Tras más de ocho años de impunidad, el juicio por el femicidio de Jimena Beatriz Salas ingresó esta semana en una etapa crucial con la declaración de testigos clave y la exposición detallada de la línea investigativa que hoy mantiene en el banquillo a Carlos Damián Saavedra y Adrián Guillermo Saavedra como presuntos coautores del crimen.

Aunque el principal acusado, Javier Nicolás “Chino” Saavedra, no llegó a juicio por haberse quitado la vida un día antes del inicio del proceso oral, su figura se mantuvo omnipresente en las audiencias, mencionado una y otra vez como el engranaje central de una trama planificada, violenta y cruel.

Una investigación reconstruida desde los escombros

La acusación del Ministerio Público Fiscal —integrada por los fiscales Mónica Poma, Gabriel González y Leandro Flores— se sostiene sobre una nueva investigación iniciada en abril de 2022, luego del estrepitoso fracaso del primer proceso judicial que en 2021 terminó con la absolución de Sergio “Porteño” Vargas y del propio esposo de la víctima, Nicolás Cajal Gauffín, entonces acusado de encubrimiento.

Desde entonces, el equipo a cargo del oficial Manuel Colque, con apoyo de unidades especializadas y herramientas tecnológicas de última generación, se dedicó a reconstruir la escena, revisar pruebas pasadas y desestimar las hipótesis que no se sostuvieron en el tiempo. Lo que emergió fue una teoría más sólida: una emboscada con un ardid sensibilizador —el falso extravío de una perrita caniche gris— como método de ingreso al hogar de la víctima, el 27 de enero de 2017 en el barrio San Nicolás, localidad de Vaqueros.

El “abrepuertas” y la secuencia criminal

Según el relato del oficial Colque ante el tribunal —integrado por los jueces José Luis Riera, Mónica Faber y Maximiliano Troyano—, el ardid fue cuidadosamente preparado. Testigos de la zona, incluidos vecinos que aportaron dictados de rostro y fotografías, relataron que en los días previos al crimen un hombre joven, delgado, con tono norteño y un caniche gris en brazos, recorría viviendas con la excusa de buscar a los dueños del animal.

El 23 de enero de 2017, una vecina recibió la visita de este sujeto, que se presentó como “Matías” y dejó un número de contacto. El dato se volvería crucial años después: el número resultó ser casi idéntico al de Javier Saavedra, con apenas un dígito intercambiado.

El 27 de enero, día del crimen, otra vecina de la misma cuadra recibió también la visita del “hombre del perrito”, que le sugirió quedarse con el animal. Ella no accedió. Pocos minutos después, Jimena Salas, junto a su hija pequeña, le consultaba a una tercera vecina si el caniche era suyo. Minutos más tarde, sería asesinada brutalmente de más de 40 puñaladas, mientras sus hijas mellizas de tres años eran encerradas en el baño.

Las imágenes recuperadas y el rastro tecnológico

Las imágenes encontradas en el celular dañado de la víctima, recuperado en una banquina de la Ruta 9, son una de las piezas clave del rompecabezas. En ellas se observa a un hombre parcialmente identificado, con el caniche en brazos, lentes recetados, una mochila camuflada, zapatos marrones y un llavero del Club Gimnasia y Tiro. En paralelo, una vecina aportó fotos de un sujeto con exactamente el mismo animal y atuendo. Todos estos elementos fueron posteriormente rastreados en las redes sociales de Javier Saavedra, donde se observan publicaciones en las que viste con esa misma ropa, posa con el caniche y exhibe objetos idénticos a los mencionados por los testigos.

Los vehículos también cerraron el cerco: un Volkswagen Vento claro y un Clio oscuro, descritos por varios testigos, fueron identificados como propiedad de la familia Saavedra. Ambos aparecen captados por cámaras de seguridad en días y horarios coincidentes con los movimientos previos al hecho.

El ADN y el perfil familiar

Una prueba concluyente fue el cotejo de ADN practicado a Javier Saavedra, que arrojó coincidencias con al menos 17 evidencias genéticas recogidas en la escena del crimen. Los análisis indicaron la presencia de dos perfiles masculinos con la misma línea paterna, lo que condujo directamente a investigar familias con hermanos varones en la zona con antecedentes penales.

Así llegaron a los Saavedra, conocidos por integrar la banda “Los Pibes” y vinculados a numerosos delitos en Vaqueros, La Caldera y alrededores. Declaraciones de allegados revelaron que “se dedicaban a ganar”, un eufemismo para referirse a cometer robos y hurtos de forma sistemática, frecuentemente en grupo y utilizando vehículos para el escape.

La pista fue robustecida por el inusual interés de Javier Saavedra en el caso, reflejado en más de 80 búsquedas en internet sobre el femicidio de Salas, todas fechadas entre 2018 y 2019. Incluso se había unido al grupo de Facebook “Justicia por Jimena Salas” y tenía activadas alertas para recibir notificaciones en su correo cada vez que alguien publicara contenido sobre el caso.

Violencia, antecedentes y perfil delictivo

Los antecedentes penales de los imputados reforzaron la línea acusatoria. Carlos y Javier Saavedra acumulaban denuncias por lesiones, robos, amenazas, abuso sexual y resistencia a la autoridad. Un caso particularmente estremecedor fue relatado por el oficial Colque: una mujer denunció haber sido violada por Carlos Saavedra luego de ser drogada en su vivienda. La familia del agresor le ofreció dinero y un puesto laboral para que retirara la denuncia. La víctima terminó mudándose del barrio.

Adrián Guillermo Saavedra, aunque sin antecedentes penales registrados, es señalado como parte del operativo de apoyo y vigilancia durante el crimen, lo que complica su situación procesal en el marco del concurso premeditado de dos o más personas.

Por su parte, Javier Saavedra, además de estar vinculado directamente con la escena del crimen, acumulaba denuncias por robo, lesiones culposas (incluyendo un accidente en Santa Victoria Este en el que atropelló a un niño wichí con una camioneta de la iglesia) y un intento de abuso sexual dentro de una ONG.

Incluso durante su traslado como detenido, protagonizó un episodio violento al abalanzarse esposado sobre el volante del vehículo oficial, intentando provocar un accidente con un camión que circulaba en sentido contrario.

Una línea acusatoria consolidada

El tribunal, que viene desarrollando un juicio extenso y minucioso, recibió esta semana un compendio de pruebas que enhebran un relato sostenido, creíble y cargado de elementos coincidentes. Desde los testimonios directos, las pericias forenses, el análisis de redes sociales, las coincidencias en objetos personales y vestimenta, hasta la evidencia genética y la reconstrucción cronológica de los movimientos de los imputados, la acusación logró presentar un caso de contundente consistencia.

El oficial Colque fue categórico al afirmar que el objetivo de la nueva etapa investigativa no era solo cerrar un caso, sino “encontrar la verdad real”, diferenciándose así del proceso fallido anterior. Su exposición, calificada como extensa y precisa por fuentes judiciales, habría sido decisiva para consolidar la hipótesis del Ministerio Público Fiscal.

Perspectivas y próximo tramo del juicio

Concluida la cuarta jornada del juicio, el tribunal dispuso un cuarto intermedio hasta este martes 30 de septiembre a las 8:30, momento en el cual continuarán los testimonios. Se espera que en las próximas semanas declaren más testigos, peritos y especialistas que permitan abordar otros aspectos del caso, incluyendo el móvil económico del crimen, las secuelas psicológicas en las hijas de la víctima y las responsabilidades penales en los distintos roles atribuidos a cada imputado.

Mientras tanto, la comunidad de Vaqueros y todo Salta vuelve a mirar de frente uno de los crímenes más aberrantes de la de la última década, con la esperanza de que esta vez, la justicia no falle.