Los trabajadores de Finca Quara se encuentran de paro y denuncian que don Pancho Lávaque, esposo de la intendenta Romero, paga sueldos atrasados y en cuotas. El salario de un obrero de viña vale lo mismo que tres botellas de vino de exportación.

Pese a que en abril del año pasado tras una conciliación obligatoria se exhortó a Finca Quara a que pague el sueldo íntegro de sus trabajadores, la empresa jamás acató la disposición. 15 meses después los empleados de la firma siguen percibiendo sus haberes en cuotas de entre el 25% y el 30%. La «modalidad» empleada por la bodega a cargo de Francisco «Pancho» Lávaque, esposo de la intendenta Bettina Romero, jamás tuvo una explicación formal y acarrea serios problemas a los obreros vitivinícolas que no pueden cumplir con sus obligaciones y compromisos en tiempo y forma. Mientras se aduce una baja en las ventas y en el fraccionamiento de vinos, los operarios no dejan de hacer horas extras y de producir.

El miércoles pasado, en una asamblea de trabajadores, se decidió convocar a un paro por tiempo indeterminado hasta que se pague el resto del sueldo de julio, se entreguen las mudas de ropa adeudadas y se informe sobre la posible venta o arrendamiento parcial de la empresa. El temor que sobreviene a este último rumor radica en que las condiciones de la venta podrían ser catastróficas para los empleados, quienes no tienen asegurada su continuidad laboral o el reconocimiento de sus años de antigüedad, tal como ocurriera en 2018 con la venta del Ingenio San Isidro.

Zaira Cayata es delegada de «Félix Lávaque SA», una de las dos razones sociales con las que cuenta la bodega que elabora los famosos vinos Quara y que está en manos de los hermanos Francisco, Julio y Dolores Lávaque, e Ignacio Velasco. Durante muchos años trabajó como maestra de ciencias naturales y hasta llegó a ser directora de escuela, pero los últimos 16 años de su vida los dejó en la planta de operaciones de la mencionada bodega. «Nos están debiendo el mes de julio, solamente nos pagaron el 30%», relata en diálogo con este medio. «Teníamos un acuerdo de que al día 10 nos pagaban el 50% y al día 15 el otro 50%, pero no se cumplió. El viernes 13 pasado nos pagaron sólo el 30%. El acuerdo lo tenemos sellado hace cuatro o cinco años, o sea que el problema tiene bastante tiempo»– agrega.

La situación se torna desesperante para cualquier trabajador que deba asumir costos de alquiler, cuotas escolares o gastos fijos que estén por encima de los magros $13.800 que recibieron el pasado viernes. Una cifra a la que se llega luego de que se realicen descuentos que no son volcados posteriormente en donde deberían: «Ellos nos descuentan los aportes de nuestros salarios: obra social, jubilación, cuota sindical, etc, pero no hacen los aportes que corresponden a esas instituciones», remarca Cayata. Por año, además, la empresa debe proveer a cada trabajador dos mudas de ropa: un ambo para las damas y camisa pantalón y botines para los hombres. Este año la firma cumple cuatro años sin cumplir con esa disposición.

Entre las filas de operarios suele dispersarse el rumor de que las ventas van a la baja, que la situación de la empresa es acuciante y que la estabilidad no está garantizada. Sin embargo, el mensaje contrasta con la realidad productiva que los trabajadores palpan día a dia. «Esto viene de hace muchos años atrás. Ahora hay poco fraccionamiento y embotellado, pero es algo de ahora. La situación (de los salarios) viene de hace siete u ocho años atrás. Nosotros veíamos que salían equipos y camiones y nos decían que no había plata. Eso era ilógico porque nosotros hacíamos horas extras. Era como burlarse de nosotros. Nos decían que la situación está mal, que no había ventas, que se estaban cerrando otros negocios… pero en ningún momento se habló de nuestra situación«.

En efecto, la comercialización y el fraccionamiento de vinos cayó en el primer semestre de 2021 un 12,2% según datos del Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV), pero en todo 2020 las ventas se dispararon, las exportaciones crecieron por encima del 50% en litros y los despachos al mercado interno mostraron un repunte histórico según datos del mismo organismo.

Rumores que asustan

«Ahora se haba de la venta de una parte de la finca, que es una de las más grandes de Cafayate. Yo hablé con el dueño (Ignacio Velasco) y me dijo que es una venta concretada en un 80%», remarca Zaira Cayata. «Por eso me dijo que, si nosotros hacíamos paro, generábamos una mala imagen e íbamos a perjudicar la operación. Nosotros tenemos 18, 20 o 22 años de antigüedad ¿dónde nos van a tomar si llega otra empresa?», se pregunta.

Los trascendidos sobre una eventual operatoria ponen en duda la continuidad de cientos de trabajadores que temen que se repita la experiencia del Ingenio San Isidro en Campo Santo, cuando alrededor de 700 empleados quedaron en la calle. «No se sabe qué parte de la finca se vendería, pero aparentemente sería la zona sur. Es una zona sin podar y abandonada. Velasco nos dijo que no va a dejar a la gente sin trabajo, pero caímos en tantas mentiras que no sé si esta no es una más de ellas», especifica Zaira.

Tres vinos vale mi sueldo

En las publicaciones de compra-venta online, un ejemplar de 750 ml de «Inculto El Pájaro Criolla» tiene un valor de $10.500. Algo exagerado (dicen los que saben) para tratarse de un vino hecho 100% a base de uva criolla chica. El producto estrella es una edición limitada de 300 unidades elaborada en conjunto por Francisco Lávaque y Matías Michelini que, entre otras características, tiene un tiempo de estacionamiento en barrica de 12 meses.

El ejemplo, grafica de manera fiel la realidad de la industria vitivinícola nacional. Un operario especializado de Finca Quara que desarrolla tareas de fraccionamiento con 18 años de antigüedad tiene un sueldo de 44 mil pesos mensuales. El pasado viernes 13 se les abonó apenas $13.800. Pero una persona que recién entra cobra mucho menos, y si se adopta la modalidad de pago en tres cuotas, percibe al día 10 de cada mes alrededor de $9 mil pesos. Un obrero común de viña percibe actualmente $31.139 mensuales, que dividido en tres partes arroja menos de lo que vale una botella de vino «Inculto».

«Nosotros embotellamos para don Francisco Lávaque y le preparamos cajas de tres vinos que valen $33 mil. Son para exportación y valen más que un sueldo de un trabajador que se rompió el lomo durante todo el mes. Es para llorar la situación, es triste. Tenemos que seguir aguantando todo esto», se lamenta Cayata.

Pero las penurias no son sólo de los trabajadores en Cafayate. Dicen que entre bodegueros no hay nada mejor que la camaradería y las cuentas claras. Aunque esta máxima no estaría siendo muy respetada por don «Pancho», a quien otros productores acusan de no tener mucha afinidad por el pago de favores. Según cuentan en el pueblo, un día recurrió al auxilio de un colega para abastecerse nada menos que de un camión de uvas, pero entre tantas preocupaciones, se olvidó del detalle de pagar. Dicen, que cuando le preguntan por el tema responde en modo encuesta: No sabe/No contesta.

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