En Salta, el amor puede terminar, la convivencia puede naufragar y los abogados pueden empezar a hacer cuentas, pero el perro ya no tiene por qué pagar los platos rotos. La Justicia estableció, mediante un acuerdo, que un hombre deberá contribuir al mantenimiento del animal que compartía con su expareja, quien quedó a cargo de la alimentación, las vacunas y la atención veterinaria. Nace así una nueva categoría jurídica para los corazones rotos: la cuota alimentaria perruna. Mientras miles de familias hacen malabares para llegar a fin de mes, un perro salteño consiguió algo que muchos humanos todavía persiguen: que alguien se haga cargo de sus gastos después de una separación.

La medida se inscribe en el reconocimiento de las llamadas familias multiespecie, una idea que seguramente obligará a revisar las próximas discusiones de pareja. Hasta ahora, divorciarse implicaba dividir bienes, discutir por la casa y negociar quién se quedaba con el televisor. Ahora también habrá que resolver quién paga las croquetas, quién lleva al veterinario y si corresponde establecer un régimen de visitas para el can. La abogada Carmen Céspedes Cartagena mencionó que alimentar a una mascota puede costar alrededor de $100.000, aunque no se confirmó que esa sea la cuota fijada en este caso. Moraleja: antes de convivir, conviene hablar de los hijos, las deudas y el perro. Porque una cosa es separarse de la pareja y otra muy distinta es dejar al mejor amigo sin cobertura médica ni presupuesto para el alimento balanceado.