Martín Miguel Güemes Arruabarrena

 

Abogados defensores del excelentísimo Presidente de la República de Tucumán Cnel. Bernabé Aráoz, rescataron del Archivo de Tucumán, un documento elaborado por la Imprenta de Tucumán (Salta no contaba con imprenta). Ese bando repartido en el pueblo tucumano, es parte de una guerra artera tramada por la política localista del Visir tucumano, que se proyecta del ayer, a nuestros días. La mañosa invención de Araoz, tiene por objeto fundamental: sembrar el odio contra Güemes de parte de sus gobernados, provocada por la invasión salteña. De allí, la rápida replica a la misma, de parte de Aráoz, editada por la misma imprenta tucumana. El marco histórico de la publicación, es la lucha de Güemes con Aráoz, dada la obstrucción deliberada de este último, a los envíos de ayuda militar de Bustos (Córdoba), y de Ibarra (Santiago del Estero) al General en Jefe del Ejército de Observación sobre el Perú (Güemes), a los fines de cumplir con el Plan Sanmartiniano de Libertad e Independencia. No olvidemos, que ante la retirada del Ejército del Norte, ordenada por el Directorio porteño, el parque de armas del mismo, queda en la Ciudadela, y es apropiada por Aráoz, para someter a las provincias de Santiago del Estero y Catamarca. El bando apócrifo es exhumado en un artículo de la Gazeta de Tucumán, escrito por el Dr. José Posse Posse, lo transcribimos textual: “(…) El gobernador Martín Miguel de Güemes, a efectos de sumar soldados a su causa contra Tucumán, había lanzado una proclama que despertó ríspidos cuestionamientos en cuanto a su veracidad o falsedad: “Soldados compañeros de armas. Ha llegado el caso de invadir y a declarar guerra al Pueblo orgulloso del Tucumán. Los móviles que tenemos para esto son bien notorios a vosotros. A estos se agrega nuevamente el haber implorado nuestro auxilio nuestros hermanos los santiagueños, oprimidos, he invadidos por el Gefe de Tucumán, y seríamos criminales si nos hiciéramos desentendidos a su clamor. Un plan de desvastación y de ruina es el que he adoptado para escarmentar a esos cobardes: hacernos dueños de sus caudales, como despojo de una guerra justa; no dejar una vaca, ni un caballo en toda esa jurisdicción; no dejar hombre con calzones ni mujer con polleras… los que se tomen prisioneros, y aun los que se nos pasasen serán destinados a los trabajos y obras públicas de Potosí. Soldados: desplegad la energía de que tantas veces habéis dado prueba: van a vuestra cabeza jefes de intrepidez y de confianza: la subordinación a ellos y el buen orden debe ser vuestra divisa, no dudéis por un momento de la victoria. Los premios y recompensas ha que os hagan acreedores vuestros servicios nos harán conocer el aprecio que hace de vuestro valor vuestro General Martín de Güemes”. Hasta aquí, el texto del bando en cuestión. Siempre se trata de llevar agua para su molino, inveterada costumbre historiográfica localista. Por nuestra parte, conociendo el pensamiento y acción de Güemes, como militar, y gobernante, sabemos que es un lenguaje impropio de su persona, y con objetivos indignos, que nunca puso en práctica en su vida.

Sigamos leyendo: “El viejo Tucumán: Las batallas del manantial de Marlopa” del abogado de Aráoz “(…) La proclama del caudillo salteño, tal cual como fue conocida, o hecha conocer en Tucumán, a los pocos días tuvo como respuesta otra por la cual Bernabé Araoz replicaba: “He ahí tucumanos el bárbaro e inhumano lenguaje del tirano opresor de la infeliz provincia de Salta: ved a vuestra fortuna, a vuestros intereses conminados a serle infame presa de su descomunal ambición; esa sed insaciable, que no ha podido hasta ahora mitigarse con la absorción de tantas propiedades busca en las nuestras; lo que ya no encuentra en la desolación horrorosa de los infortunados Pueblos que despotiza: Tucumanos, valor y energía contra los agresores tan injustos: a ellos está vinculada la victoria y no las fanfarronadas amenazas de quién se aprecia en mucho más de lo que vale: Coroliano prófugo de su País, concitó a los Volscos para invadir a su natal Patria Roma, más a sitiarla su intrepidez ponderada rindió la erguida verdiz a los remordimientos de su crimen. Nada os acobarde, vuestra defensa es justa; vuestro suelo la reclama, la razón la persuade, la ley la impera, y el cielo mismo la aconseja.” Aquí reconocemos el lenguaje agresivo de Aráoz, que recibió una carta personal de Güemes (19 de agosto de 1820), en la cual señala: “todo ud. se vuelve una pura tramoya para desconceptuarme”. La guerra de zapa, realizada por detrás del accionar de Güemes, es visible en el bando apócrifo. En estos días, con motivo de las críticas realizadas por el Instituto Güemesiano, por el comunicado del Instituto San Felipe y Santiago de Estudios Históricos de Salta, y por las Juntas de Estudios Históricos de Santiago del Estero y Catamarca, en contra del proyecto de ley “Bernabé Araoz, héroe nacional”, sectores interesados volvieron hacer correr en los medios de comunicación, el artero bando apócrifo. Nueva guerra de zapa, que procura la discordia.