Unos 100.000 indios en una extensión de 1.500 kilómetros, de Salta al Cuzco, se dispusieron a seguir al rebelde. Todos los historiadores coinciden en señalar que se trató de la rebelión social más importante de la historia colonial del continente.

Carlos Fernando Abrahan

La sociedad colonial estuvo cruzada por numerosas rebeliones, ya sean indígenas o criollas, en contra de un poder colonial sin legitimación; en una sociedad de contradicciones e injusticias sociales desde el periodo mismo de la conquista española.

Las rebeliones indígenas se desataron con el objetivo de recuperar parte de aquel pasado del que fueron violentamente despojados. Los disturbios y rebeliones crecieron en magnitud y frecuencia en el siglo XVIII (18), y se habla de levantamientos de masas.

Entre 1542 y 1780 se destacan las rebeliones indígenas de Juan Santos Atahualpa (1542), la del inca Franco Julián Ayala (1549), la de los caciques de Lima (1750), la de Trujillo (1758), la de Sica-Sica (1774), la de José Gran Kispe Tito Inga (1777) y la de Tomás Catari y sus hermanos (1778). Sin embargo, a excepción de la rebelión Atahulapa, no representaron una amenaza seria al Virreinato español y la clase dominante colonial.

En 1780 estalló en el Cuzco la “Conjuración de los Plateros”, una de las rebeliones de criollos, llamada de esta manera porque una parte de los rebeldes formaban el gremio de la platería. Estos sectores criollos buscaran el apoyo de “curacas”, es decir caciques indígenas, que abarcaban el 60% de la población de la región.

Las vertientes rebeldes (indígenas y criollos) confluirán en formar una fuerza social difícil de contener. Los orígenes de las rebeliones fueron principalmente la explotación aniquiladora de la población indígena, pero también las guerras con Gran Bretaña, los aumentos de impuestos, la opresión de los corregidores coloniales, la existencia de masas de indios erráticos (forasteros) activos a las revueltas y la aparición de caudillos populares: curacas insurgentes como José Gabriel Condorcarqui conocido como Túpac Amaru.

Túpac Amaru, nacido en 1738, fue descendiente de soberanos incas y un comerciante con situación social privilegiada, con educación universitaria, lector y aficionado a los libros. Por su actividad comercial y su condición de cacique construye relaciones sociales con criollos e indígenas que lo constituyen en un dirigente. Estaba casado con Micaela Bastidas, hija de criollo e india, expresión de las tendencias más radicales de la futura rebelión social y de las reivindicaciones de las mujeres indias de la época.

El detonante de la rebelión fue el ahorcamiento de un corregidor en 1780, es decir un representante del rey, en una zona al sur de Cuzco. Luego Túpac Amaru al mando de los indígenas insurrectos destruyeron los siniestros obrajes (manufacturas primitivas de privados donde se explotaban indígenas) para asombro y terror de españoles y criollos. El ejército tupamarista creció de manera sorprendente, 10.000 indios, mestizos, zambos, mulatos, negros esclavos y hasta españoles descontentos.

Túpac Amaru buscó un equilibrio entre indígenas y criollos rebeldes y procuró un frente amplio social que juntara los intereses de los más humillados. De todas maneras, asistimos en un principio a una rebelión popular con mayoría del sector indígena que obtiene sus primeras victorias y se radicaliza a pesar de su propia conducción.

Los rebeldes avanzaron hacia el Cuzco con divergencias entre Túpac Amaru y Micaela Bastidas sobre el asalto a la ciudad. Él buscaba negociar un compromiso para no romper el bloque criollo-indígena, mientras ella presiona para asaltar la ciudad en la perspectiva de los intereses indígenas. A ello se suma los intereses sociales contradictorios al interior de los rebeldes, entre indios forasteros, esclavos liberados, indios campesinos, indios de obrajes, indios de las mitas y los caciques indígenas. Luego, por ejemplo, Túpac Amaru fue traicionado por criollos, caciques y el clero.

Al no poder entrar la rebelión al Cuzco, decidió retirarse a su provincia, lo que permitió el reagrupamiento de las fuerzas contrarrevolucionarias españolas (17.000 soldados) que finalmente triunfaron en 1781. Algunos investigadores definen el movimiento de Túpac Amaru como una rebelión criolla-indígena, que luego se transformó en una revolución social indígena-popular que estuvo cerca de vencer.

Túpac Amaru fue detenido y llevado a Cuzco, mientras las campanas de la Catedral repicaban celebrando su captura. Los españoles luego de una parodia de juicio, torturaron, ejecutaron (un 18 de mayo de 1781) y descuartizaron los cuerpos de Túpac Amaru, Micaela Bastidas, sus hijos, parientes amigos y allegados. Clement Markham, testigo, describió el momento: “Lanzó un grito desgarrador, grito que por muchos años repercutió en el corazón de todos los concurrentes, acrecentado su odio contra los opresores. Fue este grito la sentencia de muerte de la dominación española en la América del Sur”.

Al mismo tiempo del asesinato de Túpac Amaru se desarrollaba en el Alto Perú una rebelión indígena encabezada por Julián Apaza, alias Túpac Catarí, y también explotaba una segunda fase con fuerza y extensión de la rebelión tupamarista con forma de guerra de guerrillas. La gesta y experiencia de los rebeldes indígenas que emplazó el orden social vigente quedó en la historia.

 

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