Parece que los salteños a veces tenemos bien ganado el mote de “opas». Sobre todo cuando hay algunos, bastante vivos y pillines que piensan que la mayor parte de la sociedad está anestesiada y no reacciona ante hechos aberrantes. Pillines o busquines, como quiera definirlos. La gravedad es cuando sus acciones vulneran la esperanza  de justicia, de los inocentes. (Por A. Bogado)

La Sala IV del Tribunal de Impugnación volvió a cobrar notoriedad en los últimos días después del escándalo de las elecciones para los representantes de los jueces en el Consejo de la Magistratura, cuando se dejó votar a sus tres integrantes. Los tres jubilados y con el máximo legal vencido para estar en ese puesto, que es de dos años. Tres tristes tigres diríamos… Hace poco tiempo renunció Luis Félix Costas uno de los hombres más respetados en la justicia local, quien en vez de gozar su buen retiro, fue convocado a volver a integrar la Sala IV junto a los también magistrados jubilados Omar Silisque y Adolfo Figueroa. Costas pudo haberlo evitado, pero dejó su prestigio hecho jirones.

Más raro es que ni el Colegio de Magistrados, ni la Asociación de Jueces, ni el Colegio de Abogados -entidades que los nuclean gremialmente- hayan pedido que se llame a concurso para cubrir esas tres vacantes. A esto se agrega que recientemente se renovó íntegramente el Consejo, cuya presidenta prometió transparencia al asumir. 

Sin concurso, son tres lugares de ascenso bloqueados y blindados para quienes aspiran a ascender, o para los propios abogados que quieren ingresar a la justicia. Lo cierto es que la Sala IV sigue ahora con dos jueces jubilados -Figueroa y Silisque- luego de la partida de Costas tras su opaco paso por el Tribunal; y en vez de que la Corte de Justicia dispusiera que la habilitación de un proceso de selección, suena en los pasillos tribunalicios el nombre del también jubilado Antonio Morosini para eternizarse. 

Los niños no hacen los deberes gratis, sino que cobran el sueldo de un juez, más un treinta y cinco por ciento. Es decir que hacen un negocio redondo, porque cobran más que un juez activo que sí, debió pasar previamente por los exámenes del Consejo. Si todo sigue igual, entonces no seamos picones cuando nos carguen con que los salteños somos opas, porque a estas alturas tenemos pleno conocimiento de que se nos están riendo en la cara con una trampa descarada y sostenida desde lo más alto del poder.

Pero todo este planteamiento sobre la situación cierra, cuando se analiza cuáles son los expedientes que resolvió la famosa Sala IV, y a modo de síntesis le anticipamos que algunos changos medios atrevidos ya la catalogan como la “Sala Violín”, la que deja libres a los violadores. 

Efectivamente, así sucedió con el caso del cura Agustín Rosa Torino, donde Luis Costas como juez unipersonal le otorgó el beneficio de la libertad muy rápidamente, pese al escándalo nacional que había significado ponerlo tras las rejas. Dicen los entendidos, que el encarcelamiento de Rosa Torino es una factura que desde la curia le pasaron a la Corte luego de que la jueza Ada Zunino lo imputara por varios delitos contra la integridad sexual. Es más, la Congregación fundada por Rosa Torino habría recibido jugosas donaciones de poderosos locales; entre ellas, un predio paradisíaco en Finca La Cruz, donde ahora se vende a precios elevados un emprendimiento urbanístico de chacras exclusivas. Es vox populi, que “a un pedido del monseñor, no lo niega ningún señor”, pero en este caso, la jueza es señora, entonces hubo negativa al pedido. No se desconoce tampoco, el buen trato entre monseñor y algunos jueces de la Corte de Justicia.

En el sermón del domingo de Pascuas – la semana pasada- Mario Antonio Cargnello se olvidó rápidamente de las recientes recomendaciones del Papa Francisco. O mejor dicho las tiró inmediatamente por la borda y fiel a su estilo, justificó elípticamente a los curas abusadores que estaban presos. Y es que el regalito del huevo de chocolate vino con la excarcelación de otro cura acusado de pedofilia y otrora todopoderoso en la Universidad Católica, José Carlos Aguilera, acusado de varios hechos caratulados como delitos de abuso sexual gravemente ultrajante. Esta vez, el juez benefactor fue Adolfo Figueroa, quien revocó la resolución del juez Héctor Martínez -que para entendidos, era imposible darla vuelta- a menos que… “a un pedido del monseñor, no lo niega ningún señor”.

Lo curioso de todo esto, es que el abogado defensor del cura Aguilera, Juan Casabella Dávalos, quiere anular todo lo actuado bajo el argumento de que el juez Martínez está en edad de jubilarse. Sin embargo, su opinión cambia cuando el jubilado juez Adolfo Figueroa le resuelve a favor de su defendido, el cura. Aunque algún otro teléfono rojo habría llamado desde el edificio principal al anexo de la Ciudad Judicial. 

A estas alturas, sería productivo que a los “jubiladitos” de la justicia, que cobran suculentos salarios, alguien los invite a ver por Netflix la película que hicieron los chilenos “El Bosque de Karadima”. Quizás entonces entiendan que los abusos sexuales ultrajantes no son delitos cualquiera, sino hechos monstruosos que dejan secuelas psíquicas y físicas imborrables y que si se cometen en Nombre de Dios, deben tener un castigo ejemplar sin atenuantes. Porque se trata de una acción que se ejerce sobre alguien indefenso, y durante mucho tiempo, extorsionando, coaccionando, ya que el goce está en el ejercicio de poder.

Acuérdense amigos lectores: Solamente la lógica de la complicidad puede explicar estos movimientos, ya que “a un pedido de monseñor, no lo niega ningún señor”.

Cuervos de sotana y toga
Rosa Torino y la Congregación de los malos hábitos: La causa contra Agustín Rosa Torino, imputado por los delitos de abuso sexual gravemente ultrajante y abuso sexual simple, en ambos casos agravado por ser ministro de culto reconocido, fue elevada a juicio y recayó en la Sala I del Tribunal de Juicio. Rosa Torino, fundador del Instituto Religioso Hermanos Discípulos de Jesús de San Juan Bautista, fue detenido en 2016, a partir de denuncias radicadas por ex integrantes de dicho instituto religioso, que lo acusaron de distintos abusos sexuales. A fines de agosto de 2017, un fallo del Tribunal de Impugnación revocó la prisión preventiva del sacerdote y ordenó la prisión domiciliaria, autorizando su salida de la provincia en algunas oportunidades. En esta causa, fueron veinte las personas que testificaron y hablaron del contexto y circunstancias especiales en que se produjeron los actos sexuales denunciados. 
José Carlos Aguilera #NoEstamosConVos: Se trata de otro cura que fue beneficiado con el arresto domiciliario, dispuesto por el juez de la sala IV del Tribunal de Impugnación, Adolfo Figueroa. Aguilera es acusado de los delitos de «abuso sexual gravemente ultrajante por las circunstancias de su realización agravado por ser ministro de culto; abuso sexual gravemente ultrajante por las circunstancias de su realización agravado por ser ministro de culto y abuso sexual simple agravado por ser ministro de culto, todos en concurso real». Fue denunciado por jóvenes de identidad reservada. Los hechos habrían sucedido hace 15 y 20 años, cuando eran niños. Figueroa otorgó arresto domiciliario, en contra de la solicitud de la fiscalía, que sostenía que el beneficio otorgado -sin monitoreo- ponía en riesgo la investigación. Aguilera se negó a someterse a careos con las víctimas y a pericias psicológicas y psiquiátricas. Habría cinco denuncias contra el cura en el fuero eclesiástico, y sobre ellas apunta la fiscal al solicitar documentación que fue negada por monseñor Mario Cargnello.

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