Es lo que se desprendió de la primera audiencia en el juicio que se lleva adelante contra el sacerdote, en donde declaró uno de los sobrevivientes de abusos. Los jueces rechazaron la incorporación de las copias de denuncias canónicas contra el excura, enviadas recientemente por el Arzobispado de Salta al Ministerio Público. Por Andrea Sztychmasjter

El primero de los juicios contra un hombre de la iglesia en una de las provincias más católicas del país comenzó en medio de varias cuestiones planteadas a último momento. Esto motivó por ejemplo que desde la Red de Sobrevivientes de Abusos Eclesiásticos se reclame a través de sus redes sociales, lo que consideraron un destrato a las víctimas ya que «habían acordado la declaración virtual, a través de aplicaciones específicas y bajo instrucciones previamente consensuadas», de otrxs dos denunciantes que no viven en Salta.

Lxs jueces Maximiliano Troyano (presidente), Norma Beatriz Vera y Roberto Faustino Lezcano (vocales) plantearon a la fiscala Verónica Simesen de Bielke que lxs testigos o bien puedan comparecer en Salta o bien declaren en sedes del Ministerio en los lugares en donde se encuentran, pedido que quedó pendiente resolver la semana entrante.

Otro de los puntos fue que lxs jueces rechazaron la incorporación pedida por la fiscala de las copias de denuncias canónicas contra el excura, enviadas recientemente por el Arzobispado de Salta al Ministerio Público. Los jueces entendieron que se trata de una nueva prueba por lo que no se hizo lugar a su incorporación. Según detallaron lxs magistradxs el informe nuevo fue presentado un día antes que comience el juicio. Ante la negativa la fiscala pidió un recurso de casación.

El informe no aceptado en el juicio llega luego que el propio denunciante Yair Gyurkovitz declarara las obstaculizaciones realizadas por el Arzobispado. “El Arzobispado de Salta se colocó como un obstáculo desde el principio de la investigación, y actualmente se niega a brindar información fundamental a la justicia, ya que realizaron un juicio canónico y cuentan con testimonios de los denunciantes, entre otros datos importantes”, relató Yair dos días antes del juicio.

Según informó el Ministerio Público existe información incorporada al legajo que sí remitió oportunamente el Arzobispado, en ese escrito el Arzobispado de forma sutil intenta no responsabilizarse por el hombre acusado y busca despegarse del cura abusador: “Rosa Torino fue ordenado sacerdote para la arquidiócesis de Salta el 21 de noviembre de 1985 y estuvo incardinado en esa Iglesia particular hasta la fecha de la aprobación del Instituto de los Discípulos de Jesús de San Juan Bautista, en 2009. A partir de ese momento, dejó de estar incardinado en Salta y pertenece a ese instituto”, finaliza ese informe.

Juicio al cura Rosa Torino: El Arzobispado se despega

Una comunidad oscura

La audiencia comenzó con la lectura de la requisitoria fiscal de elevación a juicio y, luego, se le consultó al imputado acerca de su voluntad de declarar, posibilidad que declinó por el momento. En la fecha también declaró uno de los denunciantes quien repasó ante el tribunal su vida como miembro de la comunidad religiosa fundada por Rosa Torino, a la cual ingresó en 2010, cuando tenía  14 años de edad. Contó que en 2012 lo trasladaron a una casa que tenía la congregación en el sur, en Puerto Santa Cruz. Allí sufrió abusos sexuales por parte del sacerdote de la orden Nicolás Parma, de «nombre religioso cura Felipe».

En 2014 regresó a Salta decidido a abandonar la vida religiosa y habló con Rosa Torino al respecto. En esa oportunidad le contó al cura fundador acerca de los abusos sufridos en el sur, por otro miembro de la orden, pero él le dijo que tenía que perdonar al agresor porque esos actos eran una debilidad y le pidió que no lo exponga, que se quede en la comunidad. De esta manera según el relato del denunciante quedó expreso que el cura Rosa Torino también fue encubridor de abusos por parte de otros miembros de su comunidad.

El joven relató que al ingresar a la orden religiosa no sólo le mintieron sobre las formas organizativas de la institución, relató que él entró convencido que realizaría sus estudios en una escuela religiosa y no que realizaría las diferentes etapas para convertirse en religioso (aspirantado, postulantado, noviciado, etc). “Estuvo mal planteado”, señaló.

Durante su relato, el joven fue interrumpido por el juez  Roberto Faustino Lezcano quien le pidió que explicara a qué se referida “con comunidad”: “No me queda claro”, señaló el magistrado.

El joven tuvo que realizar un relato pormenorizado de cómo entró a la comunidad religiosa fundada por Torino y las veces que padeció no solo el poco acompañamiento y la soledad dentro de la orden sino los abusos a los que fue expuesto por parte de sacerdotes que debían cuidarlo.

Asimismo su testimonio dejó evidenciado que desde que entró a la comunidad era de público conocimiento que existían curas abusadores “Pero ellos decían que eran habladurías”, manifestó el sobreviviente. Eso lo llevó a hablar con otro de sus compañeros y quien también había sufrido abusos y fue uno de los pocos que pudo brindarle ayuda y el acompañamiento necesarios. Fue la jueza Norma Vera quien le consultó si alguien lo había “instruido” para que realizara las denuncias, a lo que el joven respondió que fue su compañero el que le explicó que las “revisaciones” que el cura le realizaba, no eran tales.

Un cura que se hace el médico

El testimonio de uno de los sobrevivientes fue muy preciso al detallar fechas y aspectos concernientes a los abusos recibidos. En algunas oportunidades, uno de los jueces así como la defensa técnica del sacerdote repitieron “Aquí somos todos grandes”, al referirse a consultadas realizadas al testigo sobre los abusos sexuales efectuados por Rosa Torino.

El joven describió que el cura con el argumento de hacerle “revisaciones” en sus testículos, le realizó tocamientos en diferentes oportunidades y diversos lugares. Nombró así las habitaciones de Finca La Cruz, Palermo oeste en Cachi y la iglesia y casa del cura cita en la calle Santa Fe. El joven manifestó que Rosa Torino le aseguraba que él tenía varicocele y le infundía miedo sobre las consecuencias que eso le traía. “Nunca me llevaron al médico”, señaló pese a que se lo pidió.

Al ser consultado por el Tribunal sobre cómo se habían iniciado esos tocamientos y miramientos, el joven explicó que comenzaban con una charla, llamada por los sacerdotes como “un seguimiento vocacional”, seguidamente el cura le hacía preguntas tales como “si se masturbaba” y luego le ordenaba que “se bajara los pantalones”.

El joven explicó que su vida de encierro dentro de la comunidad le trajo muchos perjuicios no solo para su salud mental y física, sino en aspectos cotidianos de su vida. Manifestó que eran obligados a servirles a los sacerdotes, a realizar construcciones de las sedes que la orden tenía y a mendigar en panaderías y verdulerías. Describió que realizaban ventas de empanadas que luego Rosa Torino solo pasaba a retirar lo recaudado. Contó que en un momento se desempeñó como secretario del cura ayudándolo con las cuentas de las limosnas y donaciones, grabaciones de películas para vender y limpieza de baños y cocinas. Señaló que en ese momento pudo comprender que la imagen que vendían del “director general” de la congregación solo era una pantalla, pues manifestó que vivenció el maltrato hacia las personas que lo servían y las conductas no adecuadas de quien se decía ser un ministro de culto respetable, espiritual, ejemplar y un enviado por dios en la tierra.

Una vida vulnerada

El joven expresó que por las diversas situaciones que atravesó dentro de la orden tuvo intenciones de suicidarse. Explicó que al permanecer durante cinco años dentro de la comunidad pese a haber sido derivado por Torino a una psicóloga, ésta no lo ayudó. Que la vida de oración y silencio no lo ayudaron a entender el mundo. Mencionó que estuvo mucho tiempo en una profunda depresión sin poder entender lo que le había pasado.

Viviendo en La cruz salteña

El acusado llega a juicio cumpliendo prisión domiciliaria en Campo La Cruz, un chalet de lujo, alejado de la ciudad y por ello tanto las víctimas como compañeros de la Red de sobrevivientes de abusos eclesiásticos exigen que el sacerdote cumpla su condena en una cárcel común, sin ningún privilegio.

Lxs sobrevivientes han denunciado que pese a la suspensión por parte del Vaticano del Instituto religioso de derecho diocesano Hermanos Discípulos de Jesús de San Juan Bautista, Agustín Rosa Torino pasa los días recluido en una casa de campo y de retiro en Finca La Cruz, donde cumple con el arresto domiciliario -sin tobillera electrónica- que le ordenó la Justicia en agosto de 2017.

Fue el propio denunciante quien durante su testimonio detalló que el lugar es idílico: “Posee un arroyo, hay animales, cerros”. Allí el cura que posee cocinero, empleada y hasta chofer propio, espera que la justicia “ordinaria” decida sobre su futuro.