Frente a la puerta de la Casa Rosada, el gobernador de Salta, Gustavo Sáenz, dejó claro que no fue a buscar fotos, abrazos ni cenas con el poder. Su mensaje fue directo: “No quiero comer milanesas con Milei ni discutir con Espert. Quiero que se hagan las obras”. Y así, entre bombos, una carpa improvisada y una guitarra, exigió lo que considera justo: el cumplimiento de las obras públicas prometidas y postergadas una y otra vez en su provincia.
Sáenz no fue a protestar, fue —según sus propias palabras— a cumplir con su palabra. En marzo, el Gobierno nacional había ratificado obras claves en Salta. Desde entonces, todo quedó en el aire. “Nos van pateando”, dijo frente a Balcarce 50, cansado de la inercia burocrática y la falta de compromiso del Ejecutivo nacional.
Una protesta diferente: ni cadenas ni gritos, solo mate, reclamos y música
Lejos de las imágenes tradicionales de protesta, Sáenz eligió otra forma de manifestarse. Con un mate en la mano y acompañado por el músico Facundo Saravia, montó una suerte de “guitarreada institucional” frente a la Casa Rosada. Allí esperó respuestas. Lo acompañaban funcionarios salteños, pero también el hartazgo de una provincia que —como muchas del interior— se siente ignorada en el reparto de prioridades.
El gobernador fue tajante al hablar de la ausencia de gestión nacional y del centralismo porteño: “Estamos todos los días consumiendo los problemas de Buenos Aires. Hay otra Argentina que también espera gestión”.
“Gerentes de la torpeza política”
No escatimó en críticas a la administración libertaria: “Me cansé de hablar. Son los gerentes de la torpeza política. Nos mintieron, nos engañaron y nos siguen corriendo el arco”. Además, denunció la descoordinación total dentro del Ejecutivo nacional: “Hablás con Vialidad y te mandan a Economía; hablás con Economía y te derivan a Transporte. Nadie resuelve nada”.
Y pese a su tono confrontativo, Sáenz recordó que él acompañó el plan de equilibrio fiscal del gobierno de Javier Milei. “Tengo la autoridad moral suficiente para reclamar porque ayudé. Pero no quiero que me mientan ni le mientan a los salteños”.
Un reclamo estructural: las rutas y el olvido
Las obras que reclama Sáenz no son caprichos. Habló de rutas con dos carriles que contrastan con las autopistas iluminadas de Buenos Aires, de caminos que conectan pueblos con necesidades básicas y de ciudadanos que no eligieron nacer con discapacidad pero sí merecen infraestructura digna.
“La gente la está pasando mal. No pedimos limosnas, pedimos lo que nos corresponde. Hay rutas, hospitales, escuelas detenidas. ¿Hasta cuándo vamos a mendigar obras que ya fueron aprobadas?”, preguntó con evidente molestia.
Francos y la banalización del reclamo
En medio del acto, el jefe de Gabinete, Guillermo Francos, bajó a saludar. Minimizado por algunos como “un show”, el reclamo de Sáenz tiene un trasfondo más profundo: el hastío de gobernadores que, pese a mantener el diálogo institucional, ya no toleran las dilaciones, la improvisación ni el ninguneo.
Francos reconoció que estamos en campaña electoral, y que tal vez después de las elecciones se pueda “ver cómo viene la segunda etapa del gobierno”. Pero para Sáenz —y para Salta— la urgencia es ahora.
La política nacional mira a Buenos Aires, el interior mira al olvido
Mientras la agenda política se consume en discusiones sobre renuncias, candidaturas y boletas electorales, provincias como Salta lidian con hospitales sin terminar, rutas inconclusas y escuelas paralizadas. Sáenz, con su estilo particular, vino a recordarlo. Y aunque no se encadenó, su presencia frente a la Casa Rosada fue una cadena simbólica de reclamos que hace tiempo se acumulan.
“Nos hemos portado bien los salteños. Pero ya basta. No me voy a encadenar, pero tengo que volver a Salta con la certeza de que las obras se van a hacer”, concluyó.
No fue una protesta más. Fue un llamado de atención a un gobierno que, en medio de su narrativa de ajuste y superávit, aún le debe respuestas concretas al país que queda más allá de la General Paz.




