Un trabajo de investigación puso el ojo en el Encuentro Nacional de Mujeres realizado en Salta. Muestra cómo los discursos mediáticos mostraron a las participantes como “bárbaras y patoteras”, en contraposición al “ideal de mujer” católico y colonial defendido por la iglesia. (Andrea Sz)

¿Qué imagen de mujer se legitimó a partir del encuentro?, y cómo medios y periodistas salteños lograron seguir legitimando un “sistema- mundo- patriarcal- colonial”, cuando el Encuentro Nacional de Mujeres (ENM) se realizó en Salta en el año 2014, es lo que el trabajo de la Licenciada en Ciencias de la Comunicación de la UNSa Daniela Nava Le Favi, intenta analizar.

El trabajo fue publicado en el marco de las XIX Jornadas Nacionales de Investigadores en Comunicación: “Epistemología, debates y fronteras en el campo de la comunicación Latinoamericana” realizado el año pasado en la Universidad Nacional del Nordeste,  bajo el título “‘Son patoteras de cuarta’: representaciones y colonialidad en el discurso mediático entorno al XXIX ENM”.

El mismo mapea las “estructuras coloniales” que se manifestaron en el discurso mediático salteño y propone estudiar un conjunto de noticias que circularon en los medios de la prensa local durante el último día de realización del Encuentro, y es que esas notas reflejaron “una expresa correlación y legitimación de imágenes de mundo que se esgrime de la Iglesia Católica Salteña, las cuales parten de una violencia simbólica sobre el cuerpo de la mujer.”.

Pero ¿qué significa esta violencia simbólica? En palabras de Daniela, “las representaciones que la Iglesia tiene sobre la mujer son de un cuerpo dócil y sumiso anclado sólo en el ambiente doméstico, es decir, restringiendo su rol al de ama de casa, esposa, madre e imponiendo en esos roles la dominación masculina sobre esos cuerpos femeninos”, por eso explica “desde allí, se ejerce una violencia simbólica sobre el cuerpo de la mujer en tanto se lo disciplina de acuerdo a los parámetros aceptados por la visión católica”.

El trabajo describe por ejemplo, cómo una manifestación de amor de un beso entre dos mujeres se convirtió para el diario El Intransigente en “parejas homosexuales de mujeres incurrieron en un accionar impensado, mantuvieron relaciones sexuales frente a la Catedral de Salta y a la vista de todos”. (El intransigente, 12 de octubre de 2014).

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Daniela al realizar su tesis de comunicaciones ya venía investigando sobre la imagen de mujer que instrumentalizan las devociones. Previamente problematizó la construcción del imaginario salteño respecto al culto de la Virgen del Milagro y del Cerro, y abordó cómo se construyen las  representaciones asociadas a la “salteñidad” en medios de la prensa gráfica local y en algunos comunicados de la Iglesia Católica en relación a los cultos.

 “Ya en mi tesis de grado había indagado la manera en la que los cultos marianos (desde los medios de comunicación y la institución Católica)  eran vehículos para visibilizar  y legitimar modelos de mujer anclados en visiones patriarcales y conservadoras. En este trabajo sobre el ENM me centré en observar cómo se reproducían imágenes de mujeres cristianas, amas de casa sumisas a la dominación masculina en oposición a representaciones de mujeres pensadas desde ‘la barbarie’, el ‘patoterismo’ por el hecho de participar activamente en el Encuentro organizado en Salta en 2014”, explica la licenciada.

“Ni sumisas, ni devotas”

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“Mujer, ni sumisa ni devota, te quiero libre, linda y loca”, la frase reproducida en paredes, esténcil y carteles varios, resume uno de los capítulos del trabajo de Le Favi. Allí describe la sociedad salteña de fuertes rasgos tradicionalistas analizando particularmente el culto al señor y la Virgen del Milagro: “Al  ingresar a la capital,  uno de los  carteles al costado de la ruta afirma: ’Bienvenidos a la tierra del Señor y la Virgen del Milagro’. Una fiesta patronal que congrega en el ritual de la procesión a todos los miembros de la sociedad política y civil. Un culto donde  los lugares que ocupa cada actor social  muestran y legitiman la jerarquía social, remarca las diferencias entre ‘pueblo’ y ‘dirigentes’”, señala.

El trabajo se centra así en uno de los momentos principales de la procesión del Milagro, el pronunciamiento del Arzobispo de Salta, Mario Antonio Cargnello, encargado de  expresar el posicionamiento de la Iglesia, frente a diversos temas y entre ellos, el “ideal de mujer”.

“…es importante destacar las  representaciones sociales que refieren a la mujer, pero desde la transposición discursiva con la imagen de la Virgen María. De este modo, se habla de la divinidad, al mismo tiempo que se establece  el orden del ‘deber ser’ de una mujer: “María era esa mujer mártir, la mujer sumisa entregada a dios, la mujer de la Iglesia, la madre abnegada” (Discurso del Arzobispado del 15 de Septiembre del 2011)”.

Daniela explica que “estas imágenes de mundo de la Iglesia”, sobre la mirada femenina, tienen una fuerte carga ideológica que se repitió y se sostuvo en los medios de comunicación con la cobertura del  ENM, como otro ejemplo cita un extracto de una nota publicada en el Diario Punto Uno, del 14 de octubre de 2014: “Calamitosa forma de debatir sobre los derechos de la mujer, comportándose de manera muy distinta a las características del sexo femenino, donde la belleza y delicadeza –sus signos distintivos- fueron la musa inspiradora de artistas de todos los tiempos”.

Valla humana

Cada año al realizarse los ENM en distintas ciudades y bajo el argumento “de custodiar los templos sagrados”, una valla de hombres católicos se forma frente a las catedrales y en Salta también se hicieron presentes.

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La Licenciada explica que la carga simbólica de este hecho también fue desplegada en el discurso mediático cuando se distinguía entre “las mujeres bárbaras” de los “salteños”  que defienden los templos. Para ejemplar cita al periodista Martin Grande cuando este mencionó en su programa radial: “Lo que hicieron este grupo de mujeres es absolutamente despreciable, aparte queda bien en claro que cuando la mayoría esta encapuchada, que se tapan la cara, ya sabemos que muy buenas las cosas no son, trataron de quemar banderas papales, algunas se las arrebataron a los católicos que estaban ahí presentes, eso es una provocación inadecuada. Muchos salteños nos preguntábamos ¿Qué pasó con tanta custodia que hubo en los templos?”.

Daniela menciona que “Hubo una línea divisoria en el discurso: las ‘encapuchadas’ eran mujeres que participaban del evento, mientras que los ‘católicos’, no sólo eran hombres sino que eran víctimas de esas ‘encapuchadas’. De este modo, no sólo existió una correlación de representaciones sociales entre la Iglesia y los medios, sino que además, éstos últimos se encargaron de legitimar la posición de la institución y fundamentar la estrecha relación entre la iglesia-identidad-salteñidad”.

Por último, en algunas apreciaciones finales, Le Favi reflexiona sobre una figura que encontramos a la entrada de Salta: “Metáfora perfecta de una salteñidad conservadora y patriarcal, cuyas visiones de mundo se desplegaron con todo su esplendor en el ENM”, tal como la define. “En la ruta de acceso a Salta, una figura de gauchos negros sobre caballos, sin rostros definidos y como sombras espectrales, dan la bienvenida a la ciudad”. Como vemos también en esta imagen que evoca la “salteñidad”, la mujer una vez más es invisibilizada.

En contraposición, el Encuentro de Mujeres realizado en Salta señala la autora en su trabajo, tuvo como principal valor poner en evidencia este discurso dominante: “haber interrumpido las huellas coloniales que se han hecho habitus en las prácticas y representaciones de salteños/as y mostrar, una vez más, la violencia simbólica que ejercen los medios”.