Martín Pérez volvió a ser noticia. Es el juez que estuvo a cargo de la investigación del crimen de las francesas y que acaba de dejar en libertad a “Chicho” Mazzone, el exjefe comunal de El Bordo juzgado por abuso de menores. (M.A.)

A muchos sorprendió el impacto generado por la salida del documental sobre el crimen de las investigadoras francesas. Algunos raudamente llegaron a señalar que se confirmaba que “hijos del poder” estaban involucrados. Otros, los más prudentes, lo tomaron con cautela e incluso advirtieron la falta de rigor en la investigación que se mostraba. Los más agudos, en cambio, observaron que la muerte de HouriaMoumni, CassandreBouvier, y las circunstancias que rodearon el caso son todavía una historia inacabada y que las irregularidades cometidas por miembros de la justicia y la policía provincial eran reavivadas con la salida del film.

Mientras el revuelo crecía, empezó a circular una fotografía que tenía como figura central a un personaje seriamente comprometido: Martín Pérez. El cuestionado juez de Instrucción del caso más resonante de los últimos años, no aparecía en su rol de jurista sino como parte de un selecto grupo que terminaba de jugar al golf en La Loma, acompañado por personalidades de la talla de Miguel Isa, vice gobernador o Kiki Zamora, empresario conocido por dirigir la afamada marca de vinos, “Finca Las Moras”. La foto no solo llamó la atención por sus reconocidos compañeros del exclusivo deporte sino también porque salió justo en momentos donde crecía la atención sobre el controvertido caso que él instruyó.

Sumado a esto, otro hecho significativo lo tuvo como protagonista días atrás. Fue en el marco del juicio que se realizaba contra el exintendente de El Bordo, Juan “Chicho” Mazzone, quien fue dejado en libertad al ser condenado a tres años de prisión condicional por el delito de corrupción de menores. Esta vez, también, Pérez fue protagonista pero no fue resaltado por los medios pese a ser uno de los magistrados responsables de la vergonzosa sentencia.

Si algo caracteriza a Martín Pérez es tener resoluciones judiciales que poco incomodan al poder. Se trata de un hombre de probados pergaminos de fidelidad y vínculos con el mundo de la política. Fue nombrado Juez de Instrucción en 2002, cuando terminaba el ciclo romerista gracias a su cercanía con Gustavo Ferraris (es su primo), actual miembro de la Auditoria, en ese entonces secretario de Seguridad y luego colocado en la Corte Suprema de Justicia.

Por esos tiempos los Jueces de Instrucción se relacionaban directamente con la policía, una policía que se había descontrolado tanto que era conocida a nivel nacional por haber consolidado una impronta brutalmente represiva. Encerrado en los pasillos judiciales y las comisarias, Pérez se movía de acuerdo a los designios de su primo Gustavo, quien tenía bajo sus órdenes a ésta brava policía que tenía a las comisarias como centros de salvajes golpizas.

Según fuentes cercanas, era un tipo de bajo perfil muy respetuoso y sin atisbos de indisciplina. El perfil extremadamente bajo lo mantuvo hasta el momento de hacerse cargo de la investigación de las francesas. En este caso acumuló todos los elementos para ser un tipo cuestionado ya que tuvo que poner la cara por cuestiones demasiado sospechosas: torturas policiales a los lugareños, cambio en la fecha del deceso de las muertes, el armado de la escena del crimen, el ADN encontrado por la justicia francesa que no coincide con el de los acusados. Todo eso convalido con su firma.

No le importó la lluvia de cuestionamientos que había ni las posibles consecuencias. Así cerró una Instrucción llena de irregularidades y elevó a juicio la causa sin desviarse de la versión oficial de que los culpables del doble crimen eran lugareños. Claramente trato de acomodar todas las pruebas (aunque fuesen poco contundentes).

Pérez ocupó el cargo de Juez de Instrucción hasta que el gobernador Juan Manuel Urtubey decidió ascenderlo a camarista a mediados del 2013. Pasó 11 años en ese lugar.  El ascenso, al cargo de Juez de la Cámara Primera en lo Criminal, se concretó dos días después de elevar a juicio oral la causa de las francesas, evidenciando que hacerse cargo de tamaña cuestión no había sido gratuito.