Teología Teórica, Teología Científica, Teología Popular y el conocimiento en el pensamiento indígena.

Andrea Sztychmasjter 

Foto: Walter F

 

En el libro «las religiones nativas» Elisabeth Lanata publica el diálogo de Kusch (pensador y escritor) con un misionero (Emery Molina) y un teólogo (Orlando Yorio). Ese diálogo contiene una reflexión sobre la religiosidad popular desde una perspectiva fenomenológica (más allá de la psicología religiosa y de la sociología de la religión indígena de la época y de la teología católica y protestante vigente al momento) que devela la actitud religiosa como sustrato de la cultura popular en los cerros o en la ciudad.

(…) Esta teología indígena, además, es real, al menos maneja realidades teológicas espirituales y aunque quienes lo hagan sea hechiceros. Nosotros, en la teología occidental somos teóricos a veces, no es entonces una teología verdadera: es una teoría. Teología verdadera es cuando asume efectos teológicos en la realidad. Partamos ahora de los espíritus. Es muy inteligente la pregunta que le hizo. Cuando él le preguntaba si creía en «la fuerza de los montes», le estaba preguntando, en realidad, si era alguien que le venía a hablar de una teología teórica, o si era alguien que le venía a hablar de cosas reales, que tenían importancia en la realidad de la vida. Sucede con nosotros en la teología científica que, a veces, es la negación de lo teológico, porque prescinde de la intervención real de esas fuerzas espirituales. Ellos, en cambio, en todo lo que hacen hay una intervención real de esas fuerzas. Incluso las perciben. Lo malo sería que traten de manejarlas, es decir, que no hubiera un diálogo libre con ellas. La hechicería consiste en querer dominar esas fuerzas, o querer dominar a Dios. Lo religioso consiste en, por medio de gestos, comunicarse con Dios, no dominar o dominarlo, sino tener una libre alianza, un intercambio, al mismo tiempo que ser protegido tener un acto de amor hacia Dios, un acto de amor hacia los hombres y de defensa del pueblo y, esto para que el pueblo pueda progresar y pueda avanzar. Las prácticas teológicas occidentales, tal como se dan en nuestras ciudades, no pasan de ser simples problemas psicológicos y no implican la creencia formada con el manejo de los actos espirituales.

………: Es que falta la vivencia. Hay una influencia de la filosofía griega que ha separado las cosas. Cuerpo y alma, aparece con la traducción.

………: El liberalismo influye también.

………: Tenemos que aprender ese valor de experiencia que se le da a lo espiritual. Ellos consiguen efectos reales modificatorios de la realidad, por ejemplo, el de tener cierta higiene o salud en las relaciones humanas. En el sentido de sanidad, o armonía. ¿Hasta dónde se crea armonía con esos rituales? Quizás ellos puedan crear situaciones rituales como entre los tobas, que curan cantando. Esto crea una situación armónica, tranquilidad. Hay efectos naturales y presencia de fuerzas especiales de la naturaleza.

………: Lo ético es más profundo cuando es ritualizado. Da más salud.

………: En el último término los hombres somos ritualistas. El acto conyugal, por ejemplo, se convierte en rito, si no pierde salud. Lo mismo el baile.

………: El baile siempre participa de la religión en Bolivia. No hay bailes específicos.

Yorio en su dialogo con Kusch en “Religiones nativas” se refiere a una teología popular, donde el pueblo es el sujeto de la teología, es el que hace la teología; a diferencia de la teología científica, aquella que se plasma a partir de la racionalización. El teólogo en cambio plantea el camino inverso, situarse en el pueblo y desde allí comprender la relación de mujeres y hombres con dios. Yorio plantea que todos los símbolos relacionados a las religiones y rituales están vinculados precisamente con la vida y las necesidades de los hombres y mujeres, y de esta manera lo sagrado se vincula con la vida misma. Es esto a lo que denomina “teología verdadera”, en contraposición a la teología científica y teórica. 

Según Kusch en “Pensamiento Indígena y Popular en América”, el problema del conocimiento desde el punto de vista occidental tiene cuatro etapas: una realidad que se da afuera; un conocimiento de esa realidad; un saber que resulta de la administración de los conocimientos o ciencias y una acción que vuelve sobre la realidad para modificarla.  El autor señala que para occidente la realidad está cargada de objetos, mientras que para el mundo indígena no es así. El registro que el indígena hace de la realidad es la afección que ésta hace sobre él, antes que la simple connotación perceptiva. 

El autor señalará que el indígena no participa de la irrupción de la realidad. No ve afuera la solución a sus problemas. Define así al “pensamiento filosófico indígena” como “pensamiento seminal”. Esta noción despliega la contraposición entre dos modos de pensar y vivir, uno occidental, denominado “causal”, y otro indígena, identificado como “seminal”. Lo seminal se contrasta con lo causal, lo moderno y lo actual. Indica Kusch en El pensamiento indígena y popular en América refiriendo al pensamiento causal que: “Se reduce a un riguroso solucionismo, consistente este en un credo sobre la modificación de las partes, regido por un criterio analítico, cuantitativo y causal, respaldado, a su vez, por la urgencia de un quehacer constante”. 

En el pensamiento seminal yace la lógica original indígena del pensamiento popular. El pensamiento seminal más afectivo que el pensamiento causal occidental, se concreta a una negación de todo lo afirmado, en lugar de afirmar, como lo hace el pensar causal europeo. El pensar seminal se da en términos de contemplación y de espera y busca conciliar los extremos a que se reduce en el fondo la experiencia misma de la vida.

Kusch sostiene que “la distancia entre Occidente y América es la que media entre el pensar culto y el pensar popular”. El pensar occidental abstrae. Es un pensar sin realidad que no refiere a “esto creo”; depende de los argumentos (del ser) y no de la fe (el estar); por eso carece de acción. El pensar popular, en cambio, actúa y toma posición. Al pensar popular le interesa instalarse en el “estar no más” y lograr así un equilibrio y armonía existencial. El pensar popular se manifiesta en un estilo especial: el rito y los símbolos. “Las cosas llevan un no colgado al cuello”, dice Kusch: “En suma, existo, luego pienso y no al revés. Primero se da la posibilidad de ser y luego pienso (…) No pienso por pensar, sino que pienso como proyecto”.