El relato del boom minero: Algo no cierra

La actividad explicó el 44% de las exportaciones de Salta en 2025, aunque las regalías apenas aportaron el 0,2% de los ingresos provinciales. El empleo minero también empezó a retroceder, mientras crece el cuentapropismo como salida ante la falta de trabajo registrado.

 

Kim Im Porta

 

El relato del boom minero se instaló como una de las grandes promesas de futuro para Salta. Las inversiones millonarias, la expansión de los proyectos de litio y las cifras del comercio exterior alimentan la expectativa de una transformación económica capaz de generar empleo, ingresos y oportunidades para la provincia. Hay datos que respaldan ese entusiasmo. Otros obligan, al menos, a bajar un cambio.

En 2025, la minería representó el 44% de las exportaciones salteñas. La cifra la ubica como un sector central para la inserción internacional de la economía provincial. Sin embargo, cuando se mira cuánto de esa actividad ingresa directamente a las arcas públicas, la proporción cambia de escala: las regalías mineras representaron apenas el 0,2% de los recursos provinciales durante el mismo período.

La diferencia merece atención. Las exportaciones miden el peso comercial de una actividad; pero por sí solas, no dicen cuánto recauda la provincia ni cuántos puestos de trabajo genera.

De esa forma, el primer indicador se presenta como prueba suficiente del éxito de un modelo económico. Las estadísticas no se contradicen necesariamente, pero leerlas como si midieran lo mismo puede resultar engañoso.

Mucho mineral, pocos ingresos

Un informe de la Fundación Mediterránea, elaborado a través del Instituto de Estudios sobre la Realidad Argentina y Latinoamericana (IERAL), examinó las ejecuciones presupuestarias de las provincias mineras. Los resultados muestran que el aporte directo de las regalías permanece por debajo del 1% de los ingresos provinciales en los tres distritos analizados.

En Salta, las regalías específicamente mineras sumaron unos $5.618,9 millones presupuestados y equivalieron al 0,2% de los recursos provinciales. En Catamarca representaron el 0,46%, mientras que en Jujuy llegaron al 0,96%. Incluso en provincias donde la actividad extractiva tiene un peso considerable en el comercio exterior, el ingreso por esta vía sigue siendo relativamente pequeño frente al conjunto de los recursos públicos.

La cifra salteña resulta llamativa por el contraste con el 44% de las exportaciones. La minería concentra una porción enorme de las ventas al exterior, pero las regalías que paga por la extracción explican una fracción mínima del presupuesto. Según el mismo estudio, esos recursos permitieron financiar entre el 1% y el 5% de la inversión pública provincial durante el período 2023-2025.

El informe hace una salvedad: el 0,2% no representa todo lo que el Estado recauda o puede obtener de la minería. El cálculo deja afuera otros tributos provinciales y municipales, como Ingresos Brutos y Sellos, además de los efectos indirectos asociados con el empleo y las empresas proveedoras.

Pero la aclaración tampoco invalida la pregunta de fondo: ¿qué parte de la riqueza generada por el boom minero se transforma efectivamente en recursos públicos disponibles para atender las necesidades de los salteños? Para responderla hace falta una cuenta más amplia, que discrimine impuestos, regalías, incentivos fiscales, inversiones y costos asociados con la expansión productiva.

El empleo también se estanca

La otra gran promesa del sector es el trabajo. La minería ofrece puestos formales, salarios relativamente altos y demanda de calificaciones específicas. También moviliza a empresas de transporte, catering, construcción y metalmecánica. Ese efecto multiplicador existe y debe considerarse al evaluar su impacto. Pero, ¿cuánto empleo puede absorber realmente y qué ocurre cuando los grandes proyectos cambian de etapa?.

De acuerdo con datos del Instituto de Estadística y Registro de la Industria de la Construcción (IERIC), la minería representa alrededor del 4% del empleo privado formal salteño. Al incorporar el empleo público al universo total de ocupados, su participación cae a cerca del 2%. La proporción puede crecer con nuevas inversiones, pero por ahora está lejos de convertir al sector en la principal fuente de trabajo de la provincia.

Las estimaciones más optimistas agregan que por cada puesto minero directo se generan al menos tres empleos indirectos en proveedores y servicios. Bajo esa relación, el universo de trabajadores vinculados indirectamente podría superar las 20.000 personas. Es un aporte relevante, aunque conviene distinguir entre empleos directos, puestos en empresas proveedoras y trabajadores cuya actividad depende de manera parcial de la minería. Sin esa separación, el efecto multiplicador corre el riesgo de convertirse en una cifra difícil de contrastar.

Además, el empleo minero empezó a mostrar señales de enfriamiento después de varios años de expansión. Tras crecer más del 150% desde la pandemia y alcanzar máximos históricos en 2024, el sector registró caídas interanuales de entre el 5,7% y el 8%, según los datos aportados para este análisis.

El fenómeno tiene explicaciones productivas. Algunos proyectos dejaron atrás la etapa de construcción, que requiere grandes cantidades de mano de obra, y pasaron a la fase operativa, con plantas más pequeñas y procesos automatizados. A eso se sumaron las fluctuaciones del precio internacional del litio y la moderación de algunas inversiones. El resultado es que una industria puede seguir produciendo y exportando mientras necesita menos trabajadores que durante el montaje de sus instalaciones.

Tamos’ llenos de sandwicherías

En paralelo, el cuentapropismo se expandió como refugio ante la pérdida de empleos asalariados y la falta de vacantes. Los datos de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) del INDEC muestran una dinámica en la que el trabajo independiente gana terreno mientras retrocede el empleo registrado en distintos sectores. Para Salta se estima un crecimiento anual del cuentapropismo cercano al 6%; a escala nacional y regional, el fenómeno también se traduce en cientos de miles de personas que buscan ingresos por fuera de una relación laboral tradicional.

La diferencia entre ambos mundos es considerable. La informalidad en la minería es cercana a cero, mientras que entre los cuentapropistas alcanza el 65,8%, según las cifras consignadas para este análisis. Detrás de esa distancia hay algo más que una diferencia estadística: un puesto minero registrado suele ofrecer estabilidad relativa y protección social; buena parte del trabajo independiente, en cambio, depende de ingresos variables y carece de aportes previsionales.

Por eso, la imagen de una provincia que se encamina al futuro de la mano de la minería convive con otra menos atractiva: la de personas que salen a vender comida o prestar servicios por su cuenta porque no encuentran un lugar en el mercado laboral formal. El crecimiento exportador y la precarización parecen avanzar al mismo tiempo.

El boom puede ser real, pero también lo son el peso limitado de las regalías en el presupuesto, la participación minoritaria de la minería en el empleo y las señales de desaceleración laboral. Si los discursos oficiales se apoyan en las exportaciones para anticipar un futuro auspicioso, las cuentas fiscales y laborales merecen el mismo espacio.