El diputado provincial Carlos Zapata en un programa televisivo dejó mal parado al diputado nacional Alfredo Olmedo. Las contradicciones de un hombre que se muestra como decente pero que es financiado por el polémico sojero. (R.M.)
Pocos políticos en la provincia se han ganado tanto respeto como Carlos Zapata. Contador de profesión y notable hombre de la política en los últimos años, el diputado de Salta Somos Todos, se caracteriza por su oratoria pulida y un exacerbado tono gauchesco. Siempre elegante, de traje impecable y un cuidado bigote blanco, su imagen moldea perfectamente la figura de un político conservador.
Es sin duda, exceptuando a Guillermo Martinelli, el ciudadano transparente y se supo ganar la etiqueta de denunciante, aunque, en rigor de verdad, nunca pudo sentar en el banquillo a ninguno de sus denunciados. Se destacan, entre sus denuncias, las que presentó ante la Fiscalía de Delitos Económicos Complejos contra Tomás “Tury” Rodríguez por la ausencia de rendición de fondos por 27 millones de pesos del ítem “1.3.1 Becas, Subsidios y Subvenciones”, cuando Rodríguez presidió el Concejo Deliberante de Salta.
“Carlitos” Zapata fue gerente de COPROTAB y pese a que se retiró del campo académico renunciando a su cargo en la docencia universitaria para dedicarse a otras tareas siempre preservó su perfil ideológico de derecha y sus negocios con el Estado. Es por esto que Alfredo Olmedo lo eligió para el partido que armó, años atrás, junto con Angelita Di Bez, Martín Grande y Suriani, y que dicho sea de paso, todos ellos se terminaron alejando del diputado amarillo menos Zapata; él mismo, incluso, se suele reír de esa situación diciendo que el partido en realidad se llama “Salta Somos Dos”.
Se quedó Sin Libreto…
La semana pasada, Zapata blanqueó sus aspiraciones ascendentes en el programa Sin Libreto. Luego de un período como concejal, y de uno como diputado provincial, le dijo a Mario Peña que ahora se juega una carta mayor: la de llegar al Congreso Nacional como diputado olmedista.
Ya era muy comentado que sería candidato pero no estaba del todo seguro si lo iba a hacer junto con Olmedo. Eso quedó claro cuando en la mesa le preguntaron sobre cómo financiará su campaña electoral. Ese momento es digno de ser comentado. Ante la consulta, la respuesta fue instantánea: “gracias a dios tengo a mi santo proveedor, Alfredo Olmedo”, dijo. Y luego agudamente le dijeron: “entonces será con fondos públicos… por que la plata puede salir de Salta Forestal”. La incómoda e inesperada consulta le cambió la cara al entrevistado y caldeó un poco el clima. Un televidente distraído, tal vez no haya entendido el por qué. O tal vez imaginó que al chef que contrata Peña se le fue la mano con el ají picante. O que cortó un bocado muy grande y se atragantó un poco. Lo cierto es que Zapata tomó un sorbo de agua para pasar el mal momento y, sin contestar, repreguntó al periodista: “¿acaso usted conoce las utilidades de Salta Forestal?”. Todos se hicieron los distraídos pero el legislador no pudo seguir esa actitud y terminó admitiendo que se trata de un emprendimiento con alta rentabilidad.
Eso no fue todo. Zapata terminó admitiendo, también, que el acuerdo alcanzado entre la provincia y Olmedo, por el cual se le perdonan casi 300 millones de pesos, le genera más dudas que certezas e incluso dijo que apoya la denuncia del PO en relación a la condonación. Probablemente fue para resguardar su honor ante las cámaras o probablemente pensó que nadie se acordaría después de que estaba comprometiendo al financista de su carrera política.
Zapata es un maestro de la elocuencia y del sentido común aunque hay contradicciones que son inevitables y lo dejan mal parado. Pero, siendo rigurosos, es menester decir que nunca queda tan mal como su socio, quien en cierto sentido es parecido a él, aunque con notables diferencias. La más grande quizá sea que Zapata cuenta chistes y que Olmedo, cuando habla, es un chiste.







