HARTOOOOO!

 

Las razones esgrimidas por el juez, son una pequeña muestra del malestar que viene sembrando el gobierno municipal con la Intendenta Romero a la cabeza. No es el único que dice basta. Los de la propia tropa comienzan a comentar por lo bajo, sus deseos de abandonar el barco que no tiene miras de zarpar. Desilusionados y oprimidos. 

 

En la municipalidad, es un secreto a gritos: Trump, Bolsonaro, Bettina Romero. En ese orden.

Y cuando los vecinos demandan, la gestión debe agilizarse para llegar más rápida y eficientemente. Pero esta no parece ser la premisa de la intendenta municipal de la ciudad de Salta, que ha implementado un gobierno dictatorial basado en donde, nada se decide sin su venia.

 

La incapacidad de delegar funciones y trabajar en equipo, le juega en contra a la alcaldesa de la ciudad que, en su ánimo de concentrar poder y desconfiar hasta de su propia sombra, va sembrando detractores entre quienes otrora contaban con la voluntad de asistirla en su primer empleo. En realidad el segundo, ya que anteriormente estuvo “a cargo” de la oficina de acción social nacional de la calle Benito Graña, en donde a su paso, los empleados huían despavoridos para no ser maltratados.

 

En apariencias, su mandato se basa en tres pilares; pero a esta altura la estrategia hace aguas. Sus coordinadores o emprenden viaje a Estados Unidos luego de haberse desempeñado custodiados hasta los dientes para impedir que el sinnúmero de empleados puedan llegar a clamarle por su continuidad laboral, o se quiebran la clavícula circulando en moto , o solamente se pelean por salir en todas las fotos.

 

Desde el malestar por despidos injustos (que el nuevo gobierno denominó reordenamiento), la falta de cumplimiento a la palabra en un supuesto pacto con el ahora gobernador Sáenz para contener  un reducido número de empleados de planta política; hasta el papelón de tener que llamar luego a los “despedidos”, para que vuelvan a trabajar ya que los necesitaban. También el escándalo y cierre, apertura, y cierre, apertura del Hospital de Mascotas; y el conflicto que tuvo en vilo por mas de dos meses con los empleados de Cooperadora Asistencial. Capítulo aparte merece la situación donde la mismísima intendenta Romero fue increpada por una trabajadora, sin que sus inexpertos funcionarios supieran, ni tuvieran siquiera capacidad de reacción, para ofrecerle una salida a semejante trance (salvo la inconveniente actitud de Kripper de fotografiar cual Comandante Nazario a la osada mujer). Hasta la concejal de las hormigas del Huaico, se atrevió a compararla con la Dama de Hierro Margaret Thatcher!

 

Aún así, los mencionados tropiezos (en tan solo dos meses de gestión) no hicieron mella en la férrea voluntad de controlar absolutamente todo, llámese nombramientos de personas de confianza de los funcionarios, planificación laboral, estrategias a seguir, o cualquier movimiento que se intente decidir en cada una de las áreas municipales (casi hasta la compra del papel higiénico).

 

La tiranía de “la reina” (así la llaman en el C.C.M.) ha llegado a tanto, que ya ha comenzado a provocar malestar en quienes tienen algún cargo con poder de decisión. Y no es que se trate de ejercer el poder por sí mismo, sino que los tiempos se dilatan en cada búsqueda de aprobación, y la ciudad se cae a pedazos. Los pozos de las calles, las malezas en todas partes, los canales sin limpiar, los semáforos sin funcionar, el descontrol en general, se ha apropiado de la comarca. Y todo, absolutamente todo, tiene que pasar por su aprobación.

 

En los últimos días se supo de algunos funcionarios que, cansados de lidiar con tanta burocracia, han pensado en dar un paso al costado. La situación en ciertos, casos se ha prestado a enfrentamientos en los que la respuesta ha sido “si querés renunciar, renuncia”. El teléfono de Juan Carlos Romero arde de quejas, y nadie avisora mejoría.

 

La renuncia de Emilio Savoy a la Secretaría de Hacienda del municipio estaba cantada. El funcionario que argumentó “razones personales” para dimitir, fue una herencia que dejó Gustavo Sáenz y como la gran mayoría de quienes quedaron allí, se cansó de tanto manoseo.

 

A este, se suma la reciente renuncia como presidente del Tribunal de Falta del Dr. Diego Peretti. Parece ser que el juez gastó mas suela de zapatos en estos dos últimos meses, que durante toda la gestión de Sáenz, en ir y volver a la Intendencia para pedir u ofrecer distintos asuntos que agilizarían la operatividad del organismo. Dicen los expertos, que históricamente para las reuniones de gabinete se convocaba al presidente del Tribunal, una pata importante en cuanto a gestión (y también recaudación). Sin embargo Bettina Romero, por ignorancia o a propósito,  siempre se limitó a su equipo, evitando cualquier acercamiento con este organismo, y negándole sistemáticamente cualquier tipo de propuesta.

 

Es así como este fin de semana el juez renunció a la Presidencia del Tribunal de Faltas Municipal, cargo al que llegó por votación de sus compañeros. En el acta de renuncia no escapa observar que el motivo que esgrime el ahora juez raso, no se trata de “motivos personales”. El abogado con cierta valentía, se encarga de mencionar que dimite a partir del 26 de febrero, “por considerar que existen diferencias significativas con los objetivos fijados por el Ejecutivo Municipal en relación a este Organismo (T.F.M.)”. Agrega también que “al tornarse de ejecución imposible los proyectos planteados desde la época de transición, hacen inviable su continuidad en la cabeza de este Tribunal”.

 

Viéndolo así, esta gran ciudad es un barco sobre el que decide quien desconoce el camino, y aleja a los que conocen los métodos de navegación. Un final impredecible.

 

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