La empresa Silvia Magno parece haber encontrado una curiosa forma de entender las normas: como si fueran simples sugerencias. Mientras cualquier comerciante debe hacer malabares para conseguir habilitaciones y cumplir requisitos, la firma de transporte volvió a quedar en el centro de la escena por funcionar sin autorización municipal y utilizar la vía pública como si fuera una extensión gratuita de su propiedad. La clausura de la sede de calle Mendoza al 1500 no cayó del cielo: llegó después de intimaciones, multas y advertencias que, al parecer, fueron interpretadas como parte del paisaje.
No deja de resultar llamativo que una empresa con años de trayectoria siga acumulando clausuras por las mismas razones. En 2025 fue una sede; ahora, otra. A este ritmo, más que un historial administrativo, Silvia Magno parece estar escribiendo un manual sobre cómo ignorar regulaciones sin aprender de las consecuencias. La moraleja termina siendo incómoda: si las reglas existen para todos, sería saludable que también incluyan a quienes transportan pasajeros y no solo a quienes esperan el colectivo.




