Qué imaginarios sociales actuales giran en torno a la frase “Los hombres no lloran”. Qué piensan ellos sobre las minúsculas gotas que brotan de sus ojos. (Andrea Sztychmasjter)

Instrucciones para llorar

Julio Cortázar

Dejando de lado los motivos, atengámonos a la manera correcta de llorar, entendiendo por esto un llanto que no ingrese en el escándalo, ni que insulte a la sonrisa con su paralela y torpe semejanza. El llanto medio u ordinario consiste en una contracción general del rostro y un sonido espasmódico acompañado de lágrimas y mocos, estos últimos al final, pues el llanto se acaba en el momento en que uno se suena enérgicamente. Para llorar, dirija la imaginación hacia usted mismo, y si esto le resulta imposible por haber contraído el hábito de creer en el mundo exterior, piense en un pato cubierto de hormigas o en esos golfos del estrecho de Magallanes en los que no entra nadie, nunca. Llegado el llanto, se tapará con decoro el rostro usando ambas manos con la palma hacia adentro. Los niños llorarán con la manga del saco contra la cara, y de preferencia en un rincón del cuarto. Duración media del llanto, tres minutos.

El feminismo también ha propiciado un debate necesario sobre el lugar que las emociones ocupan en las sociedades actuales. Para el caso de la teoría respecto a las nuevas masculinidades, la exteriorización de las emociones en los hombres, los cánones y estereotipos de feminidad y masculinidad, así como la conformación de identidades sexuales, van abriendo nuevos escenarios de reflexión y debate.

Hace algunos años un grupo de hombres con los que trabajaba –que abiertamente decían acompañar la lucha feminista (pero en la praxis no)- se burlaban de esta concepción de romper con parámetros de la masculinidad tradicional. Del “supermacho” (en privado) al hombre sensible, era para ellos un camino que no negociaban recorrer, por el contrario era un lugar de burla y sorna.

Conversamos con otros hombres que a diferencia de aquellos no tienen miedo de hablar públicamente sobre sus emociones sobre el camino que van recorriendo. Las impresiones sobre las respuestas que emitieron son variadas pero en términos generales demuestran que cada vez más hombres se animan a desterrar de sus vidas ciertas imposiciones, mandatos que también los hicieron sufrir de niños y con los cuales y gracias al feminismo ahora ya no negocian.

 

 

Por qué cosas lloran los hombres

René (35) contó que la última vez que lloró fue hace un mes, el día que consiguió algo de plata para sobrevivir y pagar las cuentas. Lloró solo en su cuarto y a oscuras, le cayeron algunas lágrimas y se escuchó algún suspiro entrecortado. Lloró por su situación particular pero también por sentirse parte de un sistema excluyente. Respecto a la consulta sobre qué piensa de la frase “los hombres no lloran”, respondió: “Está mal. Biológicamente todas las personas lloramos por necesidad. Por ende es una imposición cultural de los opuestos. La mujer llora, el hombre por oposición entonces no”. Además consideró que a su modo de ver “las mujeres lloran más que los hombres porque tienen más conciencia de sentimientos”. Describió que es urgente un cambio de conciencia para inculcar a niñxs otra forma de vivir.

Ramiro, respondió: “La última vez que lloré fue cuando internaron a los 6 meses a Lunita, mi hija que en diciembre cumple 4 años. Una infección urinaria la tuvo a maltraer y tuvo que ser internada en el HPMI porque estaba deshidratada. Allí estuvo 3 días y luego le dieron el alta, situación que empeoró a la semana por lo que debimos internarla nuevamente. El dolor e impotencia que causa tener una hija, en este caso, internada viéndola totalmente indefensa y con agujas por sus brazos, fue un dolor difícil de explicar”.

A su vez explicó que la frase “Los hombres no lloran”  es una “vieja frase, es una imposición que está siendo totalmente desterrada y que es una muestra fehaciente del machismo con el cual fuimos criados. Recuerdo cuando era chico que si llorabas por x motivo delante de tus hermanos, primos y amigos, eras blanco de burlas bastante fuleras. La verdad desconozco si los hombres lloramos más que las mujeres, pero sí creo que existe una sensibilidad con mayor presencia y sin temor a expresarla por lo antes mencionado. En cierta forma las campañas y los nuevos paradigmas de cambios sociales en nuestras comunidades, están generando conciencia, y a decir verdad, en mi caso, poco me importa lo que piensen los demás de mí. Si tengo ganas y necesidad de llorar, lo hago”, describió.

 

Fabricio (22) contó: “Si hablara desde mi carácter individual, diría que sí, que sí lloran. Pero desde mi experiencia con amigos y conocidos, no todos lo hacen. En casos particulares solo han llorado por futbol, en la mayoría de los casos en el noviazgo como la terminación de uno o como el engaño durante este en estados de ebriedad o no. En otros casos  por política, por el abandono de sus hijos. Entre otros por el fallecimiento de familiares o amigos. Algunos no han llorado por nada”.  No quiso decir cuándo fue la última vez que lloró pero si recuerda el por qué: “por indiferencia”.

Sobre la histórica frase respondió: “Es algo que se nos ha dicho desde que somos niños, y en esa etapa mayormente se busca aceptación y hace que termines entrando en un grupo que practica el bullying o si bien no entras en esos grupos se termina siendo víctima. Ha medida que se va creciendo esta frase sirve como condicionante ya que ha quedado infundido desde  niños por parte del círculo familiar, de amigos y hasta de los mismos docentes, que hacerlo es símbolo de debilidad”. Además describió que cree que las mujeres lloran más que los hombres “Porque he visto más llorar a mis conocidas y amigas que a los otros”.

Ale, músico veinteañero, comentó que la última vez que lloró fue hace unas semanas mientras mantenía una charla con su madre “esas charlas contadas con los dedos de las manos”.

“Los hombres no lloran me parece una frase retrógrada de un tiempo en el cual los hombres que lloran demuestran debilidad. La frase es obsoleta. No tiene relación la debilidad de una persona con el hecho de llorar”, describió y agregó que “las personas somos seres irrepetibles pero si  hay algo en lo que somos todos iguales es que sentimos”.  “Me ha pasado de vivir situaciones dolorosas y no volcar una lagrima pero de golpe ponen un tema en la radio que me remonta a un momento de mi vida o me dice algo de alguna forma melódica y me genera el llanto”, mencionó.