
ALEJANDRO SARAVIA
Pareciera que la locura es contagiosa. Cuando creíamos que eran sólo tres los chiflados, apareció un cuarto. No hablo de Moe, Larry y Curly sino de los dos hermanos Milei más Santiago Caputo, a los que se sumó un cuarto, el coloso, Federico Sturzenegger. Sé que los tres primeros ya habían dado muestras cabales de ese padecimiento, pero a ellos se sumó el cuarto con la idea de vender al mejor postor las tierras de nuestro país. Lo mejor que Dios nos dio y que, como para compensar, la sembró de argentinos, es decir, de nosotros. Porque hay que ser muy tarado como para dar crédito a la idea de hacer de nuestro país un gran negocio inmobiliario. Venderlo al mejor postor.
Los esfuerzos de Milei por congraciarse con Trump llegaron a ese extremo. De servirle en bandeja, a él y a sus multimillonarios aliados, este negocio. Milei no duda un segundo en tratar de que, al menos, lo caigan en cuenta para demostrar que es más que un fenómeno barrial. Porque no hay dudas de que esa idea inmobiliaria surge de su líder, Trump. ¿Acaso no recuerdan que, en Gaza, esto es el lugar en el que Netanyahu ofició de genocida, Trump lo justificó diciendo que en ese lugar habría de hacerse la Costa Azul del Mediterráneo oriental? Por eso digo que la locura es contagiosa. De nuestros Tres Chiflados, ahora cuatro con el coloso, y con una gran parte del país simulando demencia, todo pareciera indicar que es así nomás.
Hace ya un buen tiempo dijimos que todo el aporte de Milei debía de agotarse en un primer y único mandato, que no debería haber reelección. Su ideario manda destruir todo, y es por eso que enarboló una motosierra como símbolo, y su mezquindad de ser lector de un solo libro hace que si continuara en una segunda tanda la destrucción sería su único objetivo.
Tomemos las lecciones que nos da la historia para no cometer los mismos errores. Recordemos aquello de Perón cuando a quien le preguntara por el mapa político nacional respondía, socarronamente, que peronistas eran todos. Con ello, estaba reconociendo implícitamente que su tarea estaba cumplida por haber sido admitida por todos la bandera principal de esa fuerza política: la justicia social. A partir de allí, los advenedizos del futuro sólo habrían de ser, como en definitiva lo fueron, aventureros aprovechadores de ese “recuerdo que da votos”, como calificara al peronismo uno de sus prosélitos más lúcidos, Julio Bárbaro.
Algo así habrá de suceder con el mileísmo. En efecto, de aprobarse el proyecto de ley de reforma de la carta orgánica del Banco Central en cuanto al necesario respeto del equilibrio fiscal, la gestión de Milei estaría finiquitada, estaría ya cumplida, y la salvaguarda de ese hito debiera ser preservada con su voto por la propia sociedad, beneficiaria en definitiva de ese logro. Por eso digo que, cumplido ello, todo lo subsiguiente sería pura destrucción.
Lo prueban palmariamente ejemplos de estos últimos días. El proyecto de ley de venta de tierras a extranjeros, retirado a último momento, soslaya que ya en manos extrañas existen casi ١٣ millones de hectáreas, es decir, un tamaño semejante a toda la provincia de Santa Fe. Con ello, ¿cambió algo de nuestro destino? Salta es la provincia que posee más tierras rurales en manos de extranjeros, ¿estamos mejor que las otras? En realidad, estamos peleando con Formosa para ver cuál es la que tiene más pobres y marginados. Como les gusta decir: hechos y no palabras.
Otro ejemplo de locura de estos días es la ruptura de relaciones diplomáticas con Brasil, es decir, con nuestro socio comercial estratégico desde hace ya más de ٤٠ años. Y, todo ¿por qué?, pues por la ocurrencia de Milei de dedicarse a insultar al presidente de ese país para congraciarse con su amigo Trump.
Pero, momento, del otro lado también hay loquitos. Cristina Ferández no es una señora de las cuatro décadas como diría el guatemalteco, es de las siete décadas y, a fuerza de narcisismo, sigue impidiendo la renovación, o bien que el peronismo, como las víboras, cambie de piel. Todo se reduce a su diálogo personalísimo con la historia. Parafraseándolo a Fidel Castro, en su discurso de autodefensa en el juicio que la condenó lanzó aquello de “La historia me absolverá”. Castro lo dijo el ١٦ de octubre de ١٩٥٣, cuando la señora recién estaba naciendo. A partir de allí, ésta se dedicó a escribir su propia historia, y de eso se trata, obviamente, también lo de ahora. ¿Hasta cuándo, Catilina?
Lo mismo pasa con su discípulo rebelde, Axel. Lo que debería hacer éste en lugar de chocar la calesita es imitar lo que hizo Lula, el amigo de Milei. Lula, que ya había perdido tres elecciones antes de llegar a la presidencia, en ٢٠٠٢ se avivó y emitió su famosa Carta al pueblo brasileño, en la que decía que, de llegar a la presidencia, no iba a hacer ninguna boludez. Santo remedio. Ganó. A su vez, cuando la cosa venía medio fulera, en ٢٠٢١ almorzó con Fernando Enrique Cardoso, quien le había ganado en ١٩٩٤ y ١٩٩٨, se pusieron de acuerdo en algunos puntos, y volvió a ganar. El líder de TNT, “Tontos pero no tanto”, ¿no podría simular madurez y hacer algo semejante? No es taaan difícil, muchachos, hagan un esfuercito.
Al menos procuremos todos demostrar que, si bien por esas cosas del destino un equipo de tarados se hizo cargo del gobierno nacional, no todos los argentinos nos convertimos de la mañana a la noche en una manga de locos.
Demostremos que la locura, en definitiva, no es contagiosa.



