Aunque usted no lo crea, los muchachos son incorregibles, y pese al tiempo transcurrido desde las últimas elecciones, ya están pensando que tres años no son nada. Eso significa que a la par de cumplir con sus recientes funciones, ya están pensando en 2023. Cómo así? Por Lola Mento

En este caso, ya se está evaluando quienes van a ser los candidatos para la intendencia capitalina teniendo en cuenta dos probabilidades: una, que a la intendenta Titi Romero se le ocurra despegar en su gestión que por ahora está en modo recalentamiento de motores y aspirar a la gobernación; y la segunda, es que prefiera probar un segundo mandato al frente de la intendencia capitalina.

Para los jugadores del Grand Bourg la premisa es recuperar la capital salteña, ya que Romero insiste en desconocer la voluntad popular que la puso en el sillón de la intendencia apuntalada por el ahora gobernador Gustavo Sáenz. Los acuerdos incumplidos y la insistencia de “la princesa” de jugarla de líbera, hacen descartarla para una asociación futura.

Hasta ahora, la estrategia que se viene pergeñando, apunta a dos dirigentes a quienes se los deberá apoyar durante estos cortos años, para proyectarlos como candidatos naturales a la intendencia capitalina.

Uno es de la propia tropa: Matías Posadas, primer dirigente urtubeicista que supo mirar más allá, y pegar el volantazo oportuno que lo depositó a los pies del ganador de las elecciones pasadas, cuando el resto se empecinaba en continuar aferrado a los pantalones de Urtubey en un camino al precipicio.

El otro, es parte de una estrategia que acerca al grupo gobernante al sector albertista: Gonzalo Quilodrán. La conducta del dirigente fue premonitoria a la hora de abandonar la teta del Estado y los beneficios recibidos de él, para plantear su postura opositora en una Salta que aún se mantenía bajo el sopor del mandato U. Los estrategas piensan, que este gesto sería una buena señal de apertura provincial al gobierno Fernandista, que cuenta a Quilodrán como uno de sus funcionarios mas adeptos en Salta.

Ambos tienen sobre sus hombros una campaña a la intendencia en la que si bien no obtuvieron los resultados deseados, cuentan ya con el suficiente conocimiento popular para ser tenidos en cuenta a la hora de imponer sus nombres.

 

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