El número finalizado en uno-nueve-uno resultará atractivo en una apuesta a la quiniela a los ojos de cualquier salteño, menos del Secretario de Movilidad Ciudadana capitalino. Enrolado en estos días en una función estilo “Carrotnator”, cual funebrero del área de Tránsito salteña, Gilberto Pereyra tiene un envión adicional para la supresión de un ala en  que la comuna aún recuesta su vuelo. Pero además de esta misión encomendada desde el titirromerismo, el funcionario tal vez supone que los de naranja –uniforme distintivo de los servidores públicos de la comuna- le adeudan una vieja afrenta.
En dicho contexto, el número 300582191 hasta hoy corresponde al Número de Acta labrada un cuatrimestre hacia atrás, cuando el 2 de marzo pasado un avieso oficial a cargo de las penalidades ocurridas en el deambular citadino osó determinar en tal sentido. Quizás sin saber los tijeretazos que luego dicha sentencia ocasionaría en el resto de esta dependencia municipal (la que igualmente pudo haber sido inexorable porque no dejaba gravitar sobre la motivación de uno ni de los otros).
Al llegar la mitad del año, podría resultar discusión irrelevante la conveniencia de ir y volver desde marzo hacia junio de 2020. Lo cierto es que a poco de inaugurar el tercer mes de 2020 un oficial del organismo ahora acuciado razonó que el Chevrolet, dominio AC 703 FS, aparcaba en sección no permitida. “Debidamente señalizada”, se consignó en aquel documento, dando a entender la intercesión de lo que jurisconsultos anglosajones resumen como premeditación y alevosía.
En cuyo caso, no será menester detallar el ataque de ira que la narración –en jerga burocrática- sobre tal incidente activó en el otrora Jefe de Policía provincial, hoy asignado a rezarle la extremaunción a una nueva función que resigna la Municipalidad de Salta.

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