Copa Intercontinental 1986. Neri Pumpido, Americo Gallego, Galindez, juan Funes y Hector Enrique. River Plate Foto: Archivo El Grafico

Mientras el equipo de Marcelo Gallardo se prepara para el partido del miércoles, los hinchas de River celebran un nuevo aniversario de la conquista de la Copa Intercontinental de 1986.

Con el cuerpo y la ilusión en Osaka. Con la memoria y el corazón en Tokio. River sueña en Japón, a dos días de disputar la semifinal del Mundial de Clubes ante Sanfrecce Hiroshima, pero también siente en el alma la música más emotiva, esa que lo lleva al 14 de diciembre de 1986, hace exactamente 29 años, cuando los millonarios se consagraban campeones del mundo y conseguían la única Intercontinental de su historia.

Aquel mediodía en el Estadio Nacional de Tokio, ese lugar sagrado para el fútbol argentino que este año fue demolido para ser remodelado para los Juegos Olímpicos 2020 y el Mundial de rugby 2019, y aquella madrugada en la Argentina. La memoria hace foco en el partido contra el Steaua Bucarest, el equipo rumano que había vencido a Barcelona por penales en la final de la Copa de Europa, y en el gol inolvidable de Antonio Alzamendi, ese grito que valió todo, el del 1-0 final, el que desató la fiesta. Un tanto que tiene una historia detrás.

«Me cae la pelota y la devuelvo rápido, el Beto (Alonso) me pegó el grito», recuerda como si fuera hoy Jorge Gordillo en una charla con canchallena.com. El árbitro uruguayo Bazán había cobrado infracción de Bumbescu contra Funes, quien se quedó discutiendo con el defensor rumano. Iban 28 minutos del primer tiempo. «Estos partidos se ganan por avivadas. El Búfalo seguía discutiendo. Yo se la pedí al Tapón y le puse la pelota rápido a Alzamendi. Con el uruguayo nos entendíamos sin mirarnos, él sabía a dónde tenía que picar. Mis compañeros debían estar atentos, me conocían», toma la palabra Alonso. «Fue un flash, con Alonso nos mirábamos y listo. Entonces piqué. Le pegué y seguí la jugada por las dudas por el rebote. Cuando pegó arriba y volvió, me encontré con el espacio justo para definir. Me acordé de mi padre, de mis seres queridos, de mis hijos y de mi representante, Paco Casal», remata Alzamendi y describe aquel gol, aquel tanto que ya relató cientos de veces. «Me da orgullo y me emociona cada vez que me llaman. Para mí, es el gol más importante de la historia de River», le dice a este medio.

Hay historias detrás de este gol. «Tenía un solo video del Steaua, el de la final contra Barcelona. Lo vi unas cinco veces. Lo miraba solo y anotaba en un papel mis conclusiones», explica el Bambino Veira, técnico de aquel equipo, y sigue: «Le buscaba defectos al rival y vi uno. Cuando cometían una infracción le daban la espalda a la pelota. Eso lo conversamos con los jugadores. A los 5 minutos, el Beto se la da rápido a Alfaro, quien patea y ataja el arquero. A los 28, vuelven a darle la espalda, el Beto se apura con la picardía del potrero, se la pone a Alzamendi y gol de River. Me puse muy feliz que el tanto de la victoria llegara por esa vía». Gordillo corrobora: «Nos pidió que sacáramos rápido los laterales, las faltas, que los rumanos se desconcentraban». Alzamendi se suma: «Nos lo dijo el Bambino, que estaba en esos detalles».

Para el Beto Alonso, la cuestión fue otra. «No me acuerdo de eso. Dentro de la cancha, maneja el jugador. Se dio la oportunidad y la aprovechamos». Referente de aquel River, Alonso vivió de manera particular aquella jugada: «Fue una alegría y emoción, pero también ese gol me hizo retirar. Después de esa acción dije ‘ya está, hice todo, le di todo al club'». Fue tan fuerte la sensación para el Beto que cuando concluyó el partido y los millonarios se consagraban campeones del mundo no pudo ni festejar: «Sentí que se acababa una etapa. No di la vuelta olímpica. Me pasó un escalofrío por todo el cuerpo como si fuese la muerte. Era un día muy gris. Hicimos salir el sol por el resultado. Me fui al vestuario y me acosté en una camilla, quería volverme a mi casa y darles a mis hijos los regalos que les había comprado. Tengo el pantoloncito de ese partido. Todo el resto lo regalé. Se terminaba mi carrera. Ni me arrimé a la copa. No me arrepiento de todo eso. Di lo máximo y estoy orgulloso». Ese fue su último encuentro en River. Un mes después anunciaba su retiro del fútbol a los 34 años.

«Cuando terminó el partido los japoneses me agarraron porque me eligieron como el mejor jugador del partido. Me sacaban fotos con el Toyota, y yo me fui a dar la vuelta olímpica con mis compañeros», recuerda Alzamendi, quien dice que en vez del auto pidió un cheque que se repartieron los colaboradores de aquel grupo: utileros, médicos y demás. Esa tarde en Japón, River dio la vuelta olímpica al revés. «Cuando nos entregaron los dos trofeos, se nos pusieron adelante unos 60 fotógrafos. Nos dimos vuelta y decidimos hacerla al revés», explica Alejandro Montenegro. «Ese equipo era así: serios en la cancha y muy especial afuera», dice Gordillo, mientras que el Bambino cuenta que, junto a sus ayudantes, dejaron la cancha y se marcharon al vestuario mientras los jugadores recibían la copa. «Ellos fueron los protagonistas, después vi esas imágenes por video». Flashes e historias del día en que River fue campeón del mundo hace 29 años.

Un gol para siempre. «Siempre me agradecen los hinchas de River. Ahora, con las redes sociales, también me conocen los jóvenes. Me pasó de chicos que se me acercaron y se me ponían a llorar. El fútbol mueve mucho en la gente», dice Alzamendi, 29 años después de su gol. Hace un tiempo, Pablo Rapetti, fanático de River, invitó al ex delantero uruguayo junto a su familia a Puerto Deseado. «Me hicieron comidas, homenajes. Se me acercó una nena de 15 años, que me vino a abrazar llorando».

Fuente: Cancha Llena