En Salta, casi cuatro de cada diez deudores menores de 25 años están en mora. La cifra duplica el promedio provincial y desnuda una paradoja incómoda: los jóvenes que recién ingresan al mercado laboral ya aparecen entre los principales afectados por el endeudamiento. Guachipas lleva el caso al extremo, con más de la mitad de sus deudores jóvenes con pagos atrasados.
Kim Im Porta
Hay una postal de la juventud salteña que no aparece en Instagram, ni en las publicidades de bancos, billeteras virtuales o aplicaciones de crédito. No muestra viajes, zapatillas nuevas ni consumos financiados en doce cuotas. Muestra otra cosa: una generación que todavía está intentando entrar al mercado laboral, conseguir un salario que alcance y construir algún proyecto propio, pero que ya empezó a acumular deudas.
Los números son bastante menos amables que cualquier discurso sobre inclusión financiera. En Salta hay unas 530 mil personas registradas como deudoras y alrededor de 155 mil tienen atrasos superiores a los 90 días. Es decir, casi tres de cada diez personas endeudadas no están pudiendo cumplir con sus compromisos. La tasa de mora alcanza el 19,13%, por encima del promedio nacional.
El dato más inquietante aparece cuando se baja la lupa por edades. Entre los menores de 25 años, la morosidad llega al 38,6%. Es decir: prácticamente cuatro de cada diez jóvenes salteños que tienen deudas están atrasados en sus pagos. La proporción cae a medida que avanza la edad: 27,4% entre los 26 y 35 años, 20% entre los 36 y 45, y 17% entre los 46 y 55.
La deuda, además, no parece estar asociada en este segmento a la compra de una vivienda, un automóvil o algún otro activo que pueda interpretarse como una inversión de largo plazo. La deuda promedio de los jóvenes ronda los $900 mil y está vinculada principalmente con gastos cotidianos.
Hay algo casi brutalmente simbólico en ese dato. El crédito que alguna vez fue presentado como una herramienta para construir patrimonio aparece, para una parte de los jóvenes, como un mecanismo para llegar a fin de mes.
El crédito como salvavidas y como trampa
El informe surge del Mapa de la Deuda, una herramienta elaborada por el Centro de Estudios de la Ciudad junto con la Fundación Friedrich Ebert a partir de información oficial de la Central de Deudores del Banco Central, actualizada a junio de 2026. La foto provincial muestra un universo de endeudamiento considerable: $2,2 billones acumulados, de los cuales unos $420 mil millones se encuentran en mora.
Salta concentra el 2,42% del monto total de deuda del país y el 2,66% de la deuda en mora. Los deudores salteños representan el 2,73% del total nacional, mientras que los que están en situación de mora alcanzan una incidencia del 3,2%.
La diferencia entre deuda y mora es importante. Tener una deuda no significa necesariamente estar en problemas. El problema aparece cuando el crédito deja de ser una herramienta administrable y se convierte en la forma habitual de financiar consumos que el ingreso corriente ya no permite cubrir.
Y ahí los jóvenes tienen una desventaja evidente. Tienen menos antigüedad laboral, salarios generalmente más bajos, mayor presencia en empleos informales o inestables y, en muchos casos, todavía no cuentan con patrimonio propio. El margen de error es mucho más pequeño.
Una compra financiada, un préstamo personal, el saldo de una tarjeta o una deuda acumulada en una billetera virtual pueden parecer individualmente manejables. El problema aparece cuando se superponen. Una cuota paga otra cuota. Un crédito cancela el anterior. El próximo ingreso ya llega parcialmente gastado antes de haber sido cobrado.
El fenómeno no es exclusivamente salteño. A nivel nacional, la mora también golpea con particular intensidad a los sectores más jóvenes. Pero Salta combina un mercado laboral con ingresos relativamente bajos, una estructura productiva desigual y una menor capacidad de acceso a determinados instrumentos financieros con una expansión acelerada del crédito de consumo.
El propio mapa muestra, además, fuertes diferencias territoriales. La tasa de mora salteña está por encima de la media nacional, aunque lejos de los primeros puestos. La Rioja encabeza el ranking con 23,9%, seguida por San Luis con 22,2%, Santa Cruz con 21,9%, Catamarca con 21,5% y San Juan con 20,5%. En el otro extremo aparece La Pampa, con 9%, seguida por la Ciudad de Buenos Aires, Entre Ríos, Santa Fe y Córdoba.
No parece casual. Las diferencias geográficas pueden asociarse al desempeño de las distintas economías regionales y a la composición de sus mercados laborales. La agroindustria, la industria, el comercio y la construcción no atraviesan los mismos ciclos ni ofrecen las mismas condiciones de empleo. Tampoco todos los territorios tienen idéntico acceso al crédito formal.
Pero en Salta el problema no es solamente cuánto crédito existe. También es quién puede pagarlo.
Guachipas: cuando la estadística deja de ser abstracta
Si el promedio provincial ya resulta preocupante, hay departamentos donde la fotografía se vuelve todavía más áspera.
General San Martín encabeza el ranking salteño: el 21,86% de su población aparece endeudada. Son 43.786 personas, con una deuda acumulada de $154.463 millones. Pero el dato que cambia la lectura es etario: el 40,25% de sus deudores tiene hasta 25 años.
Segundo aparece Guachipas, con el 21,03% de su población endeudada. Allí son 2.686 personas y el volumen total de deuda alcanza los $8.616 millones. Pero el verdadero signo de alarma está en otro número: el 55,81% de los deudores tiene menos de 25 años. Más de la mitad.
Conviene, de todos modos, mirar el dato con cierta cautela. En departamentos con poblaciones pequeñas, porcentajes elevados pueden amplificarse con mayor facilidad que en los grandes centros urbanos. Eso no invalida la señal, pero obliga a evitar conclusiones apresuradas. El dato no significa que más de la mitad de todos los jóvenes de Guachipas esté endeudada. Significa que, dentro del universo de personas endeudadas relevado, los menores de 25 años constituyen una proporción extraordinariamente alta y, además, presentan una situación de mora especialmente preocupante.
Completa el podio La Poma, con el 20,85% de su población endeudada. Son 4.162 personas y una deuda acumulada superior a los $14.385 millones. Allí la composición cambia: el grupo más afectado es el de adultos de entre 36 y 45 años, que representa el 32,9% de los deudores.
Hay otro dato que permite entender que no se trata simplemente de una cuestión de cantidad. En San Martín, la deuda acumulada equivale a unos $3,5 millones por deudor; en Guachipas, a poco más de $3,2 millones; y en La Poma, a unos $3,4 millones. Son magnitudes que conviven con realidades laborales y productivas muy diferentes.
La geografía, entonces, también cuenta una historia. No todos se endeudan por lo mismo ni en las mismas condiciones. Pero cuando el endeudamiento aparece concentrado en los sectores más jóvenes, la pregunta deja de ser solamente cuánto deben y empieza a ser qué posibilidades tienen de salir de ahí.
Del crédito a la apuesta: la otra deuda joven
Hay una segunda variable que merece ser incorporada a la conversación, aunque no pueda establecerse con los datos disponibles una relación causal directa entre apuestas online y morosidad financiera: la expansión del juego digital entre adolescentes y jóvenes.
En Salta, la preocupación institucional ya existe. En 2024, una investigación impulsada por la Universidad de Buenos Aires y presentada junto al Gobierno provincial relevó el impacto de las apuestas deportivas online en jóvenes desde los 16 años. El objetivo declarado era generar información para políticas públicas frente a una problemática que ya había sido detectada en distintos puntos de la provincia.
Dos años después, el fenómeno está todavía más instalado en la conversación pública. En julio de 2026, informes difundidos en la provincia señalaron que más de uno de cada cuatro estudiantes secundarios había apostado dinero durante el último año y que el contacto con el juego online comenzaba cada vez más temprano.
A nivel nacional, un dato publicado este año también señaló que uno de cada ocho adolescentes ya tenía deudas vinculadas al juego.
Las apuestas, además, agregan una lógica particularmente peligrosa: mientras el crédito permite consumir algo que de otro modo no podría comprarse, el juego ofrece la ilusión de recuperar rápidamente lo perdido. Cuando aparece el rojo, la respuesta puede ser apostar otra vez. Y cuando el dinero no alcanza, aparece el crédito.
Una generación que empieza debiendo
El dato central del Mapa de la Deuda no es que Salta esté entre las provincias con mayor morosidad. No lo está. Tampoco que los salteños tengan una deuda total especialmente extraordinaria frente al resto del país. Lo verdaderamente incómodo es la distribución del problema.
La mora provincial alcanza al 19,13%, pero entre los menores de 25 años prácticamente se duplica. En Guachipas supera la mitad de los deudores jóvenes. Y la deuda juvenil, lejos de estar dominada por grandes inversiones, aparece relacionada principalmente con el consumo cotidiano. Es una fotografía de una generación que empieza su vida económica desde atrás.




