Tres referentes originarios aportan su mirada sobre el transcurso de la cuarentena en el chaco salteño, donde las carencias estructurales quedaron reflejadas en la muerte de al menos 25 niños en lo que va del año. (Por Nicolás Bignante)

Desde el lunes 13 de abril, la policía provincial estará facultada a labrar multas de $1000 a quienes circulen por la vía pública sin barbijos o cubrebocas. El interrogante inmediato, luego de conocerse la disposición, fue ¿Cómo se hará efectivo el cumplimiento de la medida, teniendo en cuenta la escasez del producto en farmacias y la falta de acceso a las mismas en comunidades del interior?

Aunque los alcances de la alerta global no pasan inadvertidos en ningún rincón del mundo, la perspectiva originaria escasamente encuentra resonancia en los reductos del pensamiento blanco occidental. Tres referentes de comunidades del norte dialogaron con Cuarto Poder sobre el devenir de la cuarentena en medio de una emergencia sociosanitaria por muertes vinculadas a la malnutrición.

 

Misión Salim: «Nos enferman los finqueros»

 

Leonardo Simplicio es cacique de la comunidad wichí de Misión Salim en Padre Lozano. A la preocupación por la llegada del COVID-19 a su comunidad, se suma el accionar criminal de terratenientes de la zona, a quienes apuntan por los agroquímicos hallados en el agua, entre otras cosas.

«La situación es que seguimos en cuarentena pero lamentablemente nos privan de salir y hay que organizarse un poco. Nosotros la pasamos mal porque toda la gente del norte vive de la caza y no podemos estar en las casas. Tenemos que salir a buscar «changuitas», si no hacemos eso, no comemos», comenta Simplicio.

«La parte económica es muy lamentable porque no tenemos nada. Pasamos el día tomando mate cocido y no estamos contando con agua. Si contaríamos con agua quizás podríamos tener choclos o zapallos. Pero en este caso, no tenemos nada», añade.

Trasladarse de un lugar a otro para abastecerse de alimentos también es una odisea, no sólo por el amedrentamiento policial siempre presente, sino también por la reducción de frecuencias en el transporte público. «La gente se moviliza en motocicletas, pero algunos no tienen moto y tienen que alquilar. El colectivo ya no está pasando, es muy preocupante. Acá hubo problemas con la seguridad. Nos quieren hacer multas, pero ¿qué multa nos van a hacer si no tenemos para pagar?», se lamenta.

La situación sanitaria es todavía más acuciante. Meses atrás se conoció que la única ambulancia que da cobertura a la zona hace base en la ciudad de Embarcación, por lo que las urgencias son atendidas en el  mejor de los casos después de una hora y media de ser reportadas. «La mayoría de los wichís están enfermos. Acá hay chagas, tenemos dengue y el estado no lo tiene en cuenta. Entonces nosotros tenemos nuestros médicos. Cuando yo me enfermo, yo acudo a mi médico, porque para ir a un profesional tenés que sacar turno, tener plata», comenta el cacique.

Para Leonardo, el virus que atemoriza al mundo entero no debería llegar a su comunidad, donde ya coexisten patologías de todo tipo. El nuevo virus tiene, para Simplicio, un claro componente de clase.

«Nosotros sabemos que no es para nosotros la enfermedad. No es para la gente humilde, pobre, que no tenemos ni siquiera remedios, no tenemos para comer, no tenemos agua, no tenemos para pasar el dia. Difícil que llegue a nosotros. Los que traen las enfermedades son los finqueros. Esas personas no aman la vida, les interesa la plata. A nosotros los originarios nos interesa la naturaleza, porque la tierra nos da vida», resumió.

 

Misión La Paz: «incinerar los cuerpos, no queda otra»

 

En Santa Victoria Este, epicentro de la emergencia sociosanitaria, el docente bilingüe Amancio Martínez no esconde su preocupación por la llegada de la pandemia a su comunidad. Junto al intendente Rogelio Nerón llevan un mensaje de prevención a las comunidades, aunque la supervivencia y la alimentación en medio de una economía hostil se imponen como preocupaciones entre las familias originarias.

«El paisano se junta en la iglesia, va a cumpleaños o a jugar al voley y todo eso tuvo que suspenderse. Nosotros junto a los caciques les explicamos que si o si van a tener que usar barbijos. Pero lo que vemos es que la gente, como no tiene trabajo, vive del Pilcomayo, del pescado y del monte. No hay barbijos en Santa Victoria, es muy distinto para la población indígena», relata Martínez.

– ¿Cómo se preparan en caso de tener casos sospechosos?

– Nosotros preparamos una casa equipada con camas por las dudas haya algún paciente y tengamos que aislarlo en ese lugar. Estamos muy preocupados porque vemos los medios nacionales y lo que está pasando en todo el mundo. También hay dos aulas del colegio San Ignacio Loyola que se están preparando por si llega a haber un caso positivo y que necesite aislamiento.

– ¿Y ante la posibilidad de contagios?

– Tenemos que buscar un lugar que va a ser especialmente para incinerar los cuerpos, no queda otra. Porque si los sepultamos, el virus puede quedar y puede haber un rebrote.

– ¿Están pensando en la posibilidad de que haya que cremar cuerpos?

– El intendente está buscando un lugar con el equipo de Obras Públicas. Si llega a haber un caso no lo vamos a llevar al cementerio de Santa Victoria Este. Nosotros tenemos que ser muy cuidadosos en esto. Si en Santa Victoria llega a ocurrir esto, es un caos.

 

Misión Chaqueña: «Si el virus llega nos extermina a todos»

 

Omar Gutiérrez es estudiante de Derecho y reside en Misión Chaqueña, en el departamento San Martín. En su comunidad viven unas 500 familias con dificultades extremas para acceder a agua segura y potable. Para proveerse de alimentos y otros insumos deben trasladarse a Embarcación a unos 50 kilómetros por la ruta 53.

En situaciones normales, hay dos empresas de colectivos que realizan tres viajes por día para trasladar a personas de distintas comunidades. Tras el decreto, las frecuencias se redujeron a una por empresa.

«Hay que mandar un integrante de cada familia y eso no alcanza para dos colectivos. Eso nos complica porque tenemos que ir a la ciudad más cercana que es la localidad de Embarcación para buscar alimentos para abastecernos», detalla Omar.

«Acá los kioscos o negocios chiquitos cierran a las 9 de la noche y normalmente cerraban a las 11. El primer día hubo altercados, porque en los primeros días de aislamiento obligatorio hubo menores que iban a comprar y la policía los llevó», agrega.

La obligatoriedad del uso de barbijos resulta sencillamente impracticable para Gutiérrez. Entre Misión Chaqueña y Carboncito residen 6000 personas, a las que debe atender un sólo médico profesional. Los medicamentos e insumos son enviados por el ministerio de Salud a Embarcación y rara vez llegan al centro asistencial de la comunidad. «Los wichís no vamos a poder cumplir con esa medida por falta de barbijos. No todos tenemos esa posibilidad, creen que pertenecemos a la misma clase social del país. El centro médico de Misión Chaqueña no tiene el equipamiento adecuado para combatir ninguna enfermedad. No hay remedios», explica el joven.

La impotencia del sistema sanitario en la zona quedó en evidencia a comienzos de año, tras la muerte de varios niños por motivos relacionados a la desnutrición. La alerta global irrumpe en ese escenario, desatando todo tipo de interrogantes entre las familias.

«Sabemos cómo se transmite el coronavirus. Y ojalá no nos llegue, porque si llega nos extermina a todos. Ya tenemos deshidratación, mala alimentación, hay personas wichís que tienen tuberculosis, entre otras enfermedades. Imagínense si llega acá, nos morimos todos», concluye Omar.

 

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