El otro aislamiento

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La fuerte oposición de los vecinos de la zona sureste a la designación del hospital Papa Francisco como centro receptor de todos los casos de coronavirus en la provincia puso de manifiesto que, aún en tiempos de pandemia, la legitimidad pública no es un mandato eterno. (Por Nicolás Bignante)

 

Mientras desde el peronismo/albertismo se agita la fantasía rosista de la sumatoria del poder público, en el orden local no se avistan muchas claridades y empiezan a cobrar otro sentido aquellos audios de Whatsapp «filtrados» a comienzos de semana.

Los primeros días de aislamiento total preventivo obligatorio exhiben un evidente racionamiento de la fuerza pública provincial, en un momento en que la demanda de medidas más severas crece exponencialmente en casi todos los sectores. No obstante, racionamiento no significa precisamente mano blanda. Sobre todo si se toma en cuenta el brutal operativo dispuesto el pasado miércoles para desalojar la protesta llevada a cabo por vecinos de la zona sureste. ¿Cómo es entonces que la cuarentena total decretada a nivel nacional transcurre en la provincia con relativa permisividad? Todas las líneas argumentativas apuntan a la necesidad de la administración provincial de guardar algunos cartuchos, ante la imposibilidad de extremar medidas.

Considérese lo siguiente: En Argentina el aislamiento obligatorio llegó relativamente temprano si se considera la experiencia en otros países; pero en Salta la detección del primer caso de COVID-19 anticipó aún más la toma de decisiones. Aquellas «medidas drásticas» que el gobernador comunicaba vía audios de Whatsapp a sus allegados porque la gente «no entendía» que tenía que quedarse en sus aposentos, ya se tomaron y no queda mucho margen de acción tras los anuncios de Fernández. De allí que la única alternativa en pie al día de la fecha sea el suministro gradual de la represión, en base a la demanda colectiva y a las facultades otorgadas por el gobierno nacional a las policías provinciales.

Sin embargo, una mirada simplista y acotada únicamente al papel del «leviatán» puede hacer perder de vista algunos de los traspiés del modelo saencista en el abordaje de la crisis. Copiar y pegar el modelo implementado en Jujuy por Gerardo Morales, donde la cuarentena devino en una legitimación absoluta de las razzias policiales y el amedrentamiento implicaría desconocer, entre otras cosas, la importancia de transmitir seguridad más allá de las acciones.

En tiempos de pretendida «unidad», la hegemonía estatal parece una demanda casi absoluta; pero el mínimo atisbo de improvisación resalta contradicciones de todo tipo. De hecho, a excepción de la izquierda trotskista, ningún sector consideró pertinente poner a trabajar la legislatura. Mucho más impacto, en cambio, generaron las palabras del gobernador de la provincia aduciendo no saber «como manejar este tema» (en referencia a la demanda de reactivos para los análisis), y más adelante reconociendo el primer caso de coronavirus en Salta. En ambos casos, la metodología del audio «filtrado», tan vieja como los celulares mismos, precipitó todo tipo de lecturas.

El gran freno llegó, sin embargo, de la mano de un grupo de vecinos de la zona sureste en el que abrevaron referentes barriales del Partido de la Victoria, el P.O. y el oficialismo. El reclamo obligó a que el gobierno diera marcha atrás con el plan de contingencia que preveía que el hospital Papa Francisco sería el centro de recepción de todos los pacientes con coronavirus, además de la escuela ARA Gral. Belgrano, para casos de menor complejidad. El jueves por la tarde, tras una reunión con el comandante de la V brigada Mariano Castelli, se acordó que en la ciudad de Salta, el hospital militar y el hospital del milagro también serían centros de referencia, tal como exigían los vecinos.

El reclamo adquiere sentido si se considera la altísima demanda en el área operativa del nosocomio de zona sureste para casos de enfermedades respiratorias y cardíacas, entre otras. A diferencia de otras barriadas, la cercanía con el vertedero San Javier tiene efectos que fueron constatados por el ministerio de salud en 2018 luego de un extenso relevamiento.

Tanto jefes de centros de salud, como operadores sanitarios y personal de enfermería del ministerio, coincidieron en que hay tres tipos de enfermedades vinculadas a la cercanía con el vertedero San Javier: Respiratorias, parasitosis y dermatológicas infecciosas.

Tomando commo referencia el período 2016-2017, los casos de estrongiloidiasis atendidos en el Hospital Papa francisco pasaron de 0 a 31. Los casos de parasitosis intestinal, en tanto, aumentaron en los centros de salud de la zona: En B° Sanidad (56 a 108), B° Crespones (0 a 3) y en el hospital Papa Francisco (60 a 84).

«El hospital Papa Francisco es un hospital totalmente poblado con vecinos alrededor. Nosotros lo que planteamos es que se tiene que hacer lo que se hizo en Jujuy, en un lugar totalmente aislado. Aparte si se impone la recepción de pacientes en el hospital, nosotros no vamos a poder tratarnos de otras enfermedades. Y la zona es muy grande. Tenemos enfermos cardíacos, diabéticos, hipertensos, con asma, con enfermedades respiratorias por el tema del vertedero» resume a Cuarto Poder Jorgelina Franco, vecina de la zona.

Si bien no hay claridad respecto de los riesgos reales de propagación que supone la centralización de la atención en un sólo hospital, los vecinos temen que la cobertura -de por sí insuficiente- se vea resentida con estas nuevas funciones. «Nos dijeron que no iban a atender más a nadie. Vimos cómo se evacuaba a los enfermos, se los llevaron a los otros hospitales. Las madres embarazadas que tenían turnos para control no pudieron ser atendidas. No se atiende ninguna otra patología, está cerrado el hospital para otras problemáticas», acotó Franco.

Mientras tanto, los cortocircuitos con la casa rosada parecen haber llegado antes de lo esperado y, a entender de muchos en el Grand Bourg, de manera totalmente evitable. El reclamo de reactivos para la realización de los diagnósticos sin depender del instituto Malbrán, no es un pedido exclusivo de Salta; pero ninguna otra provincia se manejó como en estas tierras. Aunque el término «cuarentena» resulte obsoleto considerando que el resguardo obligatorio se extenderá apenas 11 días, en el entorno provincial  vaticinan «largos días de aislamiento», y no precisamente por el virus asiático.

 

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