El principal acusado decidió prestar declaración sin responder consultas de las partes. Criticó  el accionar de la Fiscalía y apuntó contra una de las denunciantes. (Andrea Sztychmasjter)

“Quiero saber que fue de ti”, tarareaba un periodista afuera de la sala de audiencias del salón de grandes juicios donde desde hace dos semanas se lleva a cabo el proceso judicial contra Lautaro Teruel y dos compañeros del prestigioso colegio Salesiano.

Que el hijo de uno de los integrantes del popularmente famoso grupo folclórico Los Nocheros sea juzgado como “cualquier hijo de vecino” no es cosa menor. Lo saben sus propios familiares que arremetieron contra la prensa presente en las audiencias indicando cómo se debía cubrir el debate y señalando que las víctimas y denunciantes no eran tales hasta que un fallo judicial así lo determine.

Fue lo que pidieron durante el proceso el defensor de Teruel, Juan Casabella, el abogado de Silvio Rodríguez, Pablo Del Pino y Marcos Gorriti y Elina Linares, defensores de Gonzalo Isaac Farfán. Dijeron que las víctimas debían ser denominadas como “supuestas víctimas”. Mientras que el juez Pablo Farah también se refirió como “supuestas víctimas” a las denunciantes.

Así como se solicita a medios y comunicadores que puedan difundir información de la forma más adecuada, el mismo respeto deber exigirse a abogados y funcionarios judiciales que alejándose de la propia ley no adoptan acciones acordes a todo el articulado jurídico provincial, nacional, internacional al que Argentina está adherida cuando de prevención de la violencia de género se habla.

Basta citar como ejemplo el artículo 3 de la Ley 27372 de Garantías y derechos de las víctimas de delitos que referencia a la “No revictimización: la víctima no será tratada como responsable del hecho sufrido, y las molestias que le ocasione el proceso penal se limitarán a las estrictamente imprescindibles”.

Durante este juicio ese respeto a la no revictimización no sucedió toda ocasión que los defensores de los imputados quisieron indagar en aspectos morales de las denunciantes.

Arrepentido y apuntó contra una de las víctimas

Lautaro Teruel decidió prestar declaración sin responder preguntas. Fue así que decidió dar su versión de los hechos de los que dijo se encontraba arrepentido. El arrepentimiento al joven le vino luego que una de sus denunciantes decidiera contar lo que le había pasado de forma pública. Según los audios difundidos, después de esa publicación el joven tomó conciencia de otros abusos que había realizado.

Con respecto a la primera denuncia, referida a abusos cometidos contra I. J. A. (menor de edad al momento de los hechos), el acusado manifestó: “Reconocí los hechos desde el primer instante ante la fiscalía. Es lo que sale en los audios y lo que le reconocí a mis viejos y a la psicóloga, con todo el dolor del mundo”.

“Estoy arrepentido por lo que fui en ese momento. Sé quién soy ahora y quién no quiero ser el día de mañana. Mi intención siempre fue remediar algo que hice y estuvo mal”, expresó. Afirmó que se viene “haciendo cargo” desde hace dos años y medio porque es algo que le “pesa en la conciencia”.

En cuanto al otro abuso denunciado por P. F. G., señaló que “los hechos sucedieron como los relató Silvio Rodríguez”, el coimputado. “Nunca fue mi intención abusarme ni de ella ni de su estado. Nunca la vi mal, nunca tuve una percepción mala de lo que sucedió”, manifestó. Dijo que entre él y P. F. G. nunca hubo onda y que lo que ocurrió esa noche “fue casual en consentimiento”.

Lautaro Teruel además se refirió a cuándo la víctima se presentó a prestar declaración, asegurando que la joven no se descompuso porque estaba mal sino porque tenía que mentir a sus amigos.

El imputado además desligó de toda responsabilidad al otro imputado Gonzalo Farfán: “El no tiene nada que ver”, señaló.

Teruel refirió además: “Asumo que me tiré un lance. Yo toqué la puerta, pedí permiso para entrar y los dos aceptaron”, sostuvo Teruel, en referencia a la denunciante y a su amigo, Silvio Rodríguez.

El imputado dijo lamentar mucho que “P. F. G., sus hermanos y su mamá y todo su entorno se hayan formado una imagen tan espantosa” de él y sus amigos.

Teruel refirió luego que le pareció “extraño y le sorprendió el descargo que la denunciante hizo en Facebook”, sobre todo porque al día siguiente ella concurrió a su casa para compartir una “pileteada”.

Contra el paraguayo

Teruel también quiso “dejar en claro el tema de la marihuana”. Dijo que “es una cosa muy privada y muy íntima” de su familia. “Hace siete años mi papá lo hizo público”, comentó. Aseguró que la noche del hecho, P. F. G. no fumó marihuana y describió que conoce del tema:

“Se que dos secas de flores causa el mismo efecto que si te fumás un porro completo de paraguayo. Con la única diferencia que las flores no te dejan resaca, no te hacen doler la cabeza y no te destrozan el cerebro como lo hace el paraguayo”.

“Desde los 19 años sé que el alcohol y la marihuana no van de la mano. Si yo la vi alcoholizada jamás se me hubiese ocurrido darle marihuana”, afirmó.

“La pegada del porro es solamente relejante o si lo quieren tomar como sacarte de algunos momentos o problemas que uno tiene, te saca de ahí”, ejemplificó el joven que se mostró como experto en el tema al tiempo que se dirigió directamente al fiscal:

“Por eso me gustaría señor fiscal que así como se tomó dos años y medio para investigar todo esto, se tome 20 minutitos para investigar sobre la marihuana, porque está en todas partes. Me parece que está haciendo muchas apreciaciones muy prejuiciosas”.

Apuntó contra 4 personas

 “Me gustaría hacer mención de cuatro personas que pienso, creo y que confirme en estos momentos que hicieron tanto o más daño en toda esta situación que son Verónica Gimenez, (mamá de una de las víctimas) el fiscal Federico Obeid, su secretaria la señora Roxana Durán y el abogado Santiago Pedroza” dijo al culminar su declaración sin preguntas.

Está previsto que el martes de la próxima semana se incorpore la prueba reunida y, eventualmente, declararía el acusado Farfán. El jueves 14 de octubre se producirán los alegatos.

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