Bettina Romero volvió a las redes para advertir que la falta de gas, la pérdida de empleo y la crisis de infraestructura son “gravísimos” para Salta. También compartió una frase de Cicerón contra los gobernantes que solo piensan en sí mismos. Lo llamativo es que tuitea como si acabara de llegar a la política: como si nunca hubiera sido intendenta de la capital, como si su padre no hubiera gobernado la provincia durante doce años y como si el apellido Romero no hubiera ocupado cargos de poder durante décadas. La indignación luce más convincente cuando no forma parte del álbum familiar.
Criticar al gobierno de turno es legítimo; hacerlo como si se viniera de Marte, bastante menos. La infraestructura energética no se deterioró en una semana, el empleo no empezó a caer ayer y los problemas estructurales de Salta tampoco nacieron con el último cambio de gestión. Después de tantos años cerca del poder, descubrir de golpe que la provincia tiene déficits suena menos a autocrítica que a amnesia política. Porque, antes de señalar el incendio, convendría explicar qué hicieron quienes tuvieron durante años la manguera en la mano.




