Romerato: Voluntarios para enseñar, memoria para olvidar

 

Hay palabras que, usadas con suficiente insistencia, empiezan a sonar bien aunque escondan algo incómodo. Voluntariado es una de ellas. Transformador es otra. Compromiso. Oportunidad. Confianza.

 

Abraham mElano

 

Con ese repertorio, la exintendenta de Salta Bettina Romero promociona en redes sociales un nuevo programa de su fundación Fundara: #PilaresDeAprendizaje, una convocatoria para que voluntarios acompañen a chicos de primaria en sus procesos educativos. La consigna es simple y emotiva: no hace falta “saberlo todo”, dicen. Basta con presencia, empatía y ganas de ayudar.

Traducido al lenguaje de la realidad: enseñar gratis.

El detalle no sería menor en cualquier contexto. Pero lo es todavía menos en una provincia donde los docentes llevan años reclamando salarios dignos, mejores condiciones laborales y reconocimiento a una tarea que el propio discurso político suele describir como “fundamental para el futuro”. Fundamental, sí, pero aparentemente también gratuita.

Porque mientras los maestros discuten cómo llegar a fin de mes, la propuesta que emerge desde el universo Romero parece ser otra: que alguien lo haga sin cobrar.

La ironía histórica tiene además un espesor difícil de ignorar. El apellido Romero tiene una relación larga y áspera con el sistema educativo salteño. Durante la gobernación de Juan Romero, padre de Bettina, la protesta docente tuvo uno de sus capítulos más recordados en la llamada “Noche de las Tizas”, cuando educadores que reclamaban mejoras fueron reprimidos en plena manifestación. Aquella noche dejó imágenes que todavía sobreviven en la memoria política de la provincia: maestros perseguidos, policías avanzando, tizas que se convertían en símbolo de resistencia.

Hoy, décadas después, la escena parece haber mutado de forma. Ya no se reprime a los docentes. Se los reemplaza con voluntarios.

El programa que impulsa Fundara se presenta como una experiencia “transformadora”, organizada junto a la Asociación Pilares y la Escuela de Educación de la Universidad Austral. La invitación es clara: dedicar tiempo para acompañar a chicos que necesitan apoyo escolar.

La pregunta que flota, sin embargo, es otra: ¿por qué esa tarea debería sostenerse en el trabajo gratuito de voluntarios y no en políticas públicas que fortalezcan la educación con docentes pagos y capacitados?

La respuesta probablemente no esté en la pedagogía sino en la política.

Después de una gestión municipal que terminó con niveles de desgaste importantes y una derrota electoral, Bettina Romero intenta reconstruir presencia pública. Las fundaciones, en ese sentido, suelen funcionar como laboratorios de reposicionamiento: espacios donde se cultiva imagen, se tejen redes y se vuelve a aparecer en escena bajo el paraguas amable de la “acción social”.

El problema es que la educación no es un escenario neutro para ensayar ese regreso.

Cuando un dirigente político propone que enseñar sea una tarea voluntaria, el mensaje que se desliza es peligroso: que el trabajo docente puede reemplazarse con buena voluntad. Que el conocimiento es prescindible. Que la precariedad es una forma aceptable de resolver problemas estructurales.

La paradoja es evidente. Durante años la política repite que la educación es la clave del desarrollo. Pero cuando llega el momento de sostenerla, aparecen los voluntarios.

Quizás la propuesta de Fundara tenga participantes entusiastas. Tal vez haya personas genuinamente dispuestas a dedicar tiempo a ayudar a chicos. Eso no está en discusión. La solidaridad social existe y es valiosa.

Lo que sí merece discusión es otra cosa: cuando la política convierte esa solidaridad en sustituto del Estado.

Porque enseñar no es un hobby. No es un pasatiempo altruista. Es una profesión.

Y en una provincia donde los docentes todavía recuerdan la Noche de las Tizas, la idea de que la educación pueda sostenerse con trabajo gratuito suena menos a innovación pedagógica que a un viejo reflejo del poder: el de pedir sacrificios siempre a los mismos.

Mientras tanto, en las redes sociales, la convocatoria sigue abierta.

“Dejanos un comentario con la palabra INFO”, dice el post.

Quizás también habría que dejar otra palabra.

Memoria.