En el marco de una jornada de cine que contó con la participación de un ex detenido-desaparecido que huyó de un Centro Clandestino de detención de la dictadura, Tupac Puggioni anunció que el peronismo de izquierda articulará una propuesta con vocación de poder en la capital salteña. (D.A.)

Que Tupac Puggioni sea un obsesionado de la Memoria se entiende perfectamente. Su padre Aníbal fue secuestrado en Palermo por la “Triple A”. Luego su cuerpo apareció en el Riachuelo con las manos atadas, el rostro mutilado y víctima de disparos. Era de Tandil pero durante un viaje al norte, conoció a la salteña Gladis Porcel con quien, en 1970, tuvo a Tupac.

Aníbal y Gladis militaban en el Frente Revolucionario Peronista, una agrupación con algunos referentes locales y cierta presencia en el norte argentino y que fue una de las primeras organizaciones salteñas golpeadas por la represión ilegal. De entre esos militantes eran, por ejemplo, la estudiante desaparecida de la U.N.Sa. Hilda Yolanda Cardozo; o el militante Alfredo “Ruso” Mattioli, asesinado en Rosario de Lerma.

Cercada por la represión, Gladis Porcel dejó la provincia y partió a Buenos Aires para residir con otros militantes en una casa de la localidad de Moreno. Allí llegaba regularmente su madre Hortencia, una ex diputada peronista que regularmente llevaba a sus nietos Tupac y Fidel para que compartieran días con su madre. A Tupac le tocó el turno trágico de octubre del 76, cuando un operativo lo dejo sin su madre, que por ese tiempo estaba en el quinto mes de embarazo. Ex detenidos aseguran haberla visto en “El Vesubio”, el centro clandestino de La Matanza controlado por la Fuerza Aérea. Los mismos testimonios aseguran que habría salido de allí en enero del 77 para dar a luz a un hijo/a del que los familiares nada saben. La suerte de Gladis, en cambio, se adivina implacablemente fácil.

Esa historia explica el por qué Tupac Puggioni sigue comprometido en su lucha contra el olvido. De allí que el jueves pasado, en el Club Villa 20 de Febrero del cual el mismo Tupac es presidente, una jornada de cine contara con la participación de Carlos Alberto García, el ex detenido-desaparecido que logró escaparse del centro clandestino “Mansión Seré” y que inspiró la película “Crónica de una fuga” del Director Israel Adrián Caetano.

Allí, en la misma barriada en donde el Frente Peronista Revolucionario desarrolló su trabajo territorial en los 70, Carlos García, Tupac Puggioni y el referente nacional de la Agrupación Descamisados, Fernando Abal Medina, debatieron sobre aquellos años y los desafíos del presente.

En un alto de la jornada, Puggioni habló con Cuarto Poder sobre el presente y futuro político que él sintetizo de esta manera: “Debemos trabajar con determinación para que en la capital provincial resurja un peronismo que levante las banderas de una transformación social genuina. Un peronismo que resuelva con las herramientas de los nuevos tiempos los problemas viejos que nos aquejan como provincia: la existencia de un Estado controlado por una oligarquía que creíamos perimida pero que sigue diseñando una Salta que excluye a los sectores populares que se han vuelto extranjeros en su propia tierra”.

Cuando Puggioni dice “debemos”, hace alusión a ese colectivo que llenó el salón del centro vecinal: académicos universitarios, profesionales y vecinos de la barriada que incluye a viejos militantes peronistas con otros no tan viejos y que en muchos casos se reivindican como simpatizantes “K” sin necesariamente sentirse justicialistas. Para Puggioni la heterogeneidad no es tal, porque prefiere enfatizar en otra cosa: “El kirchnerismo ha logrado que la gente revalorice al Estado y la política. Eso tuvo como consecuencia la propia revalorización de la militancia, algo que durante mucho tiempo fue una palabra que describía a muy pocas personas. Ahora no. Los jóvenes y los viejos que militan son muchos y se caracterizan por tener un tipo de conducta por la cual las personas se valoran a sí mismas según el grado de compromiso con el conjunto y porque no se detienen sólo a demandar derechos individuales, sino derechos que alcanzan al conjunto”.

Aunque no lo dice, algunas certezas atraviesan a este empresario que no disimula su orgullo por haber transformado un lugar abandonado como la calle Balcarce en los 90´, en el corredor turístico que ahora es: la certeza de que aún cuando la polémica envuelve al kirchnerismo, el proceso inaugurado en el año 2003 sintetizó los valores de justicia, bien y verdad.

También parece estar seguro de que su figura puede seguir aportando a la posibilidad de nuclear a un kirchnerismo provincial que muchas veces, inorgánico y sin militancia partidaria, puede confluir en una fuerza que permita tener representación parlamentaria y un mayor número de cuadros políticos y técnicos que doten a la izquierda de algo que el Partido Obrero, dice él, desaprovecha: “logros parlamentarios en serio que demuestren a los salteños que la izquierda es capaz de impulsar medidas que la dejen bien parada frente a los sectores conservadores. El PO dice tener vocación de Poder pero no la tiene. Sólo así se explica que a pesar de contar con concejales, diputados, docenas de cargos rentados para asesores y tantas otras ventajas, no ha logrado casi nada. Es una izquierda inofensiva y por ello el sistema la deja crecer. Por eso mismo esa izquierda se parece tanto a la derecha cuando critica al gobierno nacional. La derecha porque se ve afectada en sus intereses. La izquierda porque los gobiernos populares dejan en evidencia que esa izquierda es lo que Fermín Chávez decía de ella: una máquina de plantear discusiones abstractas que lo único que les permite es desatenderse de los problemas concretos de los salteños”.

Para provocarlo Cuarto Poder le recuerda que fue una ley del kirchnerismo la que obstaculizó su propia participación electoral en un 2011 cuando, presentándose como genuino representante “K”, corría con la ventaja de un “cristinismo” en alza que luego llegó al 54% de los votos. Puggioni sabe que le hablamos de la denominada “Nueva Ley de Partidos Políticos” aprobada por el kirchnerismo a fines de 2009 y que terminó por excluir a 206 partidos de las elecciones del 2011 por no cumplir con dos requisitos excluyentes: los cuatro mil afiliados al padrón y el no haber llegado al piso del 2% de los votos en las últimas dos elecciones. Pero Puggioni tiene la respuesta para la pregunta incómoda. Insiste en que fue un proscripto de Urtubey, aunque complementa su respuesta con un argumento más creíble al señalar que esa ley tan criticada en su momento implicó más democracia por permitir a los partidos chicos “un nivel de exposición publicitaria que les posibilitó competir en mejores condiciones con los partidos grandes. De todos modos es cierto que aquello nos afectó, aunque también que la militancia primó como siempre. No dejamos ni dejé de hacer lo de siempre. Además de mi actividad empresarial me dediqué a este centro vecinal que se hizo conocido porque acá se desarrollaron las asambleas de los docentes pero que ganó prestigio por lo que hicimos antes. Este club volvió a ser un lugar en donde el contacto con el otro vecino es cara a cara. Un club vecinal que se ha vuelto un lugar de encuentro y que se anima a dar respuestas concretas a los vecinos. Tenemos ahora cancha nueva. Salimos tres veces campeón de la liga de básquet y estamos jugando la Liga Nacional. Estamos desarrollando la Escuela de Artes y Oficios. Entre boxeo, vóley y básquet contenemos cerca de 400 pibes. Hemos inaugurado una Biblioteca Popular que lleva el nombre de Miguel Ragone y también inauguramos el jardincito ´Dientes Flojos´ para niños de entre 3 y 4 años. Todo eso lo hacemos a pulmón, pero con ideas y vocación de llegar para transformar. Y eso es lo que queremos hacer en política: llegar para transformar. Para eso hemos empezado a organizarnos”.

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