Todo comenzó el 8 de mayo de 2025. Un informe del Escuadrón 52 de Gendarmería Nacional Argentina puso el foco en González como engranaje central del transporte y almacenamiento de cocaína. Las denuncias eran anónimas, pero detalladas: nombres, lugares, rutinas.
LS
En el norte de Salta, donde la ruta 34 corta el monte y la frontera respira a pocos kilómetros, una gomería funcionaba como depósito de casi media tonelada de cocaína. No era una metáfora: 425 kilos exactos, embutidos en siete neumáticos de camión, con envoltorios amarillos estampados con el logo de Ferrari y bloques marcados con un delfín en bajorrelieve.
Seis hombres irán a juicio oral acusados de integrar esa maquinaria. La investigación, impulsada por la fiscal federal Lucía Orsetti, de la Sede Fiscal Descentralizada Tartagal, fue elevada a juicio por el juez federal de Revisión Alejandro Augusto Castellanos, tras la audiencia de control de acusación realizada el 11 de febrero.
Los acusados son Eduardo Tizón, José Ruiz, Néstor González, José Ávalos, Rubén Galván y Marcos Martínez. Se los señala como presuntos coautores del delito de transporte y almacenamiento de estupefacientes agravado por el número de intervinientes. Para dos de ellos —Ávalos y González— la imputación se agrava por la tenencia y portación de armas. La fiscalía adelantó que pedirá penas de entre 16 y 18 años de prisión.
La pista
Todo comenzó el 8 de mayo de 2025. Un informe del Escuadrón 52 de Gendarmería Nacional Argentina puso el foco en González como engranaje central del transporte y almacenamiento de cocaína. Las denuncias eran anónimas, pero detalladas: nombres, lugares, rutinas. Hablaban de reuniones en la estancia “Don Pedro”, en Salvador Mazza, y de viajes frecuentes a Bolivia para negociar cargamentos.
Los investigadores observaron movimientos, vehículos, encuentros. Un Ford Cargo, una Volkswagen Amarok, una Toyota Hilux, una Renault Oroch. Casas en el barrio Pueblo Nuevo. Cruces migratorios reiterados. La coreografía de siempre.
El 16 de mayo, a las 14, la escena se puso en marcha. González salió de su casa y tomó la ruta 34 en una Amarok junto a Galván. Desde Aguaray partió el Ford Cargo conducido por Ávalos. Se encontraron en Piquirenda. La camioneta hizo de coche puntero. Cambiaron conductores en Tartagal y siguieron hasta una gomería en General Mosconi. Quince minutos. Después, una estación de servicio. Otro intercambio. La rutina del traslado clandestino.
A las 16.40, en el kilómetro 1466 de la ruta 34, el camión fue interceptado por orden del juez federal de Garantías de Orán, Gustavo Montoya. El perro antinarcóticos marcó la parte trasera. Había un doble fondo sostenido por tornillos. En la cabina, un revólver calibre .44 con seis cartuchos. Ávalos quedó detenido. González y Galván huyeron hacia Aguaray.
El galpón
Al día siguiente, los allanamientos completaron el cuadro. En la gomería —un galpón al costado de la ruta, cerca del monumento a Güemes— los gendarmes hallaron siete cubiertas de camión. Dentro, 400 paquetes de cocaína: 425,975 kilos con una pureza superior al 70%. Suficientes, según el cálculo oficial, para producir 2.789.804 dosis. Valor estimado: 6.389.625 dólares.
Allí fueron detenidos Tizón, dueño del local, y Ruiz, su sereno.
En la finca “Don Pedro” se incautaron una escopeta calibre 12 y una carabina automática calibre .22. González se presentó días después. Galván cayó en junio. Martínez fue detenido en septiembre, cuando transportaba otros 417 kilos en Senda Hachada. La trama no era episódica: era estructura.
La organización
Para la fiscal Orsetti, los seis formaban parte de una empresa narcocriminal con roles definidos y mando compartido. Un proveedor en Bolivia —prófugo— y su hijo, encargado de la logística en territorio argentino, completan el organigrama aún incompleto.
González coordinaba el traslado desde Salvador Mazza hasta la gomería. Ávalos conducía. Galván custodiaba. Tizón aportaba el predio para acopio y “enfriamiento”. Ruiz vigilaba. Martínez acondicionaba la droga en los neumáticos, paso previo a enviarla hacia el sur del país.
No improvisaban. Ensamblaban.
La defensa cuestionó pruebas y calificaciones legales. El juez rechazó los planteos. El juicio oral será el escenario donde se discutirá si aquella gomería era solo un taller o una estación de paso en la ruta blanca que baja desde la frontera.
En el norte salteño, donde el monte es espeso y la frontera porosa, la cocaína viaja escondida en lo cotidiano: una cubierta, un camión, un galpón de chapa. Esta vez, el viaje terminó antes de salir. Ahora empieza otro: el del proceso judicial.




