Un médico salteño que trabaja en Buenos Aires relató la odisea que tuvo que vivir para regresar a la provincia y como pasa sus días aislado en un hotel céntrico. Falta de comunicación, ninguneo y destrato por parte del COCS, fueron algunas de las situaciones denunciadas. (Nicolás Bignante)

 

Ignacio Saavedra es salteño. Vive en cercanías del Dique Cabra Corral en Coronel Moldes y hacía 72 días que venía trabajando en un operativo en Baradero, provincia de Buenos Aires. Como médico, trabaja para una empresa de servicios prehospitalarios, en la que se encargaba de supervisar a 30 trabajadores para evitar contagios de COVID-19 y otros accidentes. Hace poco más de una semana, su jefe le informa que la obra había concluido y que debía retornar a su hogar, dado que el próximo operativo podía darse en semanas o en meses. Desde ese momento comenzó a gestionar su regreso a casa.

Ignacio cuenta con un permiso de circulación nacional, dado que la empresa en la que trabaja tiene sedes en varias provincias de la Argentina. No obstante, para ingresar a Salta precisaba de la autorización de la Central Operativa de Control y Seguimiento (COCS), lo cual intentó tramitar por diferentes vías. Además de consultar directamente al COCS, llamó a las líneas oficiales habilitadas, envió mails, pero no obtuvo respuesta alguna a su petitorio. El lunes pasado, las autoridades de la empresa le informan que todos los trabajadores debían volver a sus hogares y, al no contar con alojamiento en la provincia de Buenos Aires, decide emprender viaje.

Previamente, tanto él como sus compañeros, fueron sometidos a pruebas PCR que dieron negativo. No es poca cosa, tratándose de un grupo importante de personas trabajando en el corazón de la pandemia. Con los resultados en mano, pero sin respuesta alguna del COCS, comienza a atravesar el país rumbo a Coronel Moldes.

-¿Te comunicaste con el COCS o con el COE?

«Desde (Cnel.) Moldes me dijeron que me comunique con el COCS. Pasé por todas las provincias y me decían ‘pase doctor’. En Salta comenzó el maltrato. El tema es que cuando llego a Metán, la Policía Vial tuvo un maltrato terrible. Me pedían el permiso del COCS. Traté de explicarles mi situación, pero no me entendieron. Me tuvieron cerca de 24 horas en la banquina, con frio, sin agua, comida, señal, ni batería para el celular… nada», relata Saavedra.

«El personal no me respondía nada. No me querían contactar con la gente del COCS porque no disponían de señal de teléfono. Con otros varados que había por ahí, logré subir una foto a Instagram contando lo que pasaba. Después de que mis familiares la viralizaron, parece que se movieron algunos hilos y me dejaron pasar», añade.

Al llegar a Aunor, lo primero que tuvo que responder fue por qué llegaba a ese horario (eran las 20:00 y los ingresos sólo pueden realizarse hasta las 18:00). «Me trataron como si me estuviera escapando», describe. Tras una larga discusión con los inspectores del acceso a la ciudad, Ignacio logra ingresar escoltado por una caravana de policías.

 

Confinamiento cero estrellas

 

Al llegar al Hotel Shauard, en el centro de la Capital salteña, comienza otra serie de irregularidades. «Para empezar no me hicieron ninguna sanitización en el ingreso. Entré al hotel que supuestamente está habilitado para recibir pacientes de este tipo y no me sanitizaron, no me tomaron la temperatura, no desinfectaron mis objetos personales, nada. Además, el hotel no tiene estacionamiento propio, así que me mandaron a dejar la camioneta a un estacionamiento particular, donde la gente no tenía idea de normas de bioseguridad, nada», contó Saavedra a Cuarto Poder.

«Cuando ingreso al hotel, llego a la habitación y el baño estaba lleno de bellos púbicos, entre el inodoro y la pared había orina seca… algo que va más allá del coronavirus, directamente tiene que ver con saneamiento ambiental», alude. «Abro el frigobar para dejar mi botella de agua y había alimentos en estado de putrefacción. Me quedó la habitación invadida de olor y no podía siquiera abrir las ventanas. Se trata de un hotel habilitado…», se lamentó el médico.

La particularidad del caso reside en que se trata nada menos que de un profesional de la salud abocado a los trabajos y a los protocolos de prevención de COVID-19. Desde la Central Operativa de Control y Seguimiento, comandada por la ministra Medrano, no hubo nadie que se molestara siquiera por analizar su situación. Para colmo de males, el chiste no le estaría saliendo nada barato.

-¿Seguís en el hotel?

«Yo sigo acá porque hasta el día de hoy no hay nadie del COCS que se haya comunicado conmigo para ver siquiera si estoy vivo. Por el único motivo que sonó el teléfono de mi habitación, fue para preguntarme cómo iba a pagar. Quieren que pague 2 mil pesos por dia durante 17 días (son 14 días de cuarentena, más un el tiempo que lleve tener los resultados de un nuevo testeo que, por cierto, también debe costear por su cuenta). ¿De dónde voy a sacar 50 mil pesos para pagar todo esto?».

En esas idas y vueltas, Saavedra tuvo que soportar el trato del personal policial que describió como nefasto. «Lo que siento es que, de controles epidemiológicos, no hay nada. Hay muchos intereses económicos de amigos del poder. Imaginate que, si el COCS hubiera atendido mi demanda, con dos dedos de frente, lo mejor que pudieron haber hecho era mandarme a mi casa en Moldes. Pero no, a ellos les interesaba que yo venga acá y pague», denunció.

Por último, el profesional destacó a este medio que, de no resolverse el asunto en los próximos días, partirá rumbo a otra provincia donde ya consiguió alojamiento a través de su empresa. «Si no se resuelve mi situación, yo agarro mi maleta y me voy de la provincia. No puedo estar en estas condiciones. En este hotel estoy más expuesto que en la provincia de Buenos Aires donde estuve trabajando», concluyó.

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