Salta, la provincia de la fe, las procesiones multitudinarias y las promesas al Señor y la Virgen del Milagro, tiene un nuevo motivo para la preocupación espiritual: Halloween le está ganando por goleada a la Navidad en los cotillones del centro. Según los comerciantes, las familias y los jóvenes hacen fila para comprar máscaras de asesinos, disfraces de terror y calabazas, mientras Drácula desplaza a los superhéroes y las brujas se preparan para una noche de gloria comercial. Los precios van desde $1.000 por un maquillaje hasta $90.000 por una máscara profesional. Uno se pregunta qué pensará el Señor del Milagro al enterarse de que, en su propia tierra, un payaso de Terrifier cotiza más alto que el espíritu navideño.
La cuestión no es menor: después de tantos años de fe, ¿estaremos cambiando las procesiones por los disfraces y las promesas por las golosinas? ¿Qué dirán en el cielo cuando vean que Halloween convoca más compradores que el nacimiento de Jesús? Habrá que estar atentos a las señales. Salta ya sabe lo que es temblar, y nadie quiere imaginar que el Señor del Milagro, ofendido por semejante competencia de calabazas, decida recordarnos quién manda con un sismo. Por las dudas, el sábado convendría guardar el disfraz de demonio y tener a mano una estampita. Nunca se sabe.




