La construcción conservadora de la salteñidad, apuntaciones históricas

 

Martín Miguel Güemes Arruabarrena

 

Entre la clase dirigente porteña y la salteña de la generación del 80, siempre existió un cordón umbilical, fecundado por las relaciones de familia, y el comercio. Lo afirma Natalio Botana, en un libro de su autoría, revelador: “(…) Desde Roca hasta Victorino de la Plaza, todos los presidentes, sin excepción, hicieron uso de la intervención federal… Salta fue la única provincia no intervenida y las otras fueron una sola vez. Reafirma el notable historiador, lo siguiente:“(…) Todas las provincias estuvieron representadas en los gabinetes nacionales, con la excepción de Jujuy y de Santiago del Estero. La provincia que reunió más ministros fue Salta: entre ellas y sus seguidoras más cercanas se trazaron diferencias de 3 a 1 ministros. El hecho es importante, si recordamos que Salta fue la única provincia no intervenida. ¿Estabilidad conservadora del sistema político salteño, un distrito de aporte permanente que no sufrió el impacto de la intervención y que, además, acarreó recursos para el poder nacional en las figuras de dos presidentes y once ministros? La hipótesis es sugestiva.”.

Las Presidencias de Luis Sáenz Peña – José Evaristo Uriburu, y de Roque Sáenz Peña – Victorino de la Plaza, la unión de un porteño y un salteño para integrar la fórmula del poder nacional, confirma lo expresado por Botana. Podemos afirmar, basados en hechos, que: unidos a los porteños, Salta (desde las Vicepresidencias) llego a la Presidencia, al Poder Nacional. Los tucumanos a través de la alianza con la Provincia de Buenos Aires. Avellaneda y Roca, son el ejemplo.

La presidencia de Roque Sáenz Peña contó con una significativa presencia salteña en el poder ejecutivo y legislativo; por lo trascendente de la gestión del Ministro del Interior Indalecio Gómez, a los fines de consolidar la soberanía popular a través del voto universal, secreto y obligatorio, comprendemos el papel desempeñado por Salta. Que en esta circunstancia fue de Tradición y Progreso, ya vendría la reacción ante sus resultados.

Lo expresado pone en discusión la visión liberal portuaria sobre la unilateralidad del conservadorismo en Salta, el mito de su recalcitrante cerrazón. En realidad fue una clase social gatopardista (en definición literaria, no política), en clave no siciliana, sino española. Es decir, con tensiones pasionales que la llevaron a enfrentamientos en su seno, de acuerdo con las transiciones o crisis del poder nacional. Manteniendo siempre un estilo único; los bautismos, los casamientos, los entierros, reencontraban a las familias.

La presencia del Dr. Victorino de la Plaza (Vicepresidente), y del Dr. Indalecio Gómez (Ministro del Interior) en la Presidencia de Sáenz Peña, confirman los matices políticos de la dirigencia salteña. La diferencia de creencias, ideas e intereses, entre de la Plaza y Gómez, ejemplifican lo afirmado. De la Plaza es masón, Gómez católico, de la Plaza es pro inglés, Gómez no, de la Plaza defiende el sistema laico Roquista, Gómez sigue la doctrina de León XIII, la Rerum Novarum; lo original es que ambos nacieron en el Valle Calchaquí. Son salteños antiguos, étnica y socialmente. Uno es fisonómicamente Coya, así lo apodan (de la Plaza), otro semejante al Quijote de la Mancha (Gómez), ambos son cultos, y conservadores republicanos. La democracia para de la Plaza, es la república posible, para Gómez, una opción entre dificultades. Ambos encarnan la salteñidad. Lo podemos comprobar, en los Pactos de Mayo, en la cuestión del Pacífico. La presencia en el gabinete de Sáenz Peña del Dr. Carlos Ibarguren (Ministro de Justicia e Instrucción Pública), y del Gral. Gregorio Vélez (Ministro de Guerra), y el importante papel que cumplen ambos en el golpe del 6 de septiembre, nos ayudan a desmalezar los senderos recorridos por la dirigencia salteña en la década del 20 y del 30.

Salta llegaba al poder nacional en 1930, de la mano del azúcar y del petróleo. De la unión económica con el capital extranjero. El Dr. Francisco Uriburu, primo del General José Félix, es abogado de la Standard Oíl. Desde “La Fronda”, su director: Pancho Uriburu no retacea epítetos contra Yrigoyen, contribuye desde la prensa, a la caída del hombre del misterio. La razón fundamental de este encono: la obra social del Caudillo radical, la creación de YPF, y la ley de nacionalización del petróleo. Su neutralidad en la Primera Guerra Mundial. En síntesis: su populismo.

El Dr. Robustiano Patrón Costas, emparentado con Güemes por su hermana Francisca Güemes de Figueroa (su bisabuela), y con los Costas, familia realista en la época de la independencia, cruza lanzas en su sangre. Empresario azucarero (fundador del Ingenio San Martín del Tabacal), Gobernador (1913/1916), presidente de la Cámara de Senadores desde 1932/42, segunda etapa de su vida de legislador nacional, candidato a Presidente de la República en 1943 por el Partido Demócrata Nacional (proclamado en la Cámara Argentina – Británica). Es el hombre fuerte del norte argentino, y la cabeza del conservadorismo salteño. El GOU, el golpe de 1943, y Perón, frustra su candidatura presidencial. Ambos protagonistas, realizan un pacto tácito de no agresión política ni económica. Patrón Costas guarda un prudente silencio. Perón respeta su actitud.

Los gobernadores salteños, a través de sus apellidos, son toda una definición política y social del conservadorismo: Avelino Aráoz (1932/1936), Luis Patrón Costas (1936/1940), Abraham Cornejo (1940/1941), Ernesto Aráoz (1941/1943). Si repasamos los nombres de los protagonistas de la Patria Nueva, opositores a Güemes en los últimos meses de su vida, la filiación familiar es notable. La aristocracia salteña es fiel a su memoria, la constituye en un caso particular, digno de estudio, entre las familias situadas geográficamente en nuestro país. La ciudad fenicia (Bs. As.), el puerto cosmopolita, no perdona la raigambre hispánica, y menos la criolla. La lucha de los porteños ricos, con los Trinitarios pobres es su causa. La derrota de estos últimos, explica la oligarquía porteña. Nunca comprendieron el orgullo social salteño, producto de más de 200 años de detentar o compartir el poder, conservando su estilo de vida a través del tiempo. La Patria Vieja y la Nueva, la flema española, la ascendencia vasca y castellana, cántabra, cuidadosamente abierta a nuevas incorporaciones a su círculo social, conforma una particular forma de ser peruleros, es decir: peruanos. De allí, la carga de indignación de los nuevos ricos porteños, que son la verdadera oligarquía del país, en relación con la aristocracia salteña, de cuño andino. Esas diferencias fueron zanjadas, a fines del Siglo XIX. La inteligencia del conservadorismo salteño, construyo puentes de encuentro.

La Presidencia de Hipólito Yrigoyen (1916-1922), constituyó para todos ellos, una encuesta fundamental a contestarse sobre la viabilidad institucional de la República. La creación del partido Demócrata Progresista, por Indalecio Gómez, Robustiano Patrón Costas, José Félix Uriburu, y Carlos Ibarguren, salteños, junto a Lisandro de la Torre (rosarino), Joaquín V. González (riojano) y Roque Sáenz Peña (porteño), es una búsqueda de encontrar una síntesis entre la pampa húmeda y el norte andino, y la constitución de un partido alejado del populismo. Un partido de programa y acción republicana. Pudo más, la ansiedad por el poder, y la injerencia de las fuerzas foráneas. Así nació, el partido militar. La clase política que gobernó al país, en la década del 30, tuvo un alto componente salteño. Fue en esos tiempos cuando se construye el culto al Señor Gaucho. Es en el gobierno de facto del Gral. José Félix Uriburu, cuando se inaugura el Monumento a Güemes, en una plaza de suburbio (siguiendo el consejo del tucumano Padilla). La llamada Década Infame por José Luis Torres (tucumano), tiempo de fraude patriótico, de negocios como El Palomar, del Estatuto Legal del Coloniaje (Pacto Roca Runciman),es un tiempo visagra en la historia del conservadorismo salteño. Se rompen puentes…

En 1931, la fórmula: Alvear /Güemes es vetada. La fobia anti radical de los conservadores, abre la puerta al viento de la historia. No comprendieron la situación internacional (surgimiento del fascismo, nazismo, y stalinismo), el agobio popular en nuestra Patria (consecuencia del imperialismo anglosajón). No construyeron la democracia republicana. El eco de sus quejas, resuena en nuestros días.