Después de casi tres años bajo intervención nacional dispuesta por de CFK, el Partido Justicialista de Salta tiene nueva conducción. La proclamó, sin necesidad de votos, el interventor judicial José Luis Napoleón Gambetta: Julio Argentino San Millán, secretario de Relaciones Internacionales del gobierno provincial y dirigente de larga trayectoria dentro del saencismo, quedará al frente del sello partidario. Pero la “normalización” —la palabra que más repiten los protagonistas del proceso— dejó una fractura tan visible como la foto de la proclamación: el sector que responde a Urtubey y a Kosiner no reconoce la nueva conducción y ya anticipó que construirá una alternativa propia de cara a 2027.
Señor Equis
El cronograma judicial preveía elecciones internas para el domingo 2 de agosto. No hicieron falta. De las 24 listas que llegaron a presentarse en las semanas previas, unas fueron impugnadas y otras terminaron fusionándose en una sola boleta de unidad, “Generación Justicialista”, encabezada por San Millán. Sin competencia, la Justicia Electoral no tuvo motivo para convocar a los afiliados a votar, y el interventor pasó directamente a la proclamación.
Gambetta, que había sido designado por la jueza federal María Servini el 20 de mayo para reorganizar institucionalmente el partido, explicó en diálogo con radio FM local que su tarea no se limitó a lo electoral: incluyó también la regularización de deudas y obligaciones pendientes del PJ salteño. Sobre el resultado del proceso, el interventor fue elocuente: “el PJ va a tener la fuerza necesaria”, sintetizó al confirmar que San Millán asumiría sin necesidad de comicios.
San Millán, por su parte, había insistido semanas antes en que su candidatura no fue una jugada personal sino una convocatoria de “distintos sectores”, incluso de dirigentes con los que había estado enfrentado dentro del propio peronismo. En un programa de televicion por cable, según reprodujo una FM, el dirigente relató que la decisión también tocó una fibra familiar: sus padres y tíos —Roberto, Ricardo y Néstor San Millán, este último conocido como “el Pericote”— fueron fundadores del Partido Justicialista en la provincia. “A mí me tocó la fibra más íntima”, admitió.
Otro triunfo para Sáenz
Para buena parte del análisis político salteño, lo ocurrido este fin de semana no fue solamente un trámite de normalización partidaria: fue una jugada maestra del gobernador Gustavo Sáenz. El periodista Joaquín Mugica Díaz lo planteó sin rodeos en una columna publicada en Infobae: tanto la intervención judicial como la posterior designación de San Millán constituyen triunfos consecutivos para Sáenz, en la medida en que ambos —el interventor y el nuevo presidente partidario— son personas políticamente cercanas al mandatario provincial.
La lectura tiene sustento en los antecedentes. Sáenz, que gobierna Salta primero como intendente capitalino y luego como gobernador con un armado propio (el Partido de la Identidad Salteña, PAIS), había manifestado en distintas oportunidades su intención de recuperar el control del sello justicialista, que había quedado en manos de la conducción nacional kirchnerista tras la intervención de 2025. Con San Millán al frente —un dirigente que ocupó cargos como secretario político, integrante del Consejo Provincial y congresal nacional del PJ, y que hoy preside además la Fundación ProSalta—, el gobernador consolida una pieza más de su tablero electoral de cara a una eventual re-reelección, cuya habilitación constitucional todavía no está resuelta.
La fractura complica cualquier lectura de unanimidad. Apenas un día después de la proclamación, el propio armado saencista sufrió una primera fisura: la diputada provincial Laura Cartuccia, que integraba la lista en un tercer término, presentó su renuncia al Consejo Provincial antes de que las nuevas autoridades asumieran formalmente.
“Colaboracionismo”
El espacio que referencia a Urtubey y Kosiner, agrupado bajo el sello Fuerza Patria Salta, no esperó ni 48 horas para responder. A través de un comunicado titulado “La legitimidad del Partido Justicialista de Salta no se proclama, se construye”, el sector impugnó los procedimientos utilizados por el oficialismo local para retomar el control del partido y adelantó que no reconocerá a la conducción proclamada por Gambetta.
El texto no se guardó nada a la hora de calificar políticamente a la nueva conducción: “Quienes hoy pretenden conducirlo pertenecen a un espacio político que se ha definido públicamente por su actitud colaboracionista con el presidente Javier Milei”, sostuvo el comunicado, en referencia a los legisladores del bloque saencista que acompañaron leyes del oficialismo nacional. El documento fue más allá y apuntó al vacío de contenido del proceso: “más grave aún es que este proceso haya omitido el debate de fondo sobre qué Partido Justicialista necesita Salta”, denunciaron.
Pablo Kosiner puso el eje en el plano estrictamente legal. Para el dirigente de Fuerza Patria, el problema de fondo es que todo el proceso electoral se montó sobre una intervención judicial que sigue apelada ante la Cámara Nacional Electoral por el PJ Nacional. “Que se haya convocado a elecciones no estando firme esa decisión” es, en su lectura, el vicio de origen que deslegitima toda la proclamación posterior.
Urtubey, que había guardado silencio en el momento mismo de la proclamación, salió a marcar la cancha dos días después con definiciones de tono nacional. “Los argentinos lo estamos pasando mal”, afirmó el exgobernador, en un discurso que vinculó la situación económica del país con el rumbo que, a su juicio, viene tomando la conducción impuesta en el PJ salteño. Urtubey caracterizó al Gobierno nacional como uno que “plantea una batalla cultural en donde la justicia social… para ellos es el gran problema de la Argentina”, y llamó a su espacio a “volver al peronismo” como respuesta identitaria frente al acuerdo entre el saencismo y el mileísmo.
Dos “peronismos” para 2027
Con la conducción formal resuelta —aunque todavía pendiente del visto bueno definitivo de la Justicia Federal, según reconocieron voceros del propio interventor—, el peronismo salteño queda dividido de hecho en dos tableros que ya no dialogan entre sí. Por un lado, la conducción oficial que encabeza San Millán, con el respaldo explícito del gobernador Sáenz y una nómina integrada por funcionarios, legisladores, intendentes y dirigentes alineados con la administración provincial. Por otro, el espacio de Urtubey y Kosiner, que acumula recorridas por distintos pueblos de la provincia con la intención de presentarse como una alternativa “anti Milei” de cara a las elecciones del año próximo.
La pregunta que probablemente marque la agenda política salteña durante buena parte de lo que resta de 2026 es si este doble comando del peronismo terminará resolviéndose en una nueva pelea judicial, en una fusión de conveniencia electoral, o simplemente en la consolidación de dos marcas que competirán por separado por el mismo electorado y que, lamentablemente podría jugar a favor de LLA.




