Vidrios rotos enmarcan la nueva arremetida de SAETA por subsidios.

En lo que parece ser una disputa entre SAETA y los sectores sociales que en nuestra provincia sufren problemas económicos y en muchos casos hambre, los que cuentan con mayor poder de fuego parecen prevalecer. Ya se sabe que cuando se trata de subsidios, la agenda socioeconómica más urgente suele trenzarse en estocadas con otros emprendimientos que se solventan de la misma fuente. En esa contienda suelen ganar los que cuentan con más prensa. (Por: Federico Pérez).

En el caso de la Sociedad Anónima estatal que no sólo vive de los abultadísimos subsidios enviados -sin ningún tipo de control, por el Ejecutivo provincial-, sino también del cobro de boletos, el rebenque fue a dar de nuevo en la calidad del servicio. Este lunes, la entidad dedicada al traslado masivo de prójimos en el área metropolitana anunció un nuevo recorte, del cual culpó a los vecinos del capitalino. Y quién sabe si esto no constituye un tiro por elevación, dirigido a la cartera de Seguridad.

Revancha con el pasaje

Según esta renovada presentación, realizada el último fin de semana por SAETA, cuatro coches de empresas prestatarias del servicio (contratado por la primera de las mencionadas) fueron atacados por vándalos sin identificar. Entonces, la compañía estatal definió que la represalia debía ser para los habitantes de esta región citadina, en general, por medio de uno de los tantos molestos cambios de recorrido y afectación de las frecuencias.
Desde el final de la época de vino y rosas, que fue el urtubeísmo, SAETA emprendió una arremetida contra los salteños pidiendo subas en el precio del boleto urbano. Era el boleto más alto o una partida de subsidios más abultada. Entre estos dos lados del péndulo debía optar el Estado provincial. Sino, correría el gasoil; o más bien dejaría de correr, mediante una baja en las frecuencias.

Otra vez un relato de vándalos

En esta oportunidad, la excusa fueron cuatro aparentes ataques que se descargaron el fin de semana último en contra de colectivos de la empresa Alto Molino, la que explota el corredor 7, que habrían ocurrido en barrio Castañares. Y esta vez, no tan cerca de una comisaría como ocurrió en la denuncia anterior, en barrio Limache, oportunidad en la que SAETA alegó que el 31 de diciembre pasado otros vándalos (tal vez familiares o conocidos de los de Castañares) descargaron su ira contra una terminal de autoservicio ubicada en la vereda de esta oficina policial.
De acuerdo al parte dado por el organismo, dos de los vetustos buses que Alto Molino suele asignar a los traslados masivos en esta parte norte de la ciudad son del turno noche “y cuentan con cámaras” de video como para atestiguar sendos hechos. Así que, entre la 1:45 horas de la madrugada dominguera y las 9:20 de la mañana del mismo día se descerrajaron los supuestos ataques.
El hilvanamiento temporal y espacial, lo mismo que los detalles de lo relatado, no deja lugar para muchas hipótesis. Una de ellas, podría ser que la furia y bronca de los pasajeros estaría enfocada hacia SAETA. Si fuese así, razones objetivas hay de sobra: desde lo oneroso del pasaje mínimo, hasta las deficientes condiciones en la prestación del servicio. La otra conjetura, podría ser que todo es un cuento chino, tendiente a exigir nuevas subas en el aporte que hace el Ejecutivo provincial.
En el limbo de lo que podría constituir un hecho para una investigación policial aparte, es la del tipo con el martillo que intentó coaccionar a un chofer.