Ni alemanes ni japoneses

 

ALEJANDRO SARAVIA

 

Ni alemanes ni japoneses o cómo hacer de la necesidad virtud, de eso va esta columna pretendiendo desentrañar el significado de la victoria de la Libertad Avanza el pasado domingo.

Es difícil desprender ese resultado del apoyo del gobierno de Estados Unidos, de Trump y su secretario del Tesoro, Scott Bessent, hacia un gobierno que ya estaba mirando el reloj como Monzón en su pelea con Briscoe, y llegó justo el Séptimo de Caballería, con John Wayne y todo, para salvarlo al amigo. Ya sea porque le cae simpático este loquito del sur o bien porque éste, como manifestación de esa misma locura, se pronunció por Trump cuando seguía gobernando Biden, pero la cuestión es que la ayuda de Trump abre para nuestro país una singular oportunidad. Lo que se haga con esa oportunidad depende ya del propio Milei y su gobierno, pero también de los correctivos que le destine la oposición y el periodismo, dando por descontados los consejos un tanto extorsivos que le dedican y dedicarán a Milei sus amigos del norte, los que, ya todos lo saben, no dan puntadas sin hilo.

Por qué alemanes y por qué japoneses, pues, porque ambos países fueron los principales derrotados en la Segunda Guerra, tanto que terminaron la misma absolutamente destruidos. Alemania con bombardeos de saturación fue completamente rota y ocupada por los entonces Aliados y, hasta su capital, Berlín, dividida en cuatro y luego atravesada por un muro que la dividía, como en un campo de concentración, entre la parte oriental y la occidental.

Japón, a su vez, todos ya lo conocen, no sólo destruida con bombardeos de saturación sino convertida en campo de experimentación del único bombardeo atómico, hasta ahora, sobre dos ciudades, Hiroshima y Nagasaki.

Después de eso, y ante el peligro del comunismo que cobró impulso expansivo tras el fin de la guerra, y ya en plena Guerra Fría, la potencia emergente, triunfador principal en aquella contienda, Estados Unidos, optó por desarrollar bajo un sistema capitalista, como efecto de demostración, a Alemania y a Europa occidental con el plan Marshall, como a Japón, con el plan Dodge, bajo la supervisión en este caso del propio General Douglas Mac Arthur.

Si bien, nosotros, los argentinos, como todos ya saben, nos hicimos los distraídos en esa Segunda Guerra, cosa que nos hicieron pagar, hoy, en los umbrales de erigirnos en un Estado fallido, como lo descerrajó el secretario Bessent, recibimos ese desembarco casi como unos derrotados en guerra. En nuestro caso con la singularidad de que los artífices de esa derrota somos nosotros, los mismos argentinos, que con ello le ponemos membrete a la caracterización de Bessent como tal Estado fallido, ya que una de las características de éstos es, precisamente, la imposibilidad del autogobierno.

¿Qué es lo que en la actualidad agrava nuestros problemas?, pues, la ausencia de estadistas. No hay un Ricardo Lagos, un Julio María Sanguinetti, mucho menos un Fernando Enrique Cardoso. De modo que ahora la responsabilidad recae en un borderline que, por eso mismo, atrajo a otro que anda por el mismo barrio, Trump, que decide tirarle un salvavidas. La pelota está en manos de Milei, por lo que lo que suceda en adelante va a ser su responsabilidad, si cabe esa palabra, en un semiimputable. El drama es que para donde rebote esa pelota nos mete a todos en la bolsa.

El otro gran inconveniente es el armado de un sistema político, por la sobrevida política de una persona que, a pesar de haber recibido un sinnúmero de derrotas y fracasos gubernamentales, sigue vigente en la conducción de un movimiento que, por eso mismo, obstaculiza toda organización que pueda servir de protagonista o ayuda en la superación del empantanamiento. Estoy hablando, desde luego, de Cristina Fernández, que no sólo impide la renovación peronista sino que también obstaculiza la organización de la oposición en general como para equilibrar la ahora hegemonía mileista, porque, mientras ella esté, nadie se va a acercar al peronismo en la tarea de organizar tal oposición por miedo a la mancha venenosa. Eso, como ya lo vimos alguna vez antes, coadyuva a mantener la hegemonía de Milei. Paradójicamente, según miremos, éste recibe, entonces, la ayuda vital de dos extremos: Trump y Cristina.

Mientras, en nuestra provincia, el sorprendente resultado electoral deja un panorama. no sé si alentador, el tiempo dirá, pero sí novedoso. Aparecen tres figuras nuevas como son los electos Senadores Nacionales, cerrando, ojalá así sea, un ciclo provincial caracterizado por el extenso lapso que habrá insumido los últimos 30 años de la vida de nuestra provincia. Tal el gobierno de los tres últimos gobernadores peronistas: Romero, Urtubey, Sáenz. Tres pecadores que se hacen los santos.

Una de estas nuevas figuras surgió de bajo el ala del saencismo-massismo, otra del olmedismo y una tercera con activa participación en organismos sociales preocupados por la calidad institucional. Hablo, claro está, de Flavia Royón, Emilia Orozco y Gonzalo Guzmán. El pecado original de las dos primeras puede salvarse, creo, con un chorrito de agua bendita.

Observaremos a estas tres figuras con atención, y con la esperanza de que hagan un aporte concreto para con una provincia que, a pesar de su potencial, sigue esperando, sin más, que Dios la ayude, ya que si fuese por sus gobernantes seguiríamos como hasta acá, es decir, esperando la ayuda divina.

Volviendo a la referencia que hicimos con los países perdidosos de la Segunda Guerra y nuestra calidad de casi ser un estado fallido, a diferencia de aquellos países que recibieron la ayuda interesada de los Estados Unidos, en aquel momento por la amenaza del comunismo en el contexto de la guerra fría, hoy, por la puja de los mismos Estados Unidos con China por la hegemonía en el escenario mundial, debemos tener siempre presente que no somos ni alemanes ni japoneses, con todo lo que ello significa, sino, como alguien dijo, una mezcla rara de tanos que hablan español y se creen ingleses, más una importante porción de árabes, a los que amigable y genéricamente llamamos “turcos”, más otra grande de judíos y demás yerbas. A pesar de todo eso no tenemos problemas raciales ni religiosos y convivimos, a pulmón, armoniosamente. Gran ejemplo para el mundo y gran punto a nuestro favor.