La defensa de un imputado ofreció 67 fotos de la cámara de las turistas asesinadas que demostrarían actividad nocturna antes del crimen, contradiciendo la investigación policial. En el expediente original algunas fotos no estaban incorporadas. Dos policías figuran como civiles en un acta de secuestro. (Maximiliano Rodríguez)

La séptima jornada de juicio oral comenzó como si fuera lunes. El feriado a mitad de semana por la guerra de Malvinas dejó a este jueves como una suerte de segundo comienzo. Suman diez los testigos para este día. Todos policías. En el arranque de este séptimo día pidió la palabra el Dr. José Vargas, abogado de Santos Clemente Vera, con el fin de aportar al debate una prueba que días pasados había anunciado que introduciría en el juicio.

Lo que aportó la defensa del acusado es una importante cantidad de material fotográfico, que sería de la cámara de Houria Moumni. En total se trata de 67 fotografías que llegaron –según indicó el codefensor- al estudio jurídico en “forma anónima”. La fiscalía pidió días para examinar esas pruebas y definir si apoyaba su incorporación o no al debate oral. La querella tomó igual camino que el fiscal, aunque adelantó que inicialmente no se opondría a la incorporación. El Dr. Bernardo Ruiz (vocal de la Sala II) pidió que se argumente la “pertinencia y utilidad” de estas pruebas, tal como lo solicita la normativa. El abogado Roberto Reyes –codefensor de Vera- explicó que estas fotos muestran parte de la actividad de las víctimas en días previos al crimen y complementarían la investigación inicial de la Brigada de Investigaciones. Se trataría de fotografías que muestran actividad nocturna de Cassandre y Houria, algo que no pudo detectar la policía en 2011. Según dijo el letrado, las fotos fueron entregadas en el estudio jurídico el viernes 29 de marzo de 2014 a las 17 horas dentro de un sobre.

También en este séptimo día, el Dr. Marcelo Arancibia, defensor de Daniel Vilte, pidió que se desestime la presentación de un total de 36 testigos ofrecidos por esa misma defensa. La propuesta fue inicialmente aceptada por las partes restantes ante la consulta del Presidente del Tribunal, Dr. Ángel Longarte.  Al igual que en las jornadas previas los familiares de las víctimas son los primeros en ingresar a la sala. Enfrente a ellos y a mano derecha de los jueces, están los acusados. La diferencia entre los juzgados parece una premonición. Mientras Daniel Vilte y Santos Vera están sentados juntos y son custodiados a ambos lados por dos agentes penitenciarios, el principal acusado y sobre quien pesa la mayor cantidad de pruebas, Gustavo Lasi, está separado de estos dos por un metro. Un escalón en la sala lo ubica unos centímetros por arriba de los otros imputados. Sus abogados delante de él. Gustavo Lasi es protegido por tres efectivos del servicio penitenciario. A las 9.43 arrancó el debate y se escuchó a los testigos.

Nada de ricos y famosos

El Comisario Inspector Héctor Vázquez era Jefe de Seguridad Personal (homicidios) en 2011. El oficial fue uno de los responsables de la investigación que concluyó en los tres procesamientos y en este juicio oral. “Uno de los trabajos fue determinar los lugares del acceso al mirador. Uno de los accesos es por el barrio privado Buena Vista. Es más corto, pero más empinado, más difícil de acceder, que el ingreso habitual (por la quebrada-explotación de Puma Expeditions)” explicó ante el tribunal.

Además el comisario graficó el desconcierto policial de entonces: “al principio no teníamos ningún tipo de indicio. Posteriormente se trabajó con los teléfonos (celulares) y allí se desencadenó todo. Nos llevó a los allanamientos” del 6 de agosto de 2011 en casa de la familia Cañizares donde se secuestra el teléfono celular y la cámara fotográfica, en poder de la novia de Gustavo Lasi. De las detenciones previas de Francisco Tejada, Nelson y Daniel Vilte, y de cómo llegaron a ellos no dijo nada. Eso se armó después. Hasta esta parte los abogados de la querella notoriamente se encontraron cómodos con el resultado de la investigación inicial y con los acusados juzgados en este juicio oral.

Sus preguntas constantemente apuntan a remarcar la línea de investigación policial que tanto convenció al juez Martín Pérez y al poder político de entonces. Los jueces y los defensores son mucho más inquisidores a la hora de preguntar y buscar la verdad de los hechos. En este marco, el policía sentenció que “no hubo otro elemento de prueba como para direccionar un sentido diferente al de este juicio”. Para la Brigada de Investigaciones todo está muy claro. Las dudas de los familiares y de muchos salteños a ellos en nada cambió. Las detenciones de gente sin poder siempre son más convenientes y fáciles que andar indagando entre grandes casonas e hijos de la alta sociedad. Las pruebas a medida, los plomos sospechosos plantados en la escena del crimen, las torturas a los detenidos y toda la inconsistencia de la investigación aparecen cómo una regla general.

Más voces

Sergio Suarez apenas declaró diez minutos ante el tribunal. En julio de 2011 era segundo jefe de la Unidad Regional 1 y aportó una imagen clara de la mañana posterior al día del hallazgo de los cuerpos.  De su declaración surgió que en la mañana del 30 de julio de 2011, la policía trabajó minuciosamente en la búsqueda de evidencia física en el lugar. Su declaración puso aún más en tela de juicio el milagroso hallazgo de dos proyectiles en la escena del crimen, tres días después de encontrados los cuerpos de las turistas.

Sin aportar mucho y también con una breve declaración, pasó ante el tribunal René Guanca, quien sólo participó de un allanamiento a la casa de la abuela de Gustavo Lasi. Su testimonio fue incluso menor a los diez minutos. Tampoco aportó mucho el segundo jefe de Robos y Hurtos de la Brigada de Investigaciones, Víctor Saiquita. El oficial participó de un sobrevuelo en helicóptero sobre el lugar del hecho. El testigo sólo pudo aportar que se llegó a avistar distintas sendas en el sector que podrían conducir a la zona del mirador de San Lorenzo. Aún menor fue el aporte que pudo hacer el sargento Cristian Condorí. El suboficial participó de una comisión policial que se entrevistó con la abuela de Gustavo Lasi, Juana Sarapura. Pese a participar en uno de los casos más importantes de la historia criminal salteña, Condorí no recordaba nada de sus actuaciones. Pasó el testigo por la sala. Nada más.

Retiro de las víctimas

En la séptima jornada de juicio oral declaró por primera vez uno de los bomberos que participó en el levantamiento de los cuerpos en la zona del mirador. El bombero que prestó su declaración testimonial fue el oficial auxiliar Héctor Delgado, perteneciente a la policía provincial. “Llegamos a las 21 al mirador, llevamos guantes, grupo electrógeno, cuerdas, bolsas, camillas. Entre las 21 y la 1 trabajó criminalística. Creo que a la 1 am hicimos el levantamiento de los cuerpos”, relató el bombero. El joven contó que al momento de arribar a la escena de crimen lo hicieron junto al personal de Criminalista, por lo que debieron esperar que terminen estas pericias iniciales.

En la cima del cerro ya estaban entre otros Martín Pérez y Aldo Saravia (Secretario de Seguridad de la Provincia). Ante las consultas de los magistrados, Delgado explicó cómo se procedió una vez ordenado por el juez el levantamiento de los cadáveres. “El protocolo es tomar el cuerpo por los brazos e ingresarlo en una bolsa por la cabeza, para luego subirlo a la camilla. Posteriormente son depositados en el vehículo de traslado (morguera). Tuvimos que atarlos por lo escarpado del terreno”, relató. En total fueron cuatro los bomberos que participaron del levantamiento de los cuerpos. Eran dos efectivos por cada camilla y tardaron una hora en bajar los cadáveres desde la quebrada de San Lorenzo. El testigo indicó que fue costosa la tarea de descenso y que debieron detenerse en varias oportunidades, porque sus fuerzas se agotaban con frecuencia. Retirar los cuerpos de las victimas del lugar les fue muy dificultoso en medio de la oscuridad y del terreno escarpado.

Policías civiles

El caso del sargento ayudante Dante Ceballo y el sargento Jorge David Chilo son otro botón de muestra de cómo a veces la policía investiga sin representar el largo brazo de la Ley. Estos firmaron un acta de secuestro como testigos civiles. Una irregularidad manifiesta en un caso de suma importancia. Así lo reconoció incluso Ceballo ante el tribunal en esta séptima jornada de juicio oral. Era parte de la División Seguridad Personal (homicidios) y participó en la mañana del sábado 30 de julio de 2011 en los rastrillajes en la escena del crimen. Apenas habían pasado unas horas del hallazgo de los cuerpos y toda la quebrada de San Lorenzo tenía prohibido el acceso al público. La imagen del juez y miembros del CIF fueron tapa de los diarios en esa jornada y posteriores. En ese momento fue cuando se secuestró desde el mirador un chip “de la empresa personal”. Sobre esta acta de secuestro preguntaron puntualmente las partes. En ella figuran como testigos Ceballo y Chilo, pese a que ambos eran policías que participaban del rastrillaje.

En ninguno de los dos casos se aclaró en el acta que eran policías. Apenas figuran con sus datos personales, como si fueran testigos civiles que daban fe del secuestro. “Cuando vi el chip el suboficial principal ya lo tenía en la mano” dijo Ceballo. El sargento que figura en el acta de secuestro como testigo civil reconoció su firma ante los jueces. Idéntica situación la del sargento Jorge David Chilo, quien por entonces también prestaba servicios en homicidios y participó del rastrillaje del cual luego dio fe como testigo. El abogado defensor de Gustavo Lasi dispara la pregunta: “¿es común que se omita en el acta de secuestro que Ud. es personal policial? La respuesta del policía ante el tribunal incluyó la palabra error: “puede haber sido un error de quien redactó el acta”. Un error no, dos errores. El sargento si pudo aportar el nombre de quien habría cometido el olvido de no aclarar la particular condición de los testigos. El oficial Martin Flores Saravia sería quien labró el acta con los dos testigos “policías-civiles”.

No los vi

Uno de los testimonios más interesantes de la jornada fue el de Gustavo Cruz, un suboficial mayor retirado de la policía. La importancia de su declaración guarda estrecha relación con las pruebas más sospechosas del caso y sobre los cuales se sostuvo parte del procesamiento en contra de Daniel Vilte. Cruz estuvo en el momento en que se secuestraron los dos plomos en la escena del crimen, tres días después de encontrados los cuerpos de Cassandre y Houria. Concretamente no vio el momento en que fueron encontrados los proyectiles.  El testigo estaba bajo el mando del oficial Walter Mamani, quien hasta este momento del juicio es el único que sabe cómo encontró esos dos proyectiles y también el revolver enterrado en el jardín de Raúl “diablo” Sarmiento. Sin dudas un gran investigador. Según relató Gustavo Cruz, el mirador donde se encontraron los plomos no era la zona de trabajo original, sino que fue un lugar de paso en el recorrido ordenado. El secuestro de los plomos fue entonces pura “casualidad”. Un policía con mucha suerte Mamaní. Merecía un ascenso.

El séptimo día concluyó con el debate para determinar si se incorporaban o no las pruebas fotográficas. Esa resolución sería motivo del día ocho.

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