Non fiction en tierra de Rodolfo Walsh

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Cuarto Poder estuvo en Choele Choel, la ciudad en donde se asentó el abogado de la familia del desaparecido Daniel Solano. Sergio Heredia vive en una Iglesia mientras investiga y acompaña el acampe que el padre del trabajador tartagalense realiza frente a la fiscalía de esa localidad. (Lula González)

 “Me estoy filmando y grabando por las dudas para que quede un mensaje, no tengo miedo no tengo temor yo supe siempre a lo que estuve expuesto. Le pedí a mi amigo Leandro, a los Solano que tengan cuidado que esto puede pasar, una manera fácil de terminar esto puede ser planificando mi muerte”. Sentado en una habitación, solo, en una iglesia que se convirtió en su segundo hogar y también en su centro de recepción de denuncias. Allí recibe a periodistas, testigos y personas que se acercan a buscarlo para aportarle datos. Es allí donde Sergio Heredia graba este testimonio personal para su familia a 2400 kilómetros de su provincia, Salta; y  más aun de su hogar natal: Tartagal.

Es que desde que llegó a Choele Choel, un pueblo del medio valle de la provincia de Rio Negro, lugar donde nació el legendario periodista Rodolfo Walsh, el 5 de diciembre del 2011, su vida cambió rotundamente. Heredia persigue un solo objetivo que lo desvela y lo obsesiona: buscar justicia para el salteño Daniel Francisco Solano, el joven trabajador golondrina de 27 años de la Misión Cherenta que viajó a Río Negro en busca de trabajo o de las oportunidades, que como miles de chicos jóvenes no le supo dar su provincia.

Desde su intervención en el caso, Heredia, junto al abogado penalista bahiense, Leandro Aparicio, desenmarañó una trama de la explotación laboral y complicidad judicial. Su vida cambió. Desde hace tres años se centra en un expediente que contiene más de mil fojas, testimonios, redes sociales y sacrificios, lejos de su familia. Todo este trabajo fue volcado en un documental que ellos mismo filmaron y se titula “Diario de una causa-Daniel Solano”, que fue exhibida en diversos lugares, como así también en jornadas de Derechos Humanos.

Heredia vive en una Iglesia de Choele Choel, donde se asentó para seguir la causa más detenidamente y estar con los Solano en su acampe. Dejó su vida acomodada de Tartagal y el estudio de abogados con sus hermanos, todos de conocida trayectoria. Casi como un sacrificio o tal vez buscando la redención, su nueva vida material se reduce a una computadora que lo conecta al mundo y una modesta habitación con un catre en la casa religiosa, además de libros. Allí, casi como en la legendaria serie de la década de los ochenta de David Lynch llamada “Twin Peaks”, intenta descubrir un asesinato en un lugar alejado y ajeno a toda su cotidianeidad.

Lector de Borges y Santo Tomas de Aquino, habla o responde las acusaciones o críticas que le realizan con poemas de Whitman, escribe, piensa, delinea que pasos va a seguir para encontrar un cuerpo que ya nadie busca. Amenazado de muerte y custodiado vaya a donde vaya, hoy considera que ayudar a Gualberto Solano a traer el cuerpo de su hijo es uno de sus objetivos profesionales y personales a cumplir.

¿Quién era Daniel Solano?

Daniel Solano nació el dos de noviembre de 1984, el mismo mes en el que desaparecería 27 años después. Único hijo varón de una familia humilde compuesta por su padre Gualberto y sus cinco hermanas, su madre falleció cuando él tenía solo catorce años. Gualberto llevó adelante la familia en silencio y trabajando, intentó darle lo mejor a su familia.

Daniel era un chico pintón de buen porte, atlético, amistoso y familiero. Su sueño era jugar de arquero y lo hizo en Club Social y Deportivo Guaraní. También jugó en el mismo puesto en el equipo de fútbol de la última empresa en la que trabajó y la cual aparece vinculada con su desaparición: Agrocosecha. Era un chico común y a la vez poseía rasgos que lo hacían único: fue uno de los pocos de su comunidad que terminó la secundaria, era serio y trabajador.

Estas características que su padre conocía tan bien, le hicieron descreer de los primeros datos que la empresa difundió después de la desaparición de Daniel. En los mismos, la empresa informó que Daniel se había ido del lugar sin dinero, sin sus documentos y había partido a Neuquen sin avisar a nadie y con rumbo desconocido. Gualberto Solano también desconfió cuando la Jueza Marisa Bosco, que entendía la causa, le informó que probablemente Daniel se encontraba en Bolivia. El padre consideró que esa información era falsa.

Era el tercer viaje que realizaba al sur en busca de trabajo, como lo hacen  muchos de los mal denominados “trabajadores golondrinas”, un término poético que en realidad esconde condiciones precarias. Daniel viajó los 2300 kilómetros (dos días de viaje casi enteros) hacia la cosecha de manzanas en la localidad de Lamarque, a 17 kilómetros de Choele Choel. Solano convivía hacinado junto a otros 150 trabajadores que dedicaban casi todas las horas de sus días en el trabajo. Los “golondrinas” fueron contratados por Agrocosecha SRL, empresa tercerizada a cuenta de Expofrut Argentina, sello criollo de la multinacional de origen belga Univeg.

El viernes 4 de noviembre, Daniel había cobrado su primer mes en la cosecha. El acuerdo inicial por el que el decidió viajar era de $2000 mensuales (90 por día, que contemplaba de 10 a 12 horas seguidas de trabajo), pero sólo le pagaron la suma de $800 pesos. Posteriormente se supo que en ese momento los trabajadores planteaban la posibilidad de realizar un reclamo junto con otros 60 trabajadores que también provenían del norte del país y que en su mayoría eran salteños. Con parte de ese dinero, Daniel compró un celular con el que intercambió mensajes de texto con su novia María Luisa y llamó a su papá al que le contó, en pocas palabras, la idea del reclamo por el pacto laboral pisoteado por la empresa.

Ese viernes, junto con otros trabajadores fue al boliche de Choele Choel, Macuba. Nadie se imaginaba que esa noche iba a ser la última vez que iban a ver a Daniel Solano. Tampoco Solano sabía que los que festejaban con él y le servían cervezas, eran algunos de sus “entregadores”. Incluso existe registro fotográfico de esa noche. En ellas se lo puede ver a Solano sonriente, realizando gestos, vestido con una chomba celeste a rayas blancas y azules, jean y un pulover gris en los hombros. Esa foto con un gesto de calma y con el pulgar arriba, es la foto que acompaña todas las marchas en Tartagal y en Río Negro y se convirtió en el símbolo de un nuevo desaparecido en democracia.

Esa noche a las 2.40 de la madrugada Daniel fue sacado a los empujones por los policías de seguridad que trabajaban como “adicionales”. Una vez en la calle, lo golpearon y no se supo nada más de él.

El hombre que vino de lejos

De traje, con corbata roja, con anteojos de sol y acento salteño, llegaba un mes después de la desaparición el abogado Sergio Heredia a las tierras de Walsh para ayudar a la familia Solano. Frente a los medios, este abogado desconocido cuestionaba los poderes del lugar. Heredia fue conocido a nivel nacional años atrás cuando denunció los negociados de la organización “Sueños Compartidos” de las Madres de Plaza de Mayo que dirige Hebe de Bonafini y que, por ese entonces, contaba con los servicios de Sergio Schocklender. También sabe todo Tartagal que la relación entre Sergio Heredia y Sergio el “Oso” Leavy, no es la mejor. El actual intendente tilda de “mediático y con antecedentes de violencia familiar” a Heredia. Sin embargo, la ex esposa del abogado del Caso Solano lo desmiente.

Antes de partir, en diciembre del 2011, Heredia recaudó testimonios de amigos y conocidos de Solano en Tartagal y en camioneta fue rumbo al lugar que se convirtió, con algunos viajes a Capital y a Salta, en su segundo hogar. Una de las características de la metodología utilizada por Sergio Heredia es el uso de las redes sociales. En su cuenta de Facebook postea fotos de Gualberto y sube todos los testimonios que va cosechando. Lo mismo hace con su cuenta de youtube.

Estos videos denostados por algunos fueron parte del proceso de investigación que realizó Heredia. Mediante ellos detectó que la Jueza Bosco, que en mayo del año 2013 renunció y se jubiló para evitar el juicio político, afirmaba que en el expediente Daniel Solano fue visto por un testigo el seis de noviembre del 2011. En los videos (más de 100 y cada uno de ellos es reproducido hasta 120 veces por los usuarios) el mismo testigo desmiente el documento judicial y afirma que en realidad lo vio el cinco de noviembre. La diferencia es notable: la fecha puede establecer que Solano es un trabajador golondrina desaparecido o un hombre que fue visto con vida después de haber sido sacado de un boliche, esta segunda quedó descartada.

A partir de este hecho y realizando un trabajo de hormiga, Heredia convenció a diferentes trabajadores que previamente no habían emitido declaraciones. Esos documentos audiovisuales no sólo sirven para entender la causa de la desaparición de Solano, sino que también le sirvieron a Heredia para advertirles a los trabajadores de la necesidad de tener un respaldo y no quedar comprometidos en una situación que ya se vislumbraba como un crimen. Con ese tipo de herramientas también graba cómo es la vida en Choele Choel, donde los Solano se encuentran realizando un acampe al frente de la Fiscalía del lugar. Si bien esta forma de recaudar testimonios es bastante original, es criticada duramente por algunos juristas que consideran que cualquier pesquisa significas circunscribir el valor de las pruebas a un expediente.

Desde la llegada de Heredia el caso viró en otro sentido y la hipótesis policial/judicial de que Solano se emborrachó, salió del boliche y se perdió para nunca más aparecer, perdió credibilidad. Fue entonces cuando empezó a cobrar fuerza la hipótesis del abogado Heredia, la cual sostenía que se estaba ante un crimen mucho más complejo y organizado. La reconstrucción de la historia que realizaron los abogados estableció lo siguiente: la empresa belga tenía un buen concepto de Daniel Solano, era respetado por otros trabajadores y considerado un “líder positivo”. Según esta versión, desde la misma empresa “los patrones” le ofrecieron convertirse en puntero para calmar las inquietudes de los trabajadores molestos por las promesas incumplidas. A Solano la propuesta “no le gustó” y sufrió como réplica lo que finalmente ocurrió.

Sin beneficio y como a todos, a Solano le pagaron la mitad de lo acordado. Uno de los mecanismos más sutiles se encuentra en la cláusula número 18 del contrato de trabajo de Agrocosecha. En él se establecía que si un trabajador poseía cualquier problema con la policía o la justicia, era pasible de ser despedidos sin pago, indemnización ni pasaje de vuelta.

El negociado no sólo tiene que ver con la explotación laboral, sino que posteriormente se abrió otra causa judicial por estafa según lo que dijo el abogado de Solano “Se supone que Agrocosecha cobra el 4% de lo que le corresponde a cada trabajador, pero en la práctica se quedaban con casi dos tercios de ese ingreso que paga Expofrut Univeg. Pero la multinacional no es ajena al negocio, es parte del problema y todo eso lo tenemos acreditado” sostiene Heredia.

¿Cómo sigue ahora?

Gracias a los esfuerzos de Sergio Heredia y Leandro Aparicio, hoy por hoy cuentan con un expediente que tiene más de cincuenta cuerpos. Hay más de siete miembros de la Policía procesados y los testimonios continúan surgiendo. Después de acaparar la atención nacional (aunque no tanto en Salta) muchos de los testigos comenzaron a hablar. Mientras tanto, Heredia continúa buscando testigos. Una ronda de declaraciones con 14 personas se realizara el próximo martes treinta de setiembre.

Desde el año 2011, el gobierno de la Provincia de Salta tuvo pocas intervenciones: “No hubo una comunicación oficial de apoyo por parte del Gobernador Urtubey en este caso” expresa Sergio Heredia. Lo que sí ocurrió, en agosto de este año, fue una reunión entre el abogado y la Ministra de Derechos Humanos Marianela Cansino. Días previos al encuentro, Heredia le había hecho llegar el documental donde intenta explicar la compleja trama. Al consultarle a la funcionaria si había visto el video documental, Cansino le respondió que no había tenido tiempo. Frente al desaire, Heredia le preguntó cómo iba a poder comprender un tema si no le había dedicado una hora a lo que él le había dedicado tres años de su vida.

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