Estrategas o desleales: Neosaenzismo

En el último mes se han intensificado las versiones de que existirían obstáculos legales de peso para que Gustavo Sáenz sea nuevamente candidato a Gobernador. La reforma constitucional de 2021 fijó un límite de dos mandatos -una sola reelección- pero la inexistencia de una cláusula transitoria que estableciera cómo se computaba el mandato en ejercicio hoy es aprovechada por la oposición para sostener que no existenposibilidad de reelección.

 

N. de R.

 

La cuestión avanzó hacia un terreno más luminoso cuando los convencionales constituyentes provinciales que redactaron el texto de reforma de la ley máxima provincial -Ricardo Villada y Sonia Escudero, entre otros- dejaron en claro esta semana que el espíritu fue no emitir ninguna cláusula transitoria para garantizar la reelección de Sáenz. Algo lógico de considerar la amplia mayoría que tenía el oficialismo en la convención.

Lo cierto es que en estos cuatro años han existido muestras claras de que el actual Gobernador puede postularse en las elecciones de 2027, ya que con el mismo criterio se han designado jueces de la Corte de Justicia y directores de la Auditoría General, como también transitan por el tercer mandato -o cuarto y quinto también- senadores como Mashur Lapad y Jorge Pablo Soto; diputados como Esteban Amat o Germán Rallé y varios intendentes y concejales.

El superior tribunal de justicia que preside Teresa Ovejero también interpretó lo mismo de solo analizarse el fallo por el cual se rechazó la pretensión de quedar vitalicio del ex juez Gonzalo Mariño que obligó, en base a lo que dispone la última reforma de la carta constitucional local, a jubilar a otros siete jueces una vez que cumplieron los 70 años.

Generan incertidumbre los antecedentes que dictó la Corte Suprema de Justicia de la Nación en los casos de San Juan, Santiago del Estero y Tucumán, en los que hace pocos años obligó al cambio de candidato a gobernador a escasas semanas de la elección. Otro tanto ocurre en Formosa luego de que se impusiera la modificación de su constitución para que se pusieran límites a las reelecciones de Gildo Insfran. A nadie escapa que la justicia también decide con criterios políticos y que la situación salteña podría padecer las consecuencias de un acuerdo político, o una desavenencia, entre Gustavo Sáenz y los libertarios que lidera Javier Milei.

Se trata de hipótesis que, de reproducirse en estas tierras, podrían echar por tierra hasta las posibilidades de un heredero de Sáenz, aunque fuera prolijamente elegido y gozara de consenso.

Ansiedades

Lo que es materia de aprovechamiento político por quienes no comulgan con el actual gobierno de Sáenz -que son pocos- no debiera conmover las posturas de quienes integran las tropas oficialistas. Sin embargo, los movimientos desestabilizadores más intensos se están produciendo dentro del saencismo que sigue fracturado en dos partes o más según cada departamento o municipio y también dentro del gabinete.

El caso más evidente es el del Ministro de Gobierno y Justicia Ignacio Jarsún, hombre de gran carisma y escasa preparación, que viene armando un partido con militantes que sin mayor recato informan a la gente que ya acordó ser candidato a Vicegobernador y que, de no poder su jefe actual, el será el próximo gobernador. Jarsun nació como intendente en 2015 cuando Juan Romero y Olmedo buscaron el poder provincial y fracasaron.

No es el único. Las segundas líneas de varios dirigentes de peso ya exponen la necesidad de asegurar la continuidad del saencismo pero sin Sáenz. Algo parecido a lo que ocurrió con el dirigente sindical Augusto Timoteo Vandor que en los ´70 propiciaba un peronismo sin Perón y luego fue descalificado por traidor. Es por eso que, en medio de sigilosas reuniones los ansiosos se animan a sugerir a sus jefes que es hora de tener un Plan B que lo catapulte a la gobernación.

Los que tienen aspiraciones a ocupar el sillón de Grand Bourg se cuentan el presidente de la Cámara de Diputados Esteban “Tuty” Amat, el diputado nacional Pablo Outes, el ex Ministro de Gobierno Ricardo Villada y el Jefe de Gabinete Sergio Camacho -estos dos últimos también muestran profundos vínculos con el ex gobernador Romero-. Por supuesto que en público reconocen como líder a Sáenz y proclaman que les bastaría con compartir la fórmula. En esta línea también se subieron a la competencia por el segundo lugar Baltasar Lara Gros de Orán y Franco Hernández Bernis de Tartagal.

Ante la falta de acuerdo sobre las posibilidades legales de renovación del mandato del actual gobernador, los que concurren a estas reuniones sostienen que no debiera tomarse como un acto de rebeldía la proposición de reemplazantes. Quieren que el frente oficialista tenga figuras instaladas para el caso de que Sáenz quede inhabilitado por la justicia.

Pero hay otros que sostienen la necesidad de que exista una conducción vertical y la vigencia del liderazgo del gobernador hasta las últimas consecuencias. Son los que consideran que los ministros deben concentrarse estrictamente en la gestión pública y sostener a Sáenz a cualquier precio. Un palo dirigido casi directamente hacia Jarsún que hace campaña constante pero muestra escaso trabajo ministerial, pero que también roza a Camacho que debiera comandar el gabinente. Lo prematuro de las campañas de instalación han generado dispersión interna, tensiones y una imagen pública de vacío de poder y debilitamiento del Gobernador. La instalación de ambiciones personales cuando falta más de un año para convocar a elecciones obliga a resolver internas cada vez más intensas y con escaso resultado exitoso.

Para el sillón de la principal intendencia también se advierten movidas que buscan instalar supuestos contendientes de Emiliano Durand como Omar Exeni o Laura Cartuccia. La nueva ley electoral permite que puedan competir abiertamente, aunque nada está escrito sobre el modo en que confrontarán. Considerando que cada frente puede proponer hasta cuatro listas de candidatos en distintas categorías, es evidente que serán muchos los convidados al banquete electoral de 2027.

La mayoría del gabinete de Sáenz no quiere que el actual alcalde renueve -nadie sabe por qué salvo los que siguen fieles al romerato y mantienen viva la herida de la derrota de Bettina- y miran el espacio capitalino como un premio consuelo para la hipótesis de que no se logre la reelección. Por supuesto que algo tiene que ver que Juan Romero sea el padrino de varios de los funcionarios de Sáenz.

La pelea por el poder no tiene códigos ni lealtades y esto no es novedad, pero pone de nuevo sobre el tapete la inseguridad que ha cundido en las filas oficialistas. Con semejante panorama, en Finca Las Costas solamente esperan que se desencadene el primer episodio de deslealtad.