En medio de la denuncia por violencias de género de monjas contra Cargnello, hablamos con la exmonja Valeria Zarza sobre el rol de la mujer en la iglesia y el poder de los hombres. El martes organizaciones feministas acompañarán un abrazo simbólico en el Convento.

Por: Andrea Sztychmasjter

A veces un hecho, un suceso, un gesto, devela trasfondos complejos, estructuras ancladas. Detrás de esta historia de fenómenos espirituales se hallan sin embargo también deseos ocultos e incontrolables de riquezas y bienes materiales. Pero habla por sobre todo de algo que las mujeres conocemos muy bien: el destrato sistemático de los hombres en diferentes niveles de la vida.

Las denuncias por violencias de género, psicológica y económica que realizaran monjas de clausura contra Monseñor Mario Cargnello sacaron a la luz el conflicto social que tiene como protagonistas a las propias monjas carmelitas, a María Livia Galiano de Obeid y la jerarquía de la iglesia católica salteña desde el año 1990 y que tomó fuerza a partir de la construcción de la ermita de la llamada Virgen del Cerro en el 2001. Pero también sacó el velo sobre el histórico silenciamiento que los hombres católicos imprimen sobre las mujeres pertenecientes a la iglesia.

Tal como lo consignó Cargnello en el informe difundido “Sobre la cuestión pastoral de la ermita del cerro”, en 2003, las monjas carmelitas junto a María Livia se rebelaron a su propia prohibición de que difundieran los mensajes recibidos: “No existe autorización alguna para publicar mensajes al menos desde el 26 de noviembre de 1997. Es más, hay una advertencia hecha a la Madre María de los Ángeles ocd, de no publicar nada nuevo, al menos desde el Monasterio. No obstante se publicaron mensajes posteriores”, advierte el monseñor.

Cargnello le prohibió tanto a las monjas como a Livia que difundieran mensajes y fue más allá al cuestionar el “protagonismo” de la mujer y le ordenó que consiga un “director espiritual”.

 

Socias religiosas: Genealogías

Fue Livia Galiano de Obeid quien comunicó que fue un mensaje divino quien le pidió que rompiera el silencio de las visiones que tenía y diera a conocer los mensajes a la Madre María de los Ángeles (carmelita) “La Virgen dice que todo se dé a conocer desde El Carmelo”, aseguró la “vidente”.

Desde entonces las monjas mantienen una estrecha relación con Livia Galliano y su familia y por ende con la devoción de la “Virgen del Cerro”. Son socias fundadoras de la “Obra Yo Soy la Inmaculada Madre del Divino Corazón Eucarístico de Jesús” y “Yo Soy el Sacratísimo Corazón Eucarístico de Jesús”, ambas encargadas de la administración y la organización de actividades. Carlos Obeid, esposo de Galliano es  también director de la fundación.

La fundación fue inscripta en la AFIP en mayo de 2006; como actividad principal figura “servicio de asociaciones n.c.p (NR: organizaciones que prestan apoyo a servicios comunitarios y educativos). El balance al 31 de diciembre de 2020 presenta un patrimonio neto de $83.145.144 y un resultado negativo de $531.311 (en el 2019 fue positivo en $3,8 millones).

El cerro de Tres Cerritos donde Livia solía aparecer haciendo la imposición de manos es un terreno donado por Eduardo Garat, y está a nombre del monasterio San Bernardo.

Como es de público conocimiento la Iglesia salteña nunca creyó ni permitió que la “obra” de María Livia se consolidara, algo que a su pesar y el varios incrédulos oportunistas no sucedió. Cargnello creó una comisión especial para investigar el fenómeno de la “Virgen del Cerro”, quisieron instalar que la mujer estaba loca, pues en 2003 la comisión le pidió a Galliano un examen psicodiagnóstico para comprobar su estado; en 2006 una de las conclusiones de otro informe ratifica que el fenómeno se trata de “turismo religioso”.

Pese a todos los impedimentos y críticas la devoción a la llamada Virgen del Cerro sigue creciendo a nuestros días, así como el apoyo de las carmelitas. En el San Bernardo -una construcción de fines del siglo XVI- viven 18 monjas de clausura que responden a una priora, que eligen ellas. La actual priora es María Fátima del Espíritu Santo, cuyo mandato ya está vencido. Para la nueva votación ya se pidió el veedor al arzobispado; hay demoras en su designación. Ella es la religiosa, que en nombre del resto, presentó la denuncia.

Claudia Zerda Lamas, abogada de la priora junto a José Viola, sostiene que la denuncia no responde a un hecho puntual, sino que hay un “hostigamiento sostenido en el tiempo que comenzó en 1999″.

Cargnello nació en Catamarca, era cura de una iglesia de Paso Viejo en su provincia cuando sucedió el crimen de María Soledad Morales que conmovió al país y rompió la estructura política de los Saadi. Acompañó a los padres de la joven asesinada a la reunión con el entonces presidente Carlos Menem para pedirle que designara a Luis Patti en la investigación. Fue designado obispo de Orán en 1994 y estuvo en los piquetes de Tartagal y Mosconi. Cinco años después, cuando renunció Moisés Blanchoud, asumió como arzobispo de Salta. Su vínculo con el exgobernador salteño Juan Carlos Romero es conocido por todos. Durante su discurso en una “fiesta del Milagro” fue enfático al mostrarse en contra de la «perspectiva de género» en el dictado de la Educación Sexual Integral (ESI).

Las monjas carmelitas vienen fundadas desde el siglo XVI por Santa Teresa de Ávila, una monja que viene de una familia judía, donde se mezcla la tradición mística judía con la tradición mística cristiana.

“Todo es una cuestión económica”

Valeria Zarza, exmonja y denunciante del cura salteño Rosa Torino vivió casi 20 años en la congregación creada por el sacerdote hoy condenado a 12 años de prisión por abusos contra dos ex seminaristas. Tomó coraje y se animó a denunciar las humillaciones y violencias varias del sacerdote y logró escapar. Hoy alejada de esa vida nos acerca las vivencias de las mujeres al interior de los templos religiosos y nos da su opinión sobre las denuncias de las carmelitas de Salta que se animaron a hablar.

Valeria reflexionó que la Iglesia no está escuchando a las religiosas y realizó una pregunta: “Qué hubiera pasado si María Livia y las Carmelitas aportaran mensualmente dinero al arzobispado en agradecimiento a las providencias que dios está derramando sobre ellas. Yo creo que esa advocación se hubiera aprobado en un mes. Todo es una cuestión económica, todos son intereses económicos”.

“Me pareció un acto sumamente heroico de parte de las hermanas carmelitas haberse animado a poner una denuncia y ahora viene la parte más difícil que es sostenerla y llegar hasta las últimas consecuencias. Lo digo porque lo he vivido en carne propia por haber denunciado a un sacerdote superior de una orden he pasado cosas tremendas. La ventaja en ellas es que se apoyan y están contenidas y hay mucha gente que las apoya, emocionalmente eso ayuda mucho porque la iglesia se les va a venir en contra”.

Valeria aseguró a este medio que después de vivir bajo el autoritarismo de la iglesia católica puede decir con certeza que es una institución machista en donde la mujer no tiene lugar alguno: “Te despersonalizan, te generan un sentimiento de indignidad tan grande que es muy difícil darte cuenta en el círculo que vas ingresando porque en el medio de eso está la fe y el amor a lo que vos crees que existe y que estas llamada a entregar tu vida”.

Aseguró que vivenció situaciones de mucha injusticia y le impedían que hablara con profesionales. Describió que la mayoría de las congregaciones de monjas buscan mujeres sometidas, sirvientes baratas y gratis para poder manipularlas.

“La iglesia católica siempre protege a los ungidos de dios los tiene como más arriba el resto somos todos siervos que tenemos que estar a sus pies, de hechos hay muchas citas bíblicas que hablan de la sumisión de la mujer hacia el hombre. Eso cuando sos joven y te van formando con esa idea es como que cuando más sumisa sos, mas santa sos, más pronto vas a llegar al reino de los cielos y te ponen ejemplos de santas que vivieron situaciones aberrantes y no dijeron nada, amaron y perdonaron. Esa idea se va metiendo tanto en tu cabeza y te llega a controlar todas las decisiones que tomas. Yo cuando me escapé del convento pensaba que iba a escandalizar a mis hermanas en la fe, no sabía cómo explicarles que me rebelé ante esto”.

“El derecho canónico defiende al varón nunca a la mujer. La monja no existe para este derecho. El sacerdote tiene más libertad, más formación, más capacidad de decisión dentro de la iglesia que la mujer. La mujer si tiene que tomar una decisión tiene que pasar por muchas autoridades y en su mayoría son varones. La misma superiora de un convento está sujeta a la autoridad de un obispo o de un sacerdote fundador”, comentó.

“Hay un montón de casos y ejemplos en la iglesia en donde las mujeres quisieron salir adelante y fundar y hacer cosas como la Madre Teresa de Calcuta y sufrieron muchísimo, humillaciones y encierros esperando que se les pase. Que se les pase esa locura de querer sobresalir por encimas de los hombres”, describió Valeria.

Sobre su experiencia contó: “Particularmente me rebelaba mucho, me pedían que planche hasta la ropa interior de los sacerdotes y que los acomode en el cajón y yo quería salir a evangelizar, misionar, visitar casas, ayudar a personas que están pasando por situaciones difíciles, no encerrarme a un convento. Me rebelaba, lo decía  y así me iba porque me daban actividades humillantes para que se me pase, para que me calme y no me queje de tener que servir a los varones”.

Por todo lo que vivió, por las fuerzas que tomó para rebelarse, instó a que más mujeres tomen valor y denuncien las injusticias: “Ojalá que muchas más religiosas se animen a hablar, y a pelear por sus derechos y que ningún católico las tilde de feminazis al contrario son mujeres que están luchando por sus derechos en una institución sumamente machista”.

 

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