publicado el 6 de marzo en la revista científica Lancet pone el foco en el impacto de género en el contagio del COVID-19 y concluye que mientras los riesgos en los hombres se asocian más a cuestiones biológicas, y algunos países a mayor consumo de tabaco, en el caso de las mujeres el peligro de afección se vincula a los roles tradicionales de género y la feminización de las tareas de cuidados. Un dato que, a juicio de las autoras del artículo, deber ser tenido en cuenta para abordar la respuesta ante una crisis que la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha elevado a pandemia.

Los efectos de las crisis o de las situaciones de emergencia no son iguales para mujeres y hombres. Por eso, las estrategias para gestionarlas y dar respuesta tienen que tener en cuenta las dimensiones de género. Esta afirmación es la base del informe “Covid-19 en América Latina y el Caribe: cómo incorporar a las mujeres y la igualdad de género en la gestión de la respuesta a la crisis”, publicado esta semana por ONU Mujeres.

El documento analiza el impacto diferenciado de la emergencia sanitaria por el coronavirus en la vida de las niñas y las mujeres. En ese sentido, asegura que las mujeres son “imprescindibles en la lucha contra el brote” al ser las “primeras respondientes, trabajadoras y profesionales sanitarias, voluntarias comunitarias y cuidadoras”. Sin embargo, son también las más afectadas por la crisis, y de manera “desproporcionada”, ya que al estar en la primera línea de la respuesta asumen “mayores costos físicos y emocionales, así como un mayor riesgo de infección”.

Para el caso de las trabajadoras de la sanidad,  la enfermería es de una de las “ocupaciones del cuidado”. En este contexto, tiene la particularidad de ser la actividad con más alto nivel de feminización (85% de mujeres) y mayor carga de cuidado directo en sus tareas. Otro ejemplo que da cuenta de la labor de las mujeres en el área de la salud en Argentina lo tiene el Instituto Malbrán, único lugar en el país donde actualmente se controlan todas las enfermedades infectocontagiosas. Once personas sostienen el laboratorio encargado del Covid-19, la mayoría de ellas son mujeres.

Además de estas ocupaciones, las mujeres siguen siendo las principales encargadas del trabajo de cuidados no remunerado, un fenómeno que se profundiza en tiempos de crisis. “Debido a la saturación de sistemas sanitarios y al cierre de las escuelas, las tareas de cuidados recaen mayoritariamente en las mujeres, quienes, por lo general, tienen la responsabilidad de atender a familiares enfermos, personas mayores y a niños y niñas”, asegura ONU Mujeres. Esto deriva en que la capacidad para conseguir sus medios de subsistencia “se ve altamente afectada”.

Por otro lado, la organización alerta sobre el aumento de los riesgos de violencia doméstica contra las mujeres y las niñas “debido al aumento de las tensiones en el hogar” durante el encierro en las casas –obligatorio o voluntario- para evitar la propagación del virus. “Las personas sobrevivientes de violencia pueden enfrentar obstáculos adicionales para huir de situaciones violentas o para acceder a órdenes de protección y/o servicios esenciales que pueden salvar vidas, debido a factores como las restricciones de la circulación o la cuarentena. El impacto económico de la pandemia puede generar barreras adicionales para dejar una pareja violenta, así como mayor riesgo de explotación sexual”, señala el informe.

En Argentina campañas de difusión para recordar que la línea 144 de atención en violencia de género atiende las 24 horas en todo el país y que pueden llamar personas testigos de situaciones de peligro y más personal para sostener la demanda de llamadas son algunos de los recursos que están activando el Ministerio de las Mujeres nacional para acompañar a mujeres en situación de violencia que debido a la crisis por el coronavirus deben permanecer en sus casas, muchas de ellas, conviviendo con el violento.

La posibilidad de que estas situaciones se multipliquen es todavía mayor en las mujeres y niñas migrantes, que además corren el riesgo de ser capturadas por redes de trata, especialmente en un contexto de restricciones de viaje internas y externas, dificultades de acceso a servicios de salud y medicamentos, y falta de documentación.

Una respuesta efectiva a todas estas problemáticas “requiere reflejar las dinámicas de género”. Pero ¿cómo hacerlo? ONU Mujeres enumera algunas recomendaciones para los gobiernos:

  1. Asegurar la disponibilidad de datos desagregados por sexo y el análisis de género, incluyendo las tasas diferenciadas de infección, impactos económicos y en la carga de cuidado, barreras de acceso de mujeres, e incidencia de violencias doméstica y sexual.
  2. Destinar recursos suficientes para responder a las necesidades de las mujeres y niñas, que deben ser consideradas de manera diferenciada.
  3. Implicar a las mujeres en todas las fases de la respuesta y en la toma de decisiones nacionales y locales, especialmente a grupos que están recibiendo mayormente el impacto de las crisis, como las trabajadoras del sector sanitario, trabajadoras domésticas y del sector informal, así como mujeres migrantes y refugiadas.
  4. Asegurar la atención de las necesidades inmediatas de las mujeres que trabajan en el sector sanitario. Mejorar el acceso de las trabajadoras sanitarias a la información, a los equipos de protección personal y a los productos de higiene menstrual, y promover modalidades de trabajo flexibles.
  5. Impulsar consultas directas con organizaciones de mujeres sobre la situación de las mujeres, en particular sus necesidades y las medidas adecuadas para enfrentar la pandemia, asegurando que sus opiniones, intereses, contribuciones y propuestas sean incorporadas en la respuesta.
  6. Los mensajes de salud pública deben llegar a las mujeres en su diversidad y abordar las necesidades de las mujeres en sus diferentes roles, especialmente la información sobre promoción, prevención, mitigación e higiene. También es clave aumentar las capacidades de las organizaciones de mujeres para desarrollar estrategias, aprovechar canales alternativos de comunicación y mejorar la identificación y apoyo a nivel comunitario en casos de violencia contra las mujeres.
  7. Adoptar medidas para aliviar la carga de las estructuras de atención sanitaria primaria y garantizar el acceso a los servicios de salud sexual y reproductiva, incluida la atención sanitaria prenatal y posnatal.
  8. Adoptar medidas directas de compensación a trabajadoras informales, incluyendo trabajadoras sanitarias, domésticas, migrantes y de los sectores más afectados por la pandemia, a fin de que sea posible mantener la generación de ingresos y los medios de subsistencia de las mujeres más afectadas.
  9. Impulsar medidas de política que permitan reconocer, reducir y redistribuir la sobrecarga de trabajo no remunerado que se produce al interior de los hogares por cuidados de salud y cuidado de niñas, niños, personas mayores y personas con discapacidad, y que es absorbida mayoritariamente por las mujeres.
  10. Promover estrategias específicas de empoderamiento y recuperación económica de las mujeres, considerando programas de transferencias monetarias, para mitigar el impacto del brote y sus medidas de contención, incluido el apoyo para que se recuperen y puedan desarrollar resiliencia para futuras crisis.
  11. Adoptar medidas que permitan asegurar el acceso de mujeres migrantes y refugiadas a servicios de salud, empleo, alimentación e información, mitigar los riesgos de protección con especial atención a la violencia de género y la trata de mujeres y niñas, y fomentar la cohesión social.
  12. Dar prioridad a los servicios básicos multisectoriales esenciales, incluidos los servicios sociales, de alimentación y de salud, así como medidas adecuadas para el manejo digno de la higiene menstrual.
  13. Asegurar la continuidad de servicios esenciales para responder a la violencia contra las mujeres y niñas, desarrollar nuevas modalidades de brindar servicios en el contexto actual y aumentar el apoyo a organizaciones especializadas de mujeres para brindar servicios de apoyo a nivel local y territorial.
  14. Tener en cuenta las necesidades diferentes de las mujeres y los hombres en los esfuerzos de recuperación a mediano y largo plazo. Desarrollar estrategias centradas en las mujeres, para fomentar resiliencia e impulsar mecanismos para la generación de ingresos y medios de vida sostenible, reconociendo el mayor impacto generado en los diferentes grupos de mujeres.

 

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