Nuevas revelaciones confirman que la financiera-constructora de Mercedes Ibarra no sólo trasladó sus proyectos a empresas “amigas”, sino que además adquirió firmas millonarias —entre ellas la concesionaria Audi para todo el norte argentino— sin que un solo peso retornara a la compañía. Todo terminó en los bolsillos de Ibarra, hoy dueña de un patrimonio que incluye mansiones, boutiques vacías y departamentos de lujo.

 

En ediciones anteriores de este semanario ya se había desmenuzado la historia de Compañía Privada Desarrollos e Inversiones S.A., heredera de la vieja COFIN. Desde 2018 la firma arrastra una cesación de pagos que derivó en miles de cheques rechazados —alrededor de 3200—, denuncias penales, allanamientos y un concurso preventivo plagado de irregularidades. Su cara visible, María Mercedes Ibarra, había convencido a un exclusivo grupo de inversores de que su financiera era un espacio seguro y sofisticado para grandes capitales. La realidad pronto reveló lo contrario: deudas inicialmente estimadas en 30 millones de dólares y una interminable lista de acreedores que va desde particulares de clase media alta hasta empresarios y funcionarios cercanos al poder político y judicial de Salta.

Ese fue apenas el prólogo. Hoy la fiscalía cuenta con nuevas pistas que perfilan un cuadro todavía más oscuro: la continuidad del fraude bajo firmas satélites y la compra de empresas millonarias a nombre de Ibarra, cuyos beneficios jamás se reintegraron a Compañía Privada. Un esquema que ya no se limita al default de una financiera, sino que se parece más a una maquinaria destinada a borrar rastros, multiplicar negocios y blindar patrimonios personales.

Saltapor y la ingeniería del reciclaje empresarial

Tras el vaciamiento de Compañía Privada, emergió Deessa SRL, que no sólo incorporó a miembros del directorio, sino también a parte de su personal. El círculo se cierra con la incorporación de otra empresa cuyo nombre será clave para entender el esquema de vaciamiento y fraude: Saltapor. 

Se trata de una empresa de construcción que comenzó como proveedora de steel framing y terminó expandiéndose a la minería y el real estate. La compañía es hoy la que culmina proyectos que originalmente pertenecían a Compañía Privada y luego a Deessa: Madero Vistas, desarrollos en San Lorenzo, edificios de calle Rivadavia y Belgrano Terrace, entre otros.

No se trata de coincidencias del mercado, sino de la misma red de actores. Entre los socios figuran Diego Gastón Rodríguez, exesposo de Ibarra, rugbier devenido en empresario inmobiliario y posible testaferro, y Gerardo Míguez, ex Deessa SRL.

A pesar de las múltiples evidencias de la relación entre Ibarra y Miguez, ambos niegan sistemáticamente el vínculo ante la justicia. Un detalle no menor si se tiene en cuenta que hasta uno de los sobrinos de Miguez fue integrante del directorio de Deessa SRL. Ambos empresarios llegaron incluso a compartir amistosas entrevistas en programas televisivos del éter local, esos que emulan los viejos productos envasados de la paleo-televisión.

Saltapor fue el puente perfecto: mientras acreedores desesperados reclamaban por sus ahorros, las mismas obras que habían financiado se terminaban bajo otro nombre y con nuevas sociedades. Los investigadores sospechan que Rodríguez debió llevarse al menos 2 millones de dólares para sellar su salida de Deessa y abrir Neos, con la que siguió ejecutando proyectos nacidos en la quebrada Compañía Privada. Tal vez el más sustancioso de ellos sea “Buena Vid”, un complejo de condominios en el corazón de Cafayate ejecutado en conjunto con Saltapor.

El botín de las empresas compradas

Si el reciclaje de negocios a través de Saltapor ya resultaba alarmante, lo que más inquieta a los investigadores es la compra de firmas millonarias con dinero de Compañía Privada, pero registradas a nombre de Ibarra.

El caso más resonante es UB Motors, concesionaria Audi para todo el norte argentino. Una joya del mercado automotor que, pese a su facturación, jamás dejó un peso en las cuentas de Compañía Privada. Todo quedó absorbido en el patrimonio personal de Ibarra.

Lo mismo ocurrió con “Recursos Energéticos”, firma de comercialización de combustible a granel en el norte provincial. Los volúmenes de facturación eran significativos, pero no existe constancia de reinversión en la financiera original. En paralelo, Ibarra avanzaba en construcciones a su nombre en el exclusivo country La Montaña, impulsado originalmente por Compañía Privada.

La operatoria parece simple de develar: se utilizaban los fondos de los ahorristas para comprar empresas o levantar proyectos bajo testaferros, y una vez en marcha, todo quedaba por fuera del radar contable.

El patrimonio de la “dama del fraude”

A pesar de la montaña de denuncias, Mercedes Ibarra sigue llevando un estilo de vida que no condice con el de una empresaria quebrada. Su nombre aparece vinculado a un lujoso chalet en La Angostura, un departamento en la calle Santa Fe de Buenos Aires valuado en miles de dólares, e incluso una mansión en Uruguay, puesta a nombre de su exmarido.

En los últimos dos años habría viajado en varias ocasiones a Europa, mientras sus acreedores siguen peregrinando por tribunales. Pero lo más insólito es su método para lidiar con los reclamos: cuando alguien la aborda en la vía pública, Ibarra lo filma, lo acusa de acoso y persigue judicialmente hasta conseguir una perimetral contra la víctima. Una inversión de roles que convierte a los estafados en victimarios.

Como si fuera poco, entre sus caprichos más recientes figura una boutique en San Lorenzo que los vecinos describen como un local fantasma donde nadie compra, pero que podría funcionar como base de operaciones y pantalla de operaciones dudosas.

El rugbier, Cafayate y los espejismos del lujo

El exesposo de Ibarra, Diego Rodríguez, es otra pieza clave. Bajo su nombre se desarrolló Mosto, un proyecto turístico-inmobiliario hoy anclado en Cafayate, pero que también supo ser continuador de proyectos de Deessa en la capital.

Presentado como “el más importante de Salta”, el desarrollo en los valles abarca seis edificios de lujo distribuidos en cuatro hectáreas rodeadas de viñedos. En su lanzamiento, Rodríguez prometía rentabilidades del 15% en dólares.

El marketing resultó impecable, pero detrás se sospecha el mismo origen turbio de fondos: dinero de ahorristas que jamás vieron un centavo de retorno. Mosto es el símbolo del espejismo: un paraíso arquitectónico construido sobre la desesperación de familias que hipotecaron su vida.

Acreedores quebrados, justicia anestesiada

Mientras los negocios privados florecían, los damnificados caían uno tras otro. Se cuentan muertes por infartos, casos de parálisis facial y hasta la historia de una mujer que invirtió sus últimos 50 mil dólares destinados a un tratamiento oncológico. Murió sin ver la devolución de un peso.

La justicia salteña tampoco se ha mostrado a la altura. La causa recayó en la fiscalía de “Robos y Hurtos”, conducida por María Eugenia Guzmán, un despacho más habituado a investigar gallineros saqueados que entramados financieros multimillonarios. La pericia contable tardó cinco meses en completarse y todavía no se ha trasladado el expediente a la Unidad de Delitos Económicos Complejos.

Ese letargo judicial explica en buena medida la impunidad con que Ibarra y su entorno siguen moviéndose, viajando, inaugurando boutiques y posando en medios como si nada hubiera ocurrido.

El fraude más grande de la historia salteña

Lo que parecía una cesación de pagos aislada se perfila como el fraude económico privado más grande de la historia de Salta. Una estafa de guante blanco que combinó la sofisticación de las inversiones de alto target con la brutalidad de un vaciamiento sistemático.

Saltapor y UB Motors son apenas las piezas más visibles de una estrategia que buscó disolver los rastros del dinero y consolidar un patrimonio personal inexpugnable. El resultado es un retrato descarnado: mientras decenas de familias vieron arruinada su vida, Mercedes Ibarra sigue trotando en las ciclovías de las zonas más exclusivas de la ciudad y recorriendo lujosos destinos del viejo continente.

El desenlace de esta historia todavía está en construcción. Pero lo cierto es que cada nueva revelación confirma que lo que estalló en 2018 no fue la caída de una financiera, sino el inicio de un esquema de saqueo que Salta aún no termina de dimensionar.