“Estos días hemos tomado conciencia de que, en el colectivo, todas las víctimas somos, en realidad, supervivientes”, dice Marco Laborda, artífice de la iniciativa, que surge en respuesta al brutal asesinato de Samuel Luiz

#YoMaricón es el movimiento que crearon los españoles Marco Laborda, David Velduque y Guillermo Vázquez para visibilizar la violencia contra la comunidad LGBT+ y entender cómo el homodio  y los mandatos sociales impacta en las infancias y adolescencias. Surgió tras el brutal asesinato de Samuel Luiz, el joven de 24 años  que fue molido a golpes por una patota a la salida de un boliche, en La Coruña.

Precisamente es de ahí, de la soledad y la oscuridad, de donde estos días han salido historias que confirman que una infancia y adolescencia feliz son, también, un privilegio. Son muchas las experiencias compartidas con el hashtag #YoMaricon.

“El asesinato de Samuel fue un shock para todes. También lo fue para mí, me afectó a un nivel muy profundo”, comienza Laborda, en una entrevista para Vogue. “Y lo que sucedió luego siguió abriendo esa herida. Mucha gente de mi entorno, sobre todo personas cishetero, no compartían la noticia y tuve varias conversaciones con personas muy cercanas en las que sentía que pasaban de puntillas por el tema o simplemente lo reducían a ‘un caso aislado’. Eso me hizo conectar directamente con la violencia que sufrí en el colegio y la soledad y frustración de sentir que todo el mundo miraba hacia otro lado. A raíz de ahí decidí compartí mi historia de LGTBIfobia en Instagram y la respuesta fue abrumadora. Recibí a nivel privado cientos y cientos de mensajes de compañeras del colectivo relatando las mismas vivencias, la misma violencia sistémica. Sentí mucha rabia y tristeza al pensar que todas aquellas vivencias quedarían, una vez más, silenciadas por no salir a la luz”. Así, junto a Velduque y Vázquez, decidió emprender esta campaña en la que se animaba a la gente del colectivo LGTB+ a relatar sus violencias junto a una foto del momento vital en el que sufrieron ese maltrato.

Ahí es cuando empieza a verse que se repiten ciertos elementos. La mayoría de las fotos son de niños de entre 5 y 8 años y cuentan que entonces escucharon la palabra “maricón” de la boca de sus agresores (a veces compañeros, otras docentes, también desconocidos) mucho antes de saber qué significaba. También es el caso Laborda, a quien empezaron a agredir con apenas 5 años. “Evidentemente a esa edad yo no sabía que era homosexual, simplemente entendí por cómo me trataban que yo era diferente a los demás y que merecía ser maltratado y recibir todo tipo de violencia por ello. Es fuerte porque en la mayoría de casos las personas del colectivo descubrimos quiénes somos a través de un insulto”. Esto demuestra una asimetría: los verdugos saben de la existencia de las personas LGTB+ y tienen herramientas para reconocerlas, pero sus víctimas, las personas LGTB+, no tienen referentes ni información para reconocerse. Por lo tanto, durante mucho tiempo, en las familias las realidades diversas no han sido tabú, el tabú ha sido normalizarlas.

Otro componente que se repite en gran parte de las historias es que a estos niños les agredían verbal y físicamente por jugar con las niñas, bailar las canciones de las Spice Girls y no gustarles el fútbol. Es decir, por pertenecer al universo de lo considerado femenino. En una sociedad todavía enraizada en los roles de género, esos niños son traidores. Y la cuestión es, ¿cómo se tiene todo esto tan claro cuando todavía no sabes ni restar con llevada? Esta práctica de vigilancia y castigo ante infancias fuera de la heteronorma se denomina policía de género, tal y como explica Laborda. «Estos policías vigilan tu forma de expresarte, de andar, tu tono de voz, tus gustos, tu ropa, si juegas a fútbol o no…Puede ser desde tu tío Manuel, tu vecino, tu compañero de pupitre o la amiga de tu madre que te mira con desdén. Nos han observado y analizado como la otredad, como la diferencia a la que señalar y marginar. Si eras chico y sintonizabas con lo femenino eras un maricón y si eras chica y sintonizas con lo masculino eras una marimacho y merecías humillación por ello. ¿Cómo creéis que se siente alguien cuando escucha algo en su familia del tipo ‘no dejéis que el niño juegue tanto con sus primas que a ver si se nos va a mariconear’ o ‘que la niña no juegue tanto a fútbol a ver si se nos va a convertir en una marimacho’?».

Este ejercicio de reparación tiene dos capas: la colectiva –porque se visibilizan injusticias silenciadas y se favorece la toma de conciencia global– y la individual, pues para muchas víctimas es la primera vez que comparten estas experiencias, sobre todo en público. Es el caso de Laborda. «Algo que también nos une a la víctimas y que hemos estado hablando mucho estos días es sentir vergüenza y culpa por lo ocurrido. Yo mismo, antes de publicar mi historia, me juzgué pensando que quizás estaba exagerando o que podría molestarle a mi familia porque es algo muy personal. No se habla de las secuelas que se derivan en la salud mental de las personas que hemos sufrido o sufren a día de hoy LGTBIfobia. En mi caso, tuvo un impacto directo en mi autoestima, en mi seguridad personal y en tener de por vida un saboteador interno que sigue escuchando en muchos momentos a aquellos que me repetían día sí y día también que era una mierda, que no valía nada como persona. Cuando unos compañeros de clase te han intentado meter en una bolsa de basura para tirarte al contenedor del colegio tu autoestima es directamente dilapidada. No ha sido sino a través de años de terapia y de trabajo personal, de formarme como terapeuta, de hacer teatro, de expresar toda esa rabia, ese dolor, que he podido recomponerme y poner las cosas en su sitio. Por eso es tan importante el trabajo personal y que se acompañe a las víctimas».

En poco más de una semana, este movimiento popular aglutina más de 200 historias en Instagram y han participado nombres conocidos como los de la poeta Elvira Sastre, la drag queen de Drag Race España Killer Queen, la actriz Itziar Castro, el músico Alberto Jiménez de Miss Caffeina, el actor Alberto Velasco, el locutor de radio Paco Tomás y Mario Ximénez, antiguo compañero en Vogue España. Laborda espera que ese número vaya subiendo poco a poco, aunque siempre incide en respetar que la persona esté preparada para compartir episodios tan traumáticos. “Es más importante que nunca que visibilicemos nuestras historias, que las saquemos a la luz para que sobre todo las personas cishetero y las lejanas al colectivo entiendan y conozcan la violencia que hemos sufrido y seguimos sufriendo a día de hoy. Creo que durante demasiado tiempo las víctimas de LGTBIfobia nos hemos callado. Bastante teníamos con sobrevivir, salir adelante y construir nuestras vidas en un mundo hostil para nosotras. Por ello, era y es tan importante que en este movimiento se vieran nuestros rostros, nuestras fotos, que no seamos una cifra más. Cada historia, cada foto, representa una vida con la que debemos empatizar. También creo que durante estos días hemos tomado conciencia de que, en el colectivo, todas las víctimas somos, en realidad, supervivientes. Y lo somos porque hay muchas que no lo lograron, que no pudieron soportarlo. Por ellas y por todas aquellas personas que siguen sufriendo LGTBIfobia en el mundo debemos visibilizar y validar nuestras vivencias. Para que aquellas personas que hablan de ‘casos aislados’ o de ‘la mala suerte que tuvo Samuel’ entiendan que no existe tal cosa y que lo que verdaderamente existe es una violencia sistémica que hemos sufrido y que seguimos sufriendo muchas personas. Y, lo más importante, denunciar que esta violencia se está instigando hoy en día desde la política, desde el congreso, donde se están permitiendo que partidos políticos pronuncien discursos de odio que suponen la vulneración de algo tan fundamental como los derechos humanos”, termina.

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