Contrató un servicio sexual: Quiso el placer, no el precio

 

Al parecer, el romanticismo exprés también tiene tarifa. Y si no se paga, puede terminar en la comisaría. Eso le pasó a un hombre salteño de 36 años que, tras una noche de pasión tarifada, decidió que el amor no tiene precio… o al menos no los $25.000 que había prometido desembolsar.

El episodio ocurrió a las 3:30 de la madrugada en una casa de calle Martín Fierro. Hasta allí llegó una trabajadora sexual, también de 36 años, convocada por el caballero para prestarle sus distinguidos servicios. Pero cuando todo terminó y llegó la hora menos poética —la de pagar— el cliente optó por hacerse el distraído. Según la mujer, el hombre se negó rotundamente a entregarle el dinero acordado. Indignada por el “cuento del tío” sexual, llamó al 911 para denunciar la situación.

Los policías acudieron creyendo que iban a intervenir en un drama familiar, pero la realidad era bastante más literal: “No me quiere pagar el servicio que contrató”, explicó ella sin vueltas.

Ni el amor, ni el efectivo aparecieron. Los agentes intentaron mediar, pero el galante infractor seguía firme en su negativa a pagar los 25 mil pesos de deuda carnal. La mujer fue escoltada a la dependencia policial para hacer la denuncia formal por estafa, figura con la que quedó caratulada la causa.

Desde la fuerza aclararon que, más allá de las circunstancias de la prestación, cualquier ciudadano tiene derecho a que se respeten los acuerdos… incluso los firmados de palabra y en sábanas ajenas.

Moraleja: en tiempos de inflación, hasta el amor tiene recibo. Y si no, hay denuncia penal.