Resulta difícil confiar en una Corte que miente con el expediente digital, no informa qué hizo con la plata, ni cuánto fue el monto; y que vuelve a postular para seis años más, al juez responsable de esa guita, y de implementar el expediente digital, que todavía no explicó donde está. Por Elvira Ameal Paredes

La última semana siguió acumulando errores no forzados que antes la gente no percibía, pero ahora parece que sí. Sólo a modo de ejemplo: en el Colegio de Abogados no entienden cómo si a un juez se le “perdieron” 36 palitos (otros dicen 100), se le renueven otros seis años más de mandato en la Corte. Dicen que el Colegio intentó oficiar de mediador y hacerse cargo de “la deuda”. Pero lógicamente, pidieron que si la saldaban, el lugar quede para ser cubierto por ellos. Peroooo, ni la “deuda” se saldó, ni ningún fiscal intervino. Y el cuentito ¿Se terminó?.

Lo cierto es que al malestar de los abogados por la farsa de anunciar con bombos y platillos en el diario de Juan Romero que el expediente digital estaría a fin de año, lo que además de una mentira, es técnicamente imposible, se acumula el malestar del gremio judicial. Es que a la controvertida postulación de Fabián Vittar para quedar acomodadito durante otros seis años sin haber dado cuenta de la platita que no está, no aparece o está escondida; se suma la “obligatoriedad” a la que se los somete a los empleados judiciales (una vez más), para que “adhieran” en forma compulsiva y obligatoria a ese nuevo nombramiento.

Un sindicalista que deambulaba por los pasillos, no salía de su asombro con lo que le contaban y decía: “ni en las elecciones de los gremios se aprieta así”. El serio problema, es que no estamos frente a la elección de un gremio, sino en el proceso de selección de un juez de máxima jerarquía. Es por lista el asunto, y el juez, las juezas, o las secretarias dan la orden: “Ustedes saben que si no adhieren, hay consecuencias”. Es entonces que llueven las firmas de los entusiasmados a pánico, para que pongan el gancho.

 Es sabido que, cuando los primeros números reales comienzan a encender la luz amarilla en el viejo bastión saenzcista de la Capital, significa que se puede joder con el colla pero no con la alforja. Encima de todo, esas adhesiones arrancadas a empujones, no se sabe bien hacia dónde van. No hay un sitio oficial dónde se pueda controlar para ver quien adhirió o quien reputió. Ese no es un error forzado, sino premeditado.

El candidato está flojito de papeles y de apoyos, como para que libremente vaya la ciudadanía a expresarse. Un abogado que ni siquiera se puede sentar en el bar de enfrente a la Ciudad Judicial, exaltado le decía a una colega el otro día: “¿Para qué mierda Gustavo amplió la Corte? Han acumulado unos cuantos escándalos en pocos meses, y resoluciones ni una”. Sumemos que los jueces y juezas quedaron como tero herido en el ala, es decir pegando de gritos pero sin reacción, cuando el demonio urkupiñero, apodado Guzmán Coraita, les sacudió el amparo que dejaron sin contestar por partida doble. Mintieron en el expediente, y no se presentaron a conciliar. Resultado, nadie sabe cuánto cobran. Un habitué del Bar Los Tribunales que entiende el oficio y las trampas, señala: el tema no son tanto los sueldos, sino el nivel de vida que llevan. Ahí sí, que no pueden explicar ni a palos sus ingresos”. 

La Corte tal como está, puede convertirse en un peligroso talón de Aquiles para el próximo turno electoral. El sector de los abogados es numeroso y marca tendencia. Encima quedó bollando la candidatura del «Mono» Martín Plaza que ya estaba listo para ser el juez de los bucles, cuando se le ocurrió apretar descaradamente a un periodista, según él, porque Gustavo estaba “endiablao”. Así se expresó el candidato autoconvocado a juez de la Corte.

Era número puesto, aunque no hay que descartarlo del todo. Lo cierto es que por estas horas, es complicado confiar en una Corte que miente con el expediente digital, no informa qué hizo con la guita, ni quien se la mandó al buche, ni cuánto fue el monto; se vuelve a postular para seis años más, al juez responsable de esa guita, y de implementar el expediente digital, que todavía no explicó nada de nada. Y a todo esto la bendecida Troka ¿todavía no pudo cambiarles la imagen por esos zafarranchos? Es que está bien difícil, dicen en los pasillos de tribunales ¿Cuál puede ser la imagen y la credibilidad de un Tribunal que miente descaradamente? Encima, hablamos de quien tiene la función de contar los votos en cada elección! ¿Pasará lo mismo que con el expediente digital? Nadie sabe, nadie contesta. Hasta capaz que ahora al ex intendente de Aguaray que dijo que va a buscar justicia en ese lugar, no le dan con un “caño”, porque entre bueyes no hay cornada. Y si no aparece la platita del expediente digital, ¿por qué tendrían que aparecer los caños? Mejor vámonos de caño, pero con el que se usa para bailar. 

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