* Por Nancy López, cacica de la comunidad wichí El Mistol.

Estoy en cuarentena, no puedo salir. Cada comunidad está a algunos kilómetros de otra y todas están aisladas, quizá por eso no hay casos de Coronavirus afectándonos. Aunque al momento no tuvimos ningún infectado, nuestras comunidades están pasando por una una situación crítica y muy complicada: estamos expuestos a la desnutrición, al dengue, a la falta de comida y ahora nos debemos cuidar mucho más. Tranquilamente podríamos hacer la “cuarentena comunitaria”, ya que siempre estuvimos aislados, independientemente de la pandemia; es algo histórico. Algunas familias sobrevivían vendiendo artesanías, así traían comida y seguían con vida, pero ahora no tienen ese ingreso, no pueden vender sus productos, no pueden comer. Entonces, nuestras comunidades empeoran: no podés estar en casa porque no tenés para alimentarte y no podés salir porque te podés contagiar. Y quienes viven con un niño desnutrido, la pasan aún peor.

En muchas comunidades se nos complica un montón lavarnos las manos por la falta de agua; los litros que juntamos, los cuidamos mucho. No todas las comunidades tienen agua potable; las que tienen, muchas veces sufren cortes durante días. Eso nos perjudica mucho porque el único lugar que tenemos para almacenarla son los bidones de glifosato. No nos queda otra, aunque hay muchos casos de cáncer que nunca se habían visto, son enfermedades que producen los agrotóxicos y también provocan malformaciones de niños recién nacidos. Aquí en Tartagal necesitamos muchos tanques de agua potable.

Si bien el gobierno nacional sacó un bono de $10.000 ante esta emergencia, seguimos siendo excluidos porque no tenemos acceso a Internet ni al Anses. Los diferentes funcionarios deben mirar también para acá, porque hay comunidades que ni siquiera tienen luz. A todo esto, se suma otro problema grande que afrontamos: el dengue en Tartagal. En cada comunidad afecta en mayor o menor medida; incluso, mi nuera casi se muere por dengue y es terrible porque no podemos llegar al hospital, ¡estamos a 50 kilómetros del más cercano! Ante algunos casos que levantan fiebre, como es difícil trasladarnos, usamos nuestros conocimientos ancestrales y preparamos hierbas medicinales.

El Ministerio Público Fiscal de Salta es el responsable de confirmar 25 casos de personas que murieron por malnutrición entre enero y febrero, aunque lo más terrible es que hay muchas muertes no registradas. Por eso, sólo sabemos que hubo más de nueve fallecidas durante marzo. Además, se suma el eterno drama del acceso al hospital; en estos días es más difícil que siempre. Hay un chiquito que tiene el pecho tomado, vive con bronquitis, no para de llorar; el padre llamó a la ambulancia del Hospital de Tartagal y los enfermeros le dijeron que si lo llevan al hospital, se quedará días y que si no es tan grave, no podrán tenerlo internado. Les recomendaron que vea cómo evoluciona el chiquito y que en todo caso vuelva a llamar. Hoy continúa igual, sigue llorando; ojalá no pase lo peor. Junto con algunos médicos recorrimos este año varias comunidades y vimos casos muy extremos: niños que fallecieron por malnutrición y los hospitales no tenían registro sobre esas muertes, también había chiquitos que murieron sin tener un documento de identidad.

Quizá me lean y no me quieran creer,
pero es nuestra realidad.

 

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