Fiesta de 15 con lista cerrada, Se coláron a los golpes

 

En Bahía Blanca, donde la tradición de los 15 todavía es cosa seria, una madre pagó caro la osadía de armar lista de invitados sin consultar al barrio entero: la molieron a cañazos en pleno colectivo 518 por no invitar a las chicas de la cuadra a la fiesta de su hija. El protocolo del festejo, al parecer, exige no sólo salón, DJ y mesa dulce… sino también inclusión territorial obligatoria.

La víctima, Mayra Coronel, venía acumulando entre ocho y nueve denuncias previas por amenazas. Pero la justicia, que parece más lenta que servicio de catering un sábado a la noche, decidió no actuar. Resultado: un “piñata humana” improvisada en el transporte público, con fractura de cráneo y nariz fisurada como souvenirs de la fiesta que no fue.

“Me rompieron la cabeza con un caño”, dijo Mayra. O como se diría en lenguaje de eventos: “Me hicieron cotillón humano sin mi consentimiento”.

El drama barrial arrancó porque la hija de Mayra no invitó a las muchachas conflictivas de Villa Talleres a su debut en sociedad. Un error de cálculo: no sabían que en Bahía Blanca la venganza es un postre que se sirve frío… y a bordo del 518.

La justicia, imperturbable como un DJ que repite “La Tonta” de Jimena Barón a las cuatro de la mañana, sigue calificando el ataque como “lesiones leves”. Al parecer, fractura de cráneo y nariz fisurada no alcanzan para subir la categoría a “evento grave”. Quizá esperen que la próxima no invitación termine con una piñata literal con la homenajeada adentro.

Mientras tanto, Coronel pide justicia —o al menos un protocolo claro: ¿hay que invitar hasta las amigas de la prima del kiosquero para evitar represalias? ¿Hace falta repartir pulseritas de ingreso a toda Villa Talleres?

En tiempos donde la inflación encarece hasta el confeti, ya ni la lista de invitados puede ajustarse sin riesgos. En Bahía Blanca, las fiestas de 15 salieron del salón y entraron en la crónica policial.