Durante años, las avionetas con altoparlantes sobrevolaron Salta convencidas de que, si una publicidad se escuchaba lo suficientemente fuerte, alguien terminaría prestándole atención. Ahora, un proyecto de ordenanza busca devolverle al cielo una función mucho más revolucionaria: ser solo cielo. La iniciativa propone prohibir estos vuelos promocionales por la contaminación sonora que generan, especialmente sobre personas con autismo, pacientes internados y cualquiera que prefiera no enterarse de una oferta de colchones a 500 metros de altura.
Si la norma prospera, será el fin de una de las pocas estrategias de marketing capaces de interrumpir una siesta, una clase, una consulta médica y una conversación familiar al mismo tiempo. Después de todo, la publicidad ya encontró suficientes maneras de perseguirnos en celulares, redes sociales, televisión y carteles. Quizás dejar de bombardear el aire con parlantes sea un pequeño paso para el Concejo Deliberante, pero un gran descanso para los oídos salteños.




