Jose Agüero Molina “Ser escritor tampoco es la gran cosa”

El escritor es autor de un centenar de libros, una marca histórica para Salta.

Roxana Kostzer

-Usted está a punto de publicar su centésimo libro, un hecho histórico para Salta; en tal contexto ¿cuánto significa en su carrera literaria?

-Más que el número en sí, que es una anécdota, el valor personal que tiene este libro es el de finalizar una saga muy compleja, que me llevó dieciséis años de trabajo. Dada la extensión que imponía el proyecto, nada menos que novelar los inicios de Israel, decidí dividirlo en cuatro libros consecutivos y cada vez que terminaba uno me parecía más difícil encarar el próximo. Es una casualidad que mi centésimo libro fuera justamente este, pero está bien, porque es cerrar una temática literaria que me llevó 25 años de investigación.

– ¿Se refiere a “El hombre
que contaba las horas”?

-Exacto. Ese es el nombre de la saga, la que como dije está conformada por 4 libros: el del escriba, el de las pirámides, el de la guerra y el de los dioses, narrando la vida de Hamadi, el maestro de Moisés, y la intrincada historia del pueblo hebreo desde su salida de Sumeria hasta instalarse por segunda vez en Canaán, creando la nación israelita. El tema es tan arduo e involucra tal cantidad de factores, que debí ser más puntilloso que de costumbre en la búsqueda y selección de textos, pues ni siquiera hoy resulta sencillo comprender a Oriente Medio; escribir estos libros me ha permitido ver con otros ojos la historia actual y analizarla por fuera de la propaganda, las leyendas y las suposiciones. Me ha resultado fascinante seguir la ruta de los semitas hasta nuestros días y ratificar, por ejemplo, que no son más que los sumerios; la diferencia del gentilicio obedece a que los antiguos habitantes de la Mesopotamia llamaban Sum al hijo de Noé, en vez de Sem.

-Quienes lo conocen bien, dicen que usted y Hamadi tienen mucho en común; cuéntenos si es cierta esa similitud. 

-Puede ser en algún sentido, pues por mucho que uno trata de no reflejarse en sus personajes, siempre existe resquicio personal que va a parar a la historia. Sucede que una novela se compone de cuatro planos esenciales: el personaje, el argumento, el tono y el tema. En orden de importancia y según mi experiencia, lo primero es el protagonista, pues un gran personaje sustenta una gran novela y no al revés. Lo segundo es el tema, que implica definir no solo las motivaciones más profundas del héroe, sino también qué es lo que más afecta su estructura psicológica: ¿la ambición? ¿el miedo? Mi tema personal es la soledad humana y el modo en que nos relacionamos con ella, por eso mis personajes se caracterizan por ser solitarios, reflexivos, estoicos; en ese sentido podría decir que Hamadi es un poco como yo, pues en la novela le llaman El Solitario. ¿Y el argumento? El argumento es lo de menos, aunque hay una manera simple de saber si es bueno: si no lo puedo explicar en veinte palabras es porque no lo tengo claro.

– ¿Qué sintió al escribir el punto final de una historia que le llevó tanto esfuerzo? 

Tristeza por la ancianidad del personaje, por el fin de su historia y, muy en especial, por su sensación de que nada de lo que hizo ha valido realmente la pena. Dicho en otras palabras: lo que ha logrado como personaje no le ha servido como persona, que es lo que muchas veces nos sucede en la vida real. Una novela de más de 1.000 páginas y casi dos décadas de trabajo implica incorporar muchas emociones propias, a las que luego hay que dar un fin. No es fácil salirse de lo que se ha vivido con tanta intensidad.

– Además de ser el escritor más prolífico de la Argentina, su taller literario publica cuatro ediciones por año. ¿Cómo se llega a eso en un país en el que todo cuesta tanto? 

-Escribir, como cualquier otra actividad en la que uno quiera tener éxito, requiere un esfuerzo planificado, un método eficaz y bastante disciplina financiera, al punto que quienes participan de las cuatro ediciones del año y venden un mínimo de 10 libros de cada una, consiguen que tanto el taller como las publicaciones les salgan gratis. Nuestro grupo publicará 10 títulos más hasta diciembre de 2027 y eso ya está organizado, es solo cuestión de trabajar. ¿Sabe qué pasa? Disiento con la imagen típica de los intelectuales que se creen seres iluminados, especiales, casi mesiánicos, gente diferente a la demás. Sin embargo, ser escritor tampoco es la gran cosa: un jardinero hace por la humanidad más que una generación de escritores. Lo que pasa es que el avance tecnológico permite que cualquiera se crea un escritor publicando frases en las redes, o escribiendo un poemario cada década. Para mí, lo que lo define como escritor es su trayectoria: no me puedo llamar arquitecto porque una vez arreglé una pared de mi casa. Tampoco puedo salir a dictar talleres literarios porque fui un par de meses a ver uno. La gente de mi taller trabaja duro todo el año por su propia carrera literaria, sin dejar espacio al “después lo hago”. En 20 años no hemos perdido una sola clase, jamás llegué tarde; eso es parte de lo que enseño, pues parecer, cualquiera parece. Nosotros trabajamos para “ser”.

– Ciertamente, su taller es reconocido ya en diferentes lugares del mundo. ¿Cómo es esa experiencia? 

Es maravillosa. Nuestro taller cambió para mejor cuando ingresaron las primeras escritoras colombianas con su humor, dulzura y enorme talento. La gente de México, Venezuela, Costa Rica, República Dominicana, en fin, cada cual aportó lo suyo y en vez de ser un grupo en el que alguien enseña, todos aprendemos de todos. Hemos tenido escritores de 24 países, siempre en habla hispana, africanos, europeos y de toda América. Lo menos que puedo decir es que resulta una experiencia muy enriquecedora en múltiples sentidos.

– ¿Cuándo y dónde se realizará la presentación de “El libro de los dioses”?

El 16 de julio, a las 19 horas, en la sala Mecano de la Casa de la Cultura de Salta.