Paga más del doble de impuestos que en Europa y Chile

La industria vitivinícola argentina vuelve a quedar en evidencia frente a un problema estructural que restringe su competitividad: la excesiva carga impositiva. Según un informe conjunto de la Association of Argentinian Wine Exporters (AAWE) y la consultora Invecq, el 41,8% del precio final de una botella de vino en Argentina corresponde a impuestos, una cifra ampliamente superior a la de los principales países productores del mundo.

El dato resulta alarmante cuando se lo compara con mercados vitivinícolas consolidados:

Italia: 18%

España: 17,4%

Francia: 16,7%

Chile: 16%

En términos prácticos, el vino argentino soporta más del doble de presión impositiva que sus competidores directos, lo que erosiona márgenes, encarece el precio al consumidor y debilita la capacidad de exportación.


Un Estado más caro que la botella

La paradoja es evidente: mientras el vino argentino compite en calidad internacional y es una de las economías regionales más importantes del país, el Estado se queda con una porción mayor del precio final que el propio productor, el distribuidor o el comercio. IVA, impuestos internos, Ingresos Brutos, tasas municipales y cargas indirectas conforman una maraña fiscal que termina castigando a toda la cadena.

Este esquema no solo limita el consumo interno —ya golpeado por la pérdida de poder adquisitivo— sino que también deja al vino argentino en clara desventaja frente a opciones importadas o producciones extranjeras con regímenes fiscales mucho más amigables.


Competir con las manos atadas

Mientras países como Francia, Italia, España o Chile protegen a su vitivinicultura como industria estratégica, Argentina parece insistir en un modelo que recauda en el corto plazo y destruye competitividad en el largo. El resultado es previsible: menos inversión, menor volumen de ventas y dificultades crecientes para sostener el empleo en regiones donde el vino es motor económico.


El informe de AAWE e Invecq vuelve a poner sobre la mesa una discusión postergada: sin una reforma impositiva integral, el vino argentino seguirá compitiendo con calidad, pero perdiendo por precio. Y en un mercado global cada vez más sensible a los costos, esa diferencia puede ser letal.